La piedra que era Cristo, Miguel Otero Silva. - Mariana lee

domingo, 30 de julio de 2017

La piedra que era Cristo, Miguel Otero Silva.

 
Amén.

Hablar de Cristo es una tarea difícil. Su gracia es infinita y me siento muy agradecida por todo lo que Dios ha puesto en mi vida. Sin emargo, me encanta leer cosas que lo desafían. Ha quedado demostrado en mis reseñas de El evangelio según Jesucristo y Caín, donde Saramago reinterpreta con mucho respeto varios pasajes bíblicos, que han dejado ofendidos a más de uno. Lo cierto es que, como creyente, siempre estoy buscando este tipo de libros, así que cuando me topé con La piedra que era Cristo escrito, además, por un venezolano, no dudé en aventurarme en este relato sobre la vida de Jesús de Nazaret.

Parte de lo conocido con todos para mostrar a Jesús como un hombre corriente, humano, que portaba un discurso que no toda la población estaba preparada para escuchar, siendo esta su mayor tragedia, pues ¡sorpresa! Nunca lo estaremos. Agrega que el padecimiento de la humanidad no viene, principalmente, por las peripecias de lis imperios y tiranías, sino por los desmanes que los hombres hemos llevado a cabo en nombre de ellos. Su mensaje, siempre claro, quiere ser oído aunque nosotros, como mortales, no seamos capaces de asimilarlo.

Miguel Otero Silva es un orgullo nacional. Su literatura forma parte de nosotros como venezolanos y, a través de una narración maravillosa y un lenguaje sublime,se adentra en la vida de Jesucristo, alejándose de los parajes crípticos de la biblia y mostrándolo en su cotidianidad, desde una perspectiva más humana, alejada del Dios que es. Es curioso porque el venezolano, que era ateo, logra describir con mucha pasión y sensibilidad quien fue el Jesús.

También es curioso ver cómo encuentra en la vida de Cristo los ideales de una “esperanza para la humanidad”. En su calvario, encuentra una gran contradicción, pues se cuestiona el hecho de que cómo es posible que un hombre tan bueno, siendo el hijo de Dios, sufra y muera de la forma más atroz, siendo su cordero y bajo el mandato de un padre que lo envía a sacrificarse por el resto de la humanidad. Lo cierto es que hay preguntas sin respuesta, pero la resurreción de Cristo viene a ser para el autor su convencimiento de el criterio de la fe es la de un hombre que sufre.“El ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en los colores de las rosas, en la riqueza del niño, en la savia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos, en la rebelión de los oprimidos, sí, en la rebelión de los oprimidos, en el amor sin lagrimas”,  agrega.

Queda claro que indagar en la vida de Jesús como un personaje histórico es inútil porque su presencia es el misterio, que no se explica con hechos concretos, sino con las scrituras de la biblia, pues el origen de Jesús está en Dios. Su historia, según Lanza del Vasto, es una enseñanza, que el escritor enaltece como una “piedra angular”, partiendo de un verso del poeta San Juan de la Cruz para enunciar su novela, que demuestra un rico proceso de documentación, no sólo de las sagradas escrituras, sino también de los comentarios modernos sobre las mismas.  De hecho, el autor habla a profundidad de diversos temas controversiales, como las relaciones de El hijo de Dios con Juan el Bautista, la figura de Herodes y su corte, Judas, etc, en un tono cotidiano, real.

Sin embargo, lo que más me llama la atención es su capacidad para captar un Jesús, a mi parecer, latinoamericano. Me explico, retrata a un Cristo ajeno a mitificaciones, a la historia, lleno delas tensiones de su tiempo, solidario con su entorno, colaborador con los pobres y triturado por “poderes” que desestabilizaron su posición privilegiada frente a una vida que arrastraba cada vez a más partidarios no convenientes (¿relación con las dictaduras de este lado del mundo, con la marginación constante y con la fe que tenemos? Es probable).

“El riesgoso compromiso de levantar a los pobres de su miseria y abrir para ellos, y solamente para ellos, las puertas del Reino de Dios”, es una de las frases que recoge Otero Silva en cuanto a los motivos que lo llevaron a morir y que aún continúa afectando a unos cuantos líderes. Además, habla de los milagros, diciendo que son signos que deben ser significativos para quienes lo reciben, pero que pueden resultar contrarios en amplios sectores de la sociedad (relación con las campañas políticas, que se puede enmarcar en esa frase que reza que el socialismo es eso que te rompe las piernas para que agradezcas las muletas). Agrega que Jesús sorteó muchos obstáculos, pero que sin duda alguna, uno de los más significativos es la tentación, a la que siempre le huyó, como una metáfora de la codicia y la ambición.

Me parece importante recalcar aquellos capítulos en los que habla de la muerte de Jesús.  Dice que su muerte recibe mucha fuerza y poder por ser la culminación extrema de la entrega de una vida sufrida que marcó a todo un pueblo (Chávez). Si Cristo no hubiera sufrido, no sería considerado un salvador. Recordemos que él resucitó al tercer día y que, al igual que muchos políticos, vive en la memoria colectiva como un héroe que los sacó de la miseria y que siempre está ahí ante cualquier mal o petición, siendo la espada de los pobres y el defensor contra los privilegios de los “ricos”.

Así como otra de las tantas metáforas de este libro, La piedra que era Cristo vuelve a contar la vida de Jesús, en una especie de resurrección y de un nuevo comienzo de todo lo que ya ha sido. Otero Silva hace nuevas parábolas, describe nuevos ambientes, plantea otro tipo de fe, de angustia y de pasión por Dios, pues se mete dentro de su el alma de sus personajes y sin quitarle peso a la figura de El hijo de Dios, nos muestra como su llegada trastornó la vida de todos aquellos a los que llevó su prédica, haciendo guiños a sucesos políticos e históricos que se siguen repitiendo. En definitiva, una novela fiel al evangelio, que le da otra lectura y que me ha encantado. Recomendado e imprescindible.

2 comentarios:

  1. Gracias por este escrito, Mariana. Yo leí este libro hace muchos años, cuando todavía no leía la Biblia. Me alegra que tal vez por esta lectura, y por el libro de Miguel Otero, muchos se acerquen a Dios (que tanta falta nos hace), que muchos se animen a buscarlo y a encontrarlo en su Palabra: La Biblia. Bendiciones para tí y para todos los que te leen.

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