Como agua para chocolate, Laura Esquivel.

Mi Laurita.

Con “Malinche”, Laura Esquivel se ganó mi corazón. Tenía que leerlo para mi clase de Literatura en el colegio y lo cierto es que, como de costumbre, terminé amándolo y se fue directo a mi top de favoritos del 2016. Quedé con el pique de probar más de la mexicana, y Como agua para chocolate, su novela más famosa, parecía la opción más oportuna para ser mi siguiente lectura.

Lo cierto es que tal y como el año pasado, Esquivel vuelve a tener un espacio en mi top de favoritos, porque ésta novela me ha fascinado. Es simplemente increíble la manera en la que la literatura y la cocina se entremezclan, formando una novela compacta genial, que no pueden dejar de leer, que guarda una estrecha relación con el realismo mágico y que sin duda es una obra maestra. Si en Malinche la escritora muestra su postura frente a las costumbres latinoamericanas, la identidad del continente y el poder de la mujer, con Como agua para chocolate no se queda atrás.

La novela publiada en 1989 narra la historia de Tita a través de recetas en el plazo de un año, dividido desde enero hasta diciembre, ambientada en Piedras Negras, Coahuila, México, ante la revolución mexicana y el pueblo oprimido, siendo ella la menor de sus hermanas, teniendo que cumplir la costumbre familiar de que la hija más pequeña no debe casarse; sino que debe hacerse cargo de sus padres hasta la vejez, sin embargo, ésto cambia cuando ella se enamora de Pedro Muzquiz, un hecho inaceptable para su familia, que entre mucho dar, para en un casamiento entre el susodicho y una de las hermanas de nuestra protagonista, Rosaura, cuyo único fin es mantenerse más cerca de Tita.

Todo ésto narrado mediante recetas típicas de la gastronomía mexicana, que se usa como nexo y metáfora de los sentimientos de los personajes, siendo así las cebollas el motivo de sus lágrimas,las codornices la fe, los pétalos de rosa sus pasiones y así sucesivamente, haciendo una fusión entre lo mágico y lo mundano, mediante una gran variedad de temáticas, con la relación que tienen con la obra en sí, intentando demostrar un contexto histórico a través de las costumbres mexicanas y la figura femenina.

Dentro de Como agua para chocolate es interesante ver una comparación entre los roles tradicionales masculinos y femeninos, ya que Esquivel intercambia los roles completamente, mostrando cómo los varones se muestran como seres más débiles que las hembras en la historia, caracterizando personajes típicos de un melodrama, siendo las mujeres las que mandan sobre ellos, especialmente en las cuestiones de la casa, llevando los esquemas patriarcales a una cuestión invertida, siendo las mujeres quienes tienen el poder.

Y mediante la cocina es que tienen este poder. Es así como se interpretan los roles asignados a cada personaje, donde las heroínas poseen un gran poder sobre los hombres que las rodean, tendiendo a reforzar los estereotipos y las imágenes negativas que se han aplicado sobre la mujer a través del tiempo y los diferentes espacios y procesos históricos. Esquivel organiza los espacios femeninos de una manera especial que le permite a algunos personajes salir de los papeles que se le habían impuesto en la época, pues al hablar de cocina, pensamos en un espacio cerrado, donde la mujer es esclavizada, pero donde Tita, nuestra heroína, se encuentra fuerte, segura y poderosa, donde preparar comida la hace sentir bien, mostrando su lado más feroz y cariñoso al mismo tiempo, llevándolas a ocupar lugares exclusivamente masculinos para la época, alejándose de los arquetipos impuestos por la cultura patriarcal que las marca.

La autora a través de distintos personajes, los diversos papeles que tenían las mujeres en esa época de la historia mexicana y latinoamericana. Nos muestra la más fuerte, Mama Elena, que manda, que es dura, rígida, ese símbolo de maltrato, inclusive masculino, al igual que Rosaura, siempre preservando sus tradiciones, como ese símbolo de lo antiguo, de la poca evolución. En un panorama distinto, se nos presenta a Gertrudis, que parece servir como el ejemplo a seguir para Tita, porque toma el control de su vida y sigue su sueño de luchar en la revolución, llevándola a un grado mayor de madurez, pues comienza siendo callada e inocente, aguantando a su madre, y termina como una mujer distinta en todos los aspectos, manteniendo siempre la pasión característica. Así, cada mujer construida por Esquivel, viene a ejemplificar los distintos papeles que cumplía la mujer según su convicción durante la Revolución Mexicana anteriormente explicada.

Es interesante ver como ella revaloriza la comida, oponiéndose a esa figura de la cocina como un lugar opresivo, pues este aparece como un lugar de sabiduría y arte, mientras que la comida instaura un sistema de poder y comunicación. Desde tiempos lejanos, se suele asociar la cocina con la esclavitud de las mujeres. En Como agua para chocolate, se trata de un espacio completamente distinto, y que para Tita significa el mundo, desconociendo el exterior, pues para ella todo comenzaba en la puerta de la cocina, que se asemeja al universo conventual, pues no sólo el arte culinario constituye una fuente de recursos importante para las monjas sino que Tita tampoco puede casarse, obligada a permanecer virgen y encargarse de su madre, así como el encerramiento religioso, cuyo fanatismo es un rasgo netamente latinoamericano.

