Mariana lee

viernes, 22 de septiembre de 2017

La vorágine, José Eustasio Rivera.

viernes, septiembre 22, 2017 1
La vorágine, José Eustasio Rivera.



Me encantan los libros más viejos que mi abuelo.

Cuando este libro vió la luz, mi abuelo y mayor mentor literario no había nacido. Lo cierto es que hasta hace poco ni él mismo lo había leído, por lo que a mediados del año pasado nos propusimos hacer una satisfactoria lectura conjunta, en la que concluimos que La vorágine es un libro asombroso y que las ediciones de la Fundación Ayacucho son lo mejor que le ha pasado al mundo editorial.

Lo cierto es que La vorágine es la gran novela colombiana, que retrata de manera particular el tema de la violencia, a través de los azares de distintos personajes. Se divide en múltiples partes, comenzando por la historia de los bogotanos Arturo Cova y Alicia, que huyen hacia lo inexplorado y lo bárbaro, hacia la otra cara de la ciudad, del país y de su pasión amorosa, que dan origen a múltiples personajes como El Pipa, Rafo, la finca Maporita, Franco, Griselda y Barrera “ a los que el destino marcó una ruta imprevista”, juntados por la selva y que muestran la explotación esclavista de indios y enganchados para comerciar con el jugo del árbol del caucho, que se le presenta como la memoria de Alicia, que da pie a una historia llena de huidas y persecuciones, pasiones y venganza, que adquiere una fuerza psicológica interesante, al igual que una gran carga geográfica y social que desborda a los personajes y se convierte en un testimonio crudo y trágico, lleno de violencia y venganza.

Ya para la segunda parte, comienzan a ser conscientes de la fuerza de la selva, que se convierte en una vorágine que los enloquece y que se traga a los que no saben tratarla y respetarla, que llegan violentos y huyendo con ganas de explotarla, buscando un destino heroico, dando pie a múltiples torbellinos ejercidos por el propio hombre, que originan personajes nuevos como Fidel, Helí Mesa y Clemente Silva, que narran sus pavorosas y fatales historias sobre la selva, donde se incluye la leyenda de la india Mapiripana, que era una diosa fluvial que originó el Orinoco y el Amazonas, al mismo tiempo que gobernaba el silencio y los murmullos de la selva, que conoció a un misionero que quedó impregnado de ella y que la llevó a que se fuera adentrando en el corazón de la selva hasta “dar con una caverna donde lo tuvo preso muchos años”, surgiendo como una versión narrativa de la historia de Cova, como el seductor, Alicia como la sumisa y la Selva como el ente violado, como una alegoría de la colonización de las selvas vírgenes.

Es en este apartado donde se incluye al cauchero Clemente Silva, que funciona como uno de los elementos centrales de la novela, confirmando el hecho de que La vorágine es un collage de relatos orales y reales. Es en su relato donde se revela  la denuncia de la situación económica que correspondía a la realidad de aquel momento, en conjunto con la Casa Arana, los Visitadores y el periodista Saldaña Roca, que reclama los hechos, con el investigador francés que es asesinado y comienza la matanza tanto de árboles como de gentes, que sin duda se basan en hechos reales vividos o contados al propio Rivera.

Es en este punto donde el autor presenta la crueldad y eficacia que hicieron del caucho un gran negocio, donde el verdugo y la víctima terminan por participar en una misma cultura y economía, como en la época de la conquista en América, que se revela como una Vorágine.

Mediante una diversidad de paisajes y personajes, La vorágine coloca a la selva como la verdadera protagonista, pues bajo su presencia abrumadora, cualquiera es capaz de enloquecer, y le sirve al autor como símbolo de la codicia y la violencia humana, que se desatan tras la explotación del caucho. Y recordemos que se define como Vorágine al remolino de gran fuerza que se genera por la acción del viento y que también se usa para expresar la mezcla de sentimientos muy intensos que se manifiestan de forma desenfrenada en los personajes.

Además, a nivel estilístico, posee una sorprendente riqueza verbal, donde se alternan distintos registros lingüísticos, que van desde el tono culto y enfático hasta el lenguaje popular, en conjunto a la variedad de paisajes y lenguajes, que le dan a la narración un ritmo constante que nunca decae en relación a la trama y que convierten a La vorágine en un clásico indiscutible, basado en la violencia social y política del continente.

Es por ello que para Rivera la “colonización de la selva” significaba implantar los criterios urbanos a la propia selva, con sus nociones europeas, donde buscaba denunciar los negocios de explotación abusiva que se ejercían sobre ella.

Porque en la obra de Rivera, la relación del hombre con la naturaleza está marcada por la violencia, la explotación y el miedo, pues mientras el cauchero acaba con los árboles, las sanguijuelas lo sangran a él, porque la selva se defiende de sus verdugos y el hombre siempre tiene las de perder en ese duelo a muerte, que hace que los hombres se trastornen y sean devorados, porque aunque en la primera parte de La vorágine muestra a unos hombres que quieren dominar a la selva sin conocerla ni respetarla, a lo que ella responde con la destrucción total.

En la novela, se introduce el simbolismo de los huesos y el esqueleto como esa figura de muerte y regeneración, donde los personajes y las situaciones aparecen y desaparecen como los ríos de la selva; haciendo una novela que ofrece una “prosa fluvial”, que parece un río en esa soledad confusa que “sigue el curso zizagueante de lo oral y lo escrito”, en una red narrativa que, entre tantos personajes, es como la selva misma, como la india mapiripana ue tiene que devorar para que pueda regenerase, haciendo que se convierta en una vorágine que devora al lector, a los personajes y al autor, que constituye una narrativa latinoamericana distinta, con elementos propios de la cultura popular y que pone en manifiesto la necesidad de superar la ruