Vivan los excéntricos.
Chuck Palahniuk se ganó mi corazón con
El club de la pelea. En Monstruos Invisibles, vuelve con sus personajes
estrambóticos en situaciones extremas y conflictos y alucinógenos.

Sin duda alguna, me declaro fan de Palahniuk.
Monstruos invisibles me ha encantado. El escritor sigue manejando su estilo,
lleno de frases cortas, mantras, narrador en primera persona y mucha
investigación tras los temas que trata, cosa que me parece ideal y que funciona
a la perfección. Sabe hacer muy bien lo que pretende y, al igual que en El club
de la pelea, la protagonista renuncia a su pasado, a su antiguo rostro, para
reconstruirse a sí misma desde una nada absoluta de manera voluntaria, tomando
posición frente a la alienación social actual, abordando el tema de aceptación
y reafirmación.
Shannon es el producto
perfecto que esta sociedad ha fabricado: guapa, inteligente y querida por
todos. Pero cuando se convierte en un monstruo invisible, lo afronta sola, pues
ha perdido todas las facultades que la hacían perfecta, que va de las grandes
ansias de vivir a la autodestrucción. Sin duda, esta obra tiene un gran poder
reflexivo, con una narrativa directa y aplastante, que entremezcla varios hilos
argumentales y que distribuye los plot-twist a lo largo del libro, hasta llegar
a la vorágine final.
En definitiva, una
novela entretenida, que está muy bien y, aunque no está a la altura de El club
de la pelea, se presta para una amplia reflexión, brinda mucho entretenimiento
y no está para nada mal.
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