Además, recordemos que comer es una actividad que nunca nos deja del todo contentos, porque toda saciedad del apetito es siempre provisional, el tener hambre es una acción recurrente día a día, por lo menos tres veces dentro de él, donde sólo una nueva actuación puede crear la ilusión de la satisfacción. Esto se desarrolla íntimamente con la vida de Tita, desarrollada en el eterno vacío de una “mujer destinada a repetirse diariamente durante años” (grupo de mujeres que durante años estuvieron en la oscuridad sumisa de la cocina, vencidas por el rol masculino) y a su vez, reafirma la cocina y el hogar como un espacio sagrado, que se ha ido devaluando con el tiempo, pues gracias a la opresión, se ha convertido en un castigo terrible, quitándole el valor ancestral que tiene. De hecho, Laura Esquivel al recibir el premio como Mujer del año en 1992, dijo que recordaba a su madre y abuela como sabias mujeres, que pasaron toda su vida en una cocina, y que al hacerlo se convirtieron en en “sacerdotisas, grandes alquimistas que jugaban con el agua, el aire, el fuego, la tierra, los cuatro elementos que conforman la razón de ser del universo”, que le transmitían la memoria de la vida, donde recibió numerosas lecciones, que inspiraron a una novela como esta, llena de cultura, simbolismos y lucha femenina.

Así como Laura Esquivel juega con las palabras, le transmite a Tita ese juego que ella hace con los ingredientes y cantidades, obteniendo resultados fenomenales en ambos casos, pues la cocina aparece, al igual que la escritura que posteriormente realiza con su recetario, que a mi parecer juega como un modo de transpaso escritora-personaje, como un espacio de creatividad absoluta, pues las dos artes se relacionan con el concepto del gusto; la gastronomía con la sensación del gusto físico y la literatura como una concepción metafórica del gusto, relacionando así lengua y escritura, teniendo siempre un simbolismo oculto, pues ambas alimentan física y espiritualmente, pues llenan el alma como un arte.

La comida instaura un sistema de comunicación, y la idea de que, gracias a la comida que hace, Tita tiene un poder inconsciente sobre los demás, sobresale, pues además tiene una relación con lo sexual sumamente fuerte, pues además de ser un lenguaje, constituye un punto de partida para despertar el erotistmo. Recuerdo con mucha claridad una de las últimas recetas, donde ella recrea los colores de la bandera mexicana con pimientos verdes, salsa blanca y semillas rojas, simbolizando ese final feliz, esa liberación en pro de seguir sus deseos, que le permite a Tita invertir, a través de algo tan masculino como el sexo y el erotismo, los papeles tradicionales, pues a la hora de comer, se invierte el rol sexual de pareja con las mujeres como el sexo débil, pues el hombre, al sentarse a comer lo hecho por la mujer, se convierte en un ser pasivo, mientras que ella toma el rol activo, entrando en el otro cuerpo por la boca y yendo directamente al estómago (punto débil), pues para Esquivel, cocinar es un “acto amoroso en la medida que te brinda la posibilidad de producir placer a otra persona”.

La figura del rancho también es fundamental en una novela como esta. Está encaramado cerca de un precipicio, protegido por un río, separado del resto del mundo, semejante a una fortaleza, de hecho hay quien lo menciona como un convento que protege la pureza de sus habitantes, donde al final, Tita, tal y como la figura mitológica del Fénix, se suicida con el fuego y permite que sus descendientes tengan acceso a una mejor vida que la suya, aunque las preocupaciones por el bienestar material, parece haber prevalecido después de la revolución.

Esquivel, por lo tanto, rechaza esa lucha que masculiniza a la mujer y defiende una equidad entre ambos sexos y mediante Tita, siempre con un carácter heróico, logra hacer morir una tradición castrante, para no hacerla pasar a una nueva generación, afirmando que las revoluciones más trascendentes son siempre internas. En definitiva, no trata una ideología, ni de luchas colectivas, sino habla de una búsqueda de un lenguaje de mujer, que interroga el lugar de lo femenino en la historia, examinando la relación entre madres e hijas, mujeres y mujeres y entre hombres y mujeres, que trastorna las fronteras entre los sexos, haciendo evolucionar el carácter femenino, para que así, como el agua para chocolate, bien caliente para poder derretirlo, siendo además un elemento relacionado al erotismo y que parte de un modismo mexicano, a partir de ese calor, de ese fuego, de esa agua que hierve, nos elevemos como Tita...



Malinche, Laura Esquivel.


Viva Laurita.

Malinche fue uno de mis libros favoritos del pasado año 2016. Tuve que leerlo para mi clase de Literatura en el colegio y quedé fascinada. Nunca había leído a la autora y con esta novela tan diferente se ganó mi corazón para siempre.

Me encanta cuando l@s escritor@s toman momentos históricos determinados y figuras reconocidas de dichos procesos (buenas o malas) y les dan una mirada completamente distinta. Con Malinche, Laura Esquivel nos presenta una visión completamente distinta, reivindicando la figura de la denominada “Eva latinoamericana”, madre del primer mestizo.

Lo cierto es que la novela nos cuenta la historia de Malinalli, una indígena nahua, vendida como esclava a Cortés, quien la utilizó como “la lengua”, la traductora entre indígenas y españoles, que ha sido acusada de traidora durante siglos, por haber vendido a su pueblo al invasor en uno de sus discursos. Esquivel ha imaginado el mundo como lo vio la Malinche, dándose cuenta de que era una mujer objeto, que veía (en un principio) a los españoles como salvadores que acabarían con los sacrificios y que deseaba un cambio dentro de ese sistema, en contraposición a la figura del conquistador, para mostrar sus deseos y de dónde venía su ambición desmedida. Concluye en que fue un encuentro entre dos visiones opuestas, la del mundo indígena, llena de espiritualidad, donde cada acto repercute en el todo, frente a una visión donde no se pretende ser parte de, sino dueño de.

Dos culturas, un encuentro, un choque, retratados mediante la aventura vital de Malinalli, Marina o la Malinche, amante de la figura colonizadora fundamental de la historia mexicana. La autora no pretende ni glorificar ni satanizar al personaje (cosa que me encanta), tan sólo quiere “ver a la mujer en su momento histórico”. Afirma que de ella se sabe poco, sólo los datos esenciales que plagan los libros de historia, que la pintan como una mujer bella, inteligente, pero traidora, y ella sigue su rastro en códices y, sobretodo, a través de la tradición oral y el valor de la palabra.

Nos adentra en el universo mítico de los pueblos precolombinos, ligados a las fuerzas de la tierra y el cosmos, ligados con la violencia y el horror de las batallas, dando como origen de ese choque el nacimiento de algo nuevo, el mestizo, en conjunto con la mejor de las armas: la palabra, que además, recae sobre la figura de una mujer  indígena, que deja de lado la elocuencia y capacidad de persuasión del estudiado Cortés, que no le servían de nada fuera de su idioma, capaz de traducir, que nos lleva a preguntarnos si al darle voz deja de ser una traidora, si realmente cambia la perspectiva, aunque al hacerlo, recaiga sobre su lengua el peso de la culpa de haber destruido una civilización, pero ¿esto no hubiera ocurrido igual? ( porque le dan voz y aparentemente lo arruinó).

En definitiva, Laura Esquivel con una narración en tercera persona ligada con códices, reivindica la historia de la Malinche y hace que los sentimientos se dirijan a los sufrimientos y angustias de la protagonista, permitiendo que el lector sea el que juzgue (¿acaso hay perspectivas distintas dependiendo del género), constituyendo al personaje como sujeto de discurso en vez de objeto de este, capaz de mostrar la historia desde otra perspectiva, que surge como un ciclo, pues va repitiendo las acciones que ocurrieron en un principio, en un sentido literal y simbólico, constituyendo un personaje ambiguo y contradictorio, con un esquema no patriarcal, capaz de crear y nombrar al mundo, convirtiéndose en una omnipotencia femenina que recrea el mundo latinoamericano a través de una mujer, lleno de factores étnicos, culturales y de pluridimensionales, que constituyen una referencia obligatoria para la literatura latinoamericana.


Cómo ser mujer, Caitlin Moran.

Vivan esos libros que hablan de temas complicados con dos cojones.

Me encantan esos libros que abordan temas complejos de frente y sin miedo. En Cómo ser mujer, Moran se pasea por una infinidad de temas, que van desde el feminismo, la maternidad la familia, e incluso el tomar decisiones tan radicales como importantes y no muy comunes como no tener hijos, hasta explicar la importancia de Lady Gaga para el género femenino y los errores y horrores de la depilación íntima. Pero todo a modo de broma, con un lenguaje bastante sarcástico, con mucha verdad de fondo y con un par de cojones bien puestos para decirlo todo sin pelos en la lengua. No es un manual, como a simple vista parece, ni tampoco una antología, es simplemente el recuento de las memorias de ésta periodista, crítica, presentadora de televisión, feminista, madre, y pare usted de contar, intentando explicar cómo ser mujer, a modo de ensayo.

Y es que el problema de escribir éste tipo de cosas es que se prestan a la mala interpretación. Al hablarlo, se le da el tono adecuado y puede que no sea tan mal visto como al escribirlo. Y esto lo digo porque hay un montón de reseñas negativas acerca de ésta novela, pues no entienden el verdadero sentido sarcástico de la obra; desde el título, Cómo ser mujer es un libro sumamente satírico y sarcástico, que derrumba todas esas expectativas sobre cómo se debe ser una mujer, porque ni siquiera existe una esencia que defina qué es serlo, entendiendo así que éste es un libro que se contradice desde el primer momento. Así que para leerlo hay que dejarse de estupideces y tomárselo con soda, pues a fin de cuentas todo viene a modo de crítica sarcástica.
Éste es un libro fundamental para el feminismo. Hay una imagen muy errónea sobre lo que es ser feminista, creen que serlo te convierte automáticamente en una intensa, que odias a los hombres y que todas somos lesbianas, hoy en día el concepto de feminista está lleno de prejuicios, no, no queremos ser superiores a nadie, sólo buscamos una equidad que se adapte a las necesidades de ambos y que nos permita tener una igualdad de derechos, aunque tengamos carencias completamente distintas. En Cómo ser mujer se hallan una infinidad de situaciones machistas que pasan por debajo de la mesa, contadas mediante hechos que te harán reírte, enojarte y sobretodo, pensar, donde menos te lo esperas.

Argumenta que,con los años,han surgido una cantidad increíbles de machismo, que nacen del tradicional: evidente, enervante y horrible. Ahora, en pleno siglo XXI, hay mujeres machistas y hombres que utilizan el machismo como un chiste, a modo irónico, donde técnicamente no es discriminación, sino un chiste del que debes reírte, me encanta ese fragmento en el que dice que hay demasiadas actitudes de mierda con las mujeres que se han difuminado, que han quedado total o parcialmente ocultas, y que luchar contra ellas es igual a combatir contra algo imposible. Dice así, que al igual que el racismo, el antisemitismo y la homofobia, lo que ella define como “machismo moderno” se ha vuelto muy astuto, taimado y codificado, utilizando un amplio abanico de palabras, comentarios, frases y actitudes para menospreciar sutilmente a una mujer sin que esto sea del todo evidente.



Ella ve a todo el mundo como “Los muchachos”, porque todos al final,somos sólo un puñado de gente intentando llevarnos bien, reza que el alfa y omega de su visión del mundo consiste en no estar “ a favor de las mujeres”, ni “a favor de los hombres”, sino que es partidaria de los tantos millones de personas que ocupan el mundo. Me encanta, porque es en síntesis por lo que luchamos a la hora de llamarnos feministas, es, a fin de cuentas, la mejor manera de ver al mundo y a una lucha que sólo quiere la mayor igualdad posible.

El libro comienza con un relato en el que la autora comenta cómo a los trece años fue perseguida por un grupo de vándalos que confundían a ea chica gorda y torpe que era ella con un marica. Y así va, desde su infancia hasta su amistad co Lady Gaga, Moran no se priva de contar las anécdotas más humillantes y divertidas de su vida para diseccionar con un humor punzante los hitos por los que toda mujer pasa. Desde la primera regla, la depilación, la moda, la imagen corporal, el tipo de pornografía, el ser madre, la decisión de no serlo, el aborto, el machismo en el trabajo, entre un montón de temas mas, tratados mediante la propuesta de un “feminismo exaltado”; como ella misma lo define, tirando un dardo tras otro, sin arrepentimientos, con ingenio y gracia, reivindicando un feminismo muy cotidiano, que traspasa la solemnidad beauvoriana, haciendo eco del radicalismo sesentoso de Germaine Greer y su mujer castrada por las convenciones sociales, y retoma la discrepancia entre la realidad de nuestra vida como mujeres y la imagen a la que pretendíamos amoldarnos, he ahí el porqué de su título: no hay una manera de ser mujer.

Con éste libro busca recuperar la esencia de ese concepto desgastado que se ha vuelto el feminismo, que a fin de cuentas sólo busca hacer un mundo igual para hombres y mujeres, defendiéndolo con una militancia contagiosa apta para todos. La autora parte de la constatación de que hoy en día muchas mujeres consideran casi un sacrilegio el denominarse feminista, viéndolo como una lucha pasada e innecesaria por las que unas cuantas radicales siguen insistiendo. Moran defiende la absoluta vigencia del feminismo, como ella lo dice, “feminismo exaltado”, o radical, pues ese supuesto radicalismo no es más que la insistencia en la evidencia de que no debe haber ninguna diferencia en la manera en la que la sociedad trata a ambos géneros, abordándolo con ejemplos recientes de esa errónea concepción que a veces pretende igualar al feminismo con el machismo, como si fueran dos extremos de una misma cuerda y nos lleva a cuestionarnos en qué medida las conquistas y logros del feminismo están del todo consolidados o si, por el contrario, aún queda un trecho mucho más largo del que creemos recorrer.

Y como bien señala la autora en ese fabuloso epílogo, demasiadas veces se le ha hecho creer a la mujer que existe una esencia de lo femenino a la que amoldarse. La mayoría de las niñas crecen creyendo que la mujer debe ser, mientras que los hombres deben hacer. Se opone a esa creencia de que hay una manera determinada de ser mujer y se abre a la libertad de hacerse a sí misma, como esa famosa frase de que una mujer no nace, sino que se hace

Entre risas e ironías, se mete de lleno en un total de 16 temas complejos, que pasando por la masturbación, el parto, la belleza y pare usted de contar, que son tratados desde una perspectiva feminista indispensable, con un lenguaje sumamente inteligente, soez y directo que lo dice todo sin pelos en la lengua. Cómo ser mujer es, en definitiva, una lectura indispensable, que no se rige por géneros y que no pueden dejar de leer, que maneja una atmósfera de complicidad con el lector y que da una explicación racional de lo que es el feminismo desde un punto de vista racional.

Instrumental, James Rhodes.


Para éste hombre, la música es lo que para mí son los libros.

“Memorias de música, medicina y locura” es la frase que acompaña a la portada del libro; que resume las memorias del pianista James Rhodes desde su niñez hasta su presente, en las que la música, la medicina y la locura lo han acompañado siempre, al igual que el dolor y el amor. Él no es escritor e Instrumental no es literatura. Él es pianista y ésta es su autobiografía. James Rhodes es un pianista que toca que te cagas y una persona bien sensible, que ahora, después de muchos años, es consciente de que hay que vivir la vida, venga como venga.

A James lo violó su profesor de gimnasia por cinco años seguidos, desde los 6 hasta los 11 años. No es fácil vivir con una tragedia como ésta a cuesta. “Si comparásemos la vida con correr un maratón, los abusos sexuales en la infancia tendrían el efecto de quitarte una de las piernas y cargarte con una mochila llena de ladrillos en la línea de salida”, decía el autor en un artículo para “Daily Telegraph”, en el 2012, y es que su vida ha sido un maratón lleno de hechos horribles, ha sufrido una cantidad absurda de trastornos físicos y mentales, ha sido adicto al alcohol, al sexo, se ha prostituido, autolesionado, intentado suicidarse 5 veces e internado a la fuerza en un hospital psiquiátrico a raíz de ello, ha caído en la ruina, su matrimonio se ha ido al caño y perdió la custodia de su hijo. Y, asimismo, ha conseguido forjarse una gran carrera como pianista y divulgador televisivo… ah, y después de todo, ser completa y razonablemente feliz.

En “Instrumental” habla con franqueza, e inclusive con un lenguaje bastante grotesco y soez, de todas las situaciones escabrosas por las que ha vivido, sin privarse de llamarlas por su nombre, de contarlas bien explícitamente y sin dejar por fuera ningún detalle, tanto así, que el libro casi no sale a la venta, a lo que Rhodes alega que lo dejó hecho polvo, porque su violador de advertía que si decía algo de lo que ocurría, le iban a suceder cosas terribles. Y treinta años después, cuando por fin se atreve a contarlo, unos jueces le prohibían el derecho de contar lo que le había pasado, comparándolo inclusive con el caso de un hombre que había contagiado deliberadamente a su esposa con VIH. Increíble. Para que veamos cómo está el mundo. Inclusive, gastó una fortuna, quedó en bancarrota y estuvo a punto de perder su casa para poder costear en el proceso legal en el que se encontraba sometido, hasta que finalmente el Tribunal Supremo autorizó la salida de “Instrumental”, alegando que “una persona que ha sufrido del modo en que el apelante ha sufrido y que ha luchado para hacer frente a las consecuencias de su sufrimiento de la forma en que él ha luchado tiene derecho a hablarle al mundo sobre todo ello”, y vaya qué razón.
Afirma que no es una terapia, ni un modo de exponerse, sino simplemente el deseo de ayudar a otras personas, dice “Habría sido más fácil para mí no describir según qué escenas, no dar detalles de sucesos que aún hoy me destroza rememorar –explica-. Cuando voy en metro y me parece que alguien me reconoce, pienso que esa persona probablemente sabe más cosas de mi vida privada que de la vida de algunos de sus parientes o de sus compañeros de trabajo, y eso me incomoda. Pero es un precio muy pequeño al lado de los miles de mensajes de agradecimiento que recibo, de gente que se reconoce en mi experiencia o que, gracias a la lectura del libro, entienden mejor cómo se sienten personas de su entorno que han pasado por algo similar”.
 
Además, es uuna carta de agradecimiento a Bach, Beethoven, Chopin, Schubert, Brahms, Ravel, Mozart, Rachmáninov, Prokófiev, Lisxt, Scriabin y un montón de compositores clásicos que reiteran el poder curativo de la música. El bien dice que sin ellos estaría muerto, el único refugio que pudo hallar frente a todo el dolor que tenía encima fue una versión para piano que Busoni hizo del segundo movimiento de la segunda partida para violín de Bach, la “Chacona”, cuyo descubrimiento le salvó la vida y que hoy en día es su pieza musical favorita. 
Y es que él es un reinventor de la música clásica, de hecho abre el libro diciendo que le excita sin ningún pudor. Su carrera siempre ha estado cruzada contra los rígidos convencionalismos que se siguen aferrando a las costumbres de los años 30, dando como consejo, “No dejes que unos pocos imbéciles vetustos y endogámicos impongan cómo debe presentarse esta música inmortal, increíblemente maravillosa”, cosa que sigue a rajatabla, pues en sus discos huye de todas las mariconadas que llevan años usándose, en sus conciertos se viste como un tipo cualquiera, con jeans y sudaderas, dejando los grandes trajes para otra ocasión y entre pieza y pieza, en sus conciertos, va soltando palabrotas. Es el primer artista de música clásica con una advertencia para padres en la carátula, donde habla sobre las obras que interpreta o sobre los compositores, a quienes define como una mezcla entre superhombres y tarados sin remedio, “en el fondo eran seres profundamente humanos que utilizaban la creación musical para lidiar con su locura. Algunos eran gente espantosa. Chopin, por ejemplo, era un racista, un trepa, un hombre horrible. Que alguien así pueda dejar un legado tan maravilloso y duradero es algo extraordinario”.    
Al final, después de todo el sufrimiento, de toda la música escuchada, sentida y leída (que por cierto, tiene su propia lista de reproducción en Spotify, cierra diciendo: “No tengo ni idea de si voy a sobrevivir a los próximos años. Desgraciadamente, siempre estoy a dos malas semanas de distancia de un pabellón cerrado”. Y es ahí cuando entiendes que así estamos todos, si algún día, por casualidad,  has disfrutado de una canción, si al leer esto recuerdas una melodía, e inclusive, si hay algo en tu vida que te mantenga a flote, Instrumental es un libro indispensable para ti (es decir, para todo el mundo).

En definitiva, una biografía cruda, que presenta los efectos tanto físicos como mentales de una violación, que habla con una explicitud tan descarnada sobre lo que se siente haber tenido una vida de mierda y que te deja hecho pedazos. Un libro cargado de realidad, que no podemos dejar de leer y que pone sobre la mesa un tema tan delicado como el abuso sexual, que te hace reflexionar porque alguien que conoces ha pasado por ello. Y tal vez eres tú (háblalo).

Aura, Carlos Fuentes.

 

Viva la simbología.

El hombre caza y lucha. La mujer intriga y
sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses.
Posee la segunda visión, las- alas que le
permiten volar hacia el infinite del deseo y de la
imaginación... Los dioses son como los
hombres: nacen y mueren sobre el pecho de
una mujer...

Aura es una novela muy cortita. Cuenta con sólo 62 páginas, pero vaya 62 páginas. Aquí queda plasmado eso de que corto no es igual a ágil y sencillo. Es un libro que está plagado de símbolos y que contiene un mensaje bastante fuerte, que no pueden dejar de leer y que me ha encantado.

La literatura del siglo XX me apasiona, más aún si es latinoamericana, y Aura, una novela publicada en el '62, es una de las novelas más importantes de aquella época y con razón. Es una novela compleja, porque la relación que se plasma dentro de ella te mantiene con la duda hasta el final y dentro de esas pocas páginas hay un montón de espacio para interpretar, llena de símbolos y mensajes que pasan por desapercibidos si no se les da la importancia necesaria, pues Aura es la concepción espiritual de l rechazo a la vejez y el aferro a la juventud que se apodera de la belleza física.

Porque además, es ganadora de un Premio Cervantes, es completamente una joya de la literatura latinoamericana. Y me encanta que esté narrada en segunda persona, desde la perspectiva de Felipe, que te adentra completamente a la historia, te habla a ti e inclusive sientes que es de ti de quien se habla en ésta historia. Y es que es una novela que no necesita de muchos detalles para ser grandiosa; pocos personajes, un ambiente basante creepy, misterio, símbolos, incomodidad, una trama aparentemente simple y un ritmo bastante ágil y rápido, aunque no del todo sencillo; además, es una novela donde la pasión, el misterio y los secretos se entretejen de tal manera que no puedes soltar la novela, por más compleja que pueda parecer.

Las casas antiguas suelen estar llenas de misterios. Son pocos los que descubren sus secretos y lo de sus habitantes, y aunque hoy en día la percepción suele ser bastante escéptica, hay cosas que escapan de la razón. Felipe Montero no sabe qué hacer cuando lee en el periódico un anuncio que ofrece empleo a alguien con sus mismas cualidades para un trabajo con muy buen sueldo, que consiste en organizar y terminar las memorias de un general para que puedan ser finalmente publicadas. Después de pensarlo, acude a la dirección indicada, en una calle del Centro Histórico de la Ciudad de México, donde la numeración de las calles es bastante confusa. Luego de mucho caminar, llega a la casa y conoce a la viuda Consuelo, quien quiere emplearlo; Felipe duda bastante a la hora de aceptar el trabajo, pero al conocer a Aura, una joven preciosa y sobrina de la señora Consuelo, no duda en cambiar de opinión. Conforme pasa el tiempo, él descubre que pasa algo raro entre las dos, además de que el trabajo encargado es bastante raro, pero a medida que convive con ambas mujeres, va sintiendo mucho desprecio por la primera y un gran amor por la segunda, pero no todo puede tener un final feliz. Comienzan a pasar cosas extrañas en la ocura y desgastada casa, y a causa de su ansia sexual, Felipe pierde el control sobre varias situaciones, inclusive de su propia vida, provocada por dos mujeres que tal vez son sólo una persona.

Aura es una novela quimérica y muy mágica, rodeada de un ambiente misterioso y siniestro que está muy arraigado en el estilo y el lenguaje de Fuentes. La cada de la señora Consuelo es casi idéntica a esas típicas casas de brujas que había en los cuentos de hadas que leíamos de pequeños, con lamentos y maullidos que asechan en la noche. Además, esas dos señoras, sus comportamientos y presencias que aportan otro toque de misterio, se mueven siempre en la misma sintonía, como si se imitaran y dependieran una de la otra, como bien narra Felipe Te repites que siempre, cuando están juntas, hacen exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran, salen, al mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de una dependiese la existencia de la otra”, y es en esa en la situación en la que se encuentra, y a su vez el lector, pues con esa narración en segunda persona, el protagonista te habla a ti, como si fuera la persona que tiene que actuar en la situación que el escritor describe; desde el primer momento, ese anuncio, que lees y relees el aviso, y parece dirigido a ti y a nadie más. Fuentes te envuelve en la historia, de una manera en la que sólo él sabe hacerlo, tú te conviertes en Felipe Montero y tienes que actuar, pero sólo puedes reaccionar, y utiliza constantemente las formas del futuro, ocurrirán, pasaran, porvenir, pero todavía aparentemente no.
Es por ello que no es una novela fácil, la relación entre dos mujeres, su unidad y dependencia se muestra a lo largo de la obra y deja al lector con la duda hasta el final. Además, el contexto de la obra que se ve reflejado en los personajes es sumamente fascinante. Nos centramos en el México de los '60, un tiempo de frutración ya que la nación se encontraba muy débil. Dentro de éste contexto vemos a una señora que intenta mantenerse joven y busca en su pasado en lugar de mirar hacia el futuro. Quizás y solo quizás, Fuentes buscaba decirle a la población mexicana que no tratara de solucionar sus problemas actuales buscando buenos tiempos en el pasado, así como Consuelo lo hacía, tal vez... es probable. Además, fue una época en la que las mujeres empezaron a reivindicar sus derechos, a luchar por su equidad social y política y la igualdad social, y nos encontramos con una obra cuyo protagonista pierde el control de su vida a causa de su ansia sexual... o de una de las dos mujeres. Aura y Consuelo son una sola persona y ellas arrebatan el secreto del ansia al corazón de Felipe, que al contrario de la mayoría de las veces, es el hombre el que sufre, un punto que ya está en contra del machismo.

Ahora vamos con mi parte favorita: la simbología, que es lo que sobra en éste libro, pues hasta el más mínimo detalle tiene una relación simbólica.

 
La casa, como templo, simbólicamente está situada en el centro del mundo; es la viva imagen del universo. Está situada físicamente en el centro de la Ciudad de México, reforzando esto último, además, el adjetivo varias veces empleado de “viejo”, le da a la casa una cierta contención de pasado, de tradición. Además, la casa representa un ente femenino por estar identificada con la madre, con el refugio y la protección: el seno materno. Y es que Felipe siente que es su casa, el lugar donde siempre debió estar, que de alguna manera le pertenece., es como un gran útero que lo acoge, oscuro y húmedo que lo recibe y lo aleja del exterior.

Pero es curioso ver como él penetra ese universo femenino, lleno de exotismo y magia, y él cree que ha dejado atrás el exterior al cual solía pertenecer, esto queda atrás y aahora se penetra, así como él mismo lo define, reforzando su masculinidad en relación al universo que viene a habitar, completamente femenino. Él incumbe en esa oscuridad, en ese universo conservado y hecho plenamenta por entes femeninos. De esta forma se refuerza esa idea de que la casa es una alegoría a lo femenino: húmeda, oscura, mágica, orgánica y recubierta de pasado. Felipe Montero, al entrar en ella, se adentra en una realidad femenina y acogedora.. pero también amenazante, ya que está dominado por la oscuridad, menos su habitación, que está llena de una luz cegadora, mientras que el espacio por donde se mueve la mujer suele ser lleno de sombras. Así, se teje una simbología que reza que el hombre es aparentemente un ser para la luz y la mujer uno para las tinieblas; y el hombre, además, viene a irrumpir y penetrar todas las puertas, pues para él no hay ningún lugar vetado y la mujer está para perpetuarlos, bajo el techo de una casa vieja y retraída, que convoca y custodia al pasado y rechaza al presente.

También tenemos a los grandes símbolos de Aura y Consuelo, sobretodo de la primera, pues se comvierten en entes simbólicos cuyas cargas y elementos que las circundan le dan un aire especial y de mucho interés a la novela. Primero que nada, ambas figuras representan un lado de la vida, la juventud encarnada por Aura y la vejez por Doña Consuelo; dos partes opuestas y complementarias que a lo largo de la narración, no pueden estar una sin la otra, creando así un vínculo simbólico de vida, un círculo sin fin. Además, el anciano e visto como un signo de lo persistente, que participa de lo eterno, como un elemento estabilizador y una presencia del más allá.

Aura no es más que una proyección de los deseos de Consuelo. Tal es la fuerza vital y la necesidad de perpetuarse en la anciana que logra engendrar a Aura, cuyo nombre trae una infinidad de connotación simbólica hermosa: la luz que rodea la cabeza, únicamente visible para los seres dotados de dones celestiales. Esa luz siempre es un signo divino, que equivale a la sacralización del desdoblamiento, de esa convocación de otro ser que es el deseo corporeizado de lo que se fue, de la eterna juventud. Y aunque el Aura no puede desligarse de nuestro cuerpo, aquí el personaje tiene vida propia, hasta que notamos que es un doble distorcionado de la vieja por la juventud.

Y es aquí donde la incidencia simbólica del color verde toma sentido, es nombrado numerosas veces en la obra y es el color implícito del Aura, que no sólo cubre a los bellos ojos del personaje del mismo nombre, sino que irrumpe en todos los demás espacios,como la casa, llena de musgo, plantas y otros elementos verdes que abundan en las descripciones del libro. El verde es un color femenino (otro elemento de ese universo femenino) y que está dentro de la complementariedad de los sexos: el rojo es un color macho y el verde, uno hembra. Y no sólo representa la esperanza, que es uno de los símbolos más conocidos, sino que además es el color de la fuerza, de la longevidad e inmortalidad, que simbolizan universalmente los ramos verdes.

Y si mal no recuerdo, hay todo un estudio de la psique humana con relación al color verde. Según, tiene que ver con la necesidad del hombre de buscar un entorno natural que lo lleve a escapar de lo artificial, los grandes estudios dicen que el color verde es el que recupera la tranquilidad frente a la inquietud; un estado de paz en el “seno materno del paraíso”. Así como para Felipe Montero, la presencia de Aura e inclusive de consuelo, representan un estado de paz y regreso a los orígenes. Hay varios pasajes en los que menciona su estado de relajación y paz al entrar a la casa, de esa manera, el desdoblamiento que la anciana adquiere, pone en escena los discursos mágicos y esotéricos, dándole al dúo de mujeres características de seres fantásticos; porque en esa negación del presente, se intenta no permitir la ruptura en la continuidad de la historia, utilizando todos los artificios que se le permita, dentro del mundo de lo imaginario. No se puede truncar la historia ligada a Felipe, que tiempo después vemos que no es más que otra reencarnación, otro elemento ligado a lo esotérico, lo mágico, que sn instauraciones en la narración para validar la necesidad de que el tiempo parezca inmóvil, para que todo vuelva a ser como antes. Y son estas dos mujeres las que someten a éste joven historiador a una búsqueda de su verdadera identidad, de lo que fue en el pasado. Así, Aura y Consuelo cumplen uno de los roles femeninos más trascendentales: han ayudado a fecundar el otro lado de la personalidad de Montero; en ese gran vientre que es su casa, han dado a luz a su verdadera personalidad. Es por ello que dentro de la novela existe una regresión constante, pues Felipe Montero, al igual que el otro par de dos, se desdobla y conoce que hay algo más que una doble presencia, y reconoce que es la reencarnación del motivo que lo ha llevado ahí: el General Llorente. Todo refuerza la idea de que lo que se es ahora no es lo real, sino que lo que se fue en el pasado lo es, volviendo a ese punto de la historia mexicana anteriormente mencionado.

Otros elementos interesantes son los animales, por su parte, el perro, que es bastante mencionado y reiterativo en algunos párrafos. Es asociado con el que custodia la puerta y comparado con un feto, que parece que le sonríe como si le estuviera dando la bienvenida, elementos muy asociados a la feminidad. El perro, la manija de la puerta que conduce a la casa de Aura, éste canino de bronce se sitúa en la transición entre lo exterior y el interior de la casa, cumple el papel de mediador entre los muertos y los vivos. En la cultura, se asocia al perro con la muerte y actúa como guía de las ánimas, recordemos a Anubis y Cerbero, que conducen a los muertos a su nueva vida, así como pasa con Felipe, que al franquear la puerta, entra al mundo concreto del que proviene para llegar al nuevo hogar mágico y abstracto.

El conejo está vinculado a las aguas fecundantes y regenadoras. Son lunares, duermen de día y viven de noche, porque asi como la luna, aparecen y desaparecen entre el silencio y las sombras. El conejo que hay dentro de ésta historia es de un ser de oscuridad que sólo se ve cuando está con Doña Consuelo comiendo migajas, asociado con el principio de la revolución cíclica de la vida y con ese deseo constante de renovación de la vida antigua de los personajes, porque además, el animal es hembra y se llama saga, saga, continuidad, seguimiento de una historia, de un hecho, se une al resto de los signos que convocan esa misma problemática de perseverancia y renovación del ser.
Aura refuerza las características simbólicas de la coneja, que además es comparada con la luna, y con elementos que simboliza el conejo: la lujuria, desmesura, despilfarro, compañeros de la diosa Hécate, de la juventud e inventora de la brujería.

Ya para terminar tenemos a los gatos, objeto de odio, maltrato y amor, e inclusive, para prácticas perversas, equiparadas con el sacrificio del amor. Consuelo los odia, pero el General los ama, son un símbolo ambivalente, en su sentido más positivo como protectores de la casa y en el negativo,como animales oscuros asociados a las brujas. Representan, para consuelo, la imposibilidad de la maternidad y el amor desmedido de su esposo hacia ellos, pero que no pudo darle a ella.

Y por último, el macho cabrío, degollado en la cocina de la casa, un animal trágico, que origina un canto religioso con el que se hace su sacrificio, el de una víctima que representa el mundo de la masculinidad de degüella, que además se asocia a Afrodita, de naturaleza prolífica y ardiente. A veces santificado, otras satanizado, que simboliza la fuerza del impulso vital fácilmente corruptible.


En definitiva, un libro corto pero complejo, cargado de símbolos con respecto a la fertilidad, la vida y la juventud, en relación con la situación política del país natal del autor para la época. Una novela que me encanta, a la que se le puede sacar mucho jugo y que no pueden dejar pasar. Un total de 62 páginas cargadas de símbolos, secretos y misterios divina que me ha dado para sacar una reseña bastante larga, pero con la que espero haber aportado algo interesante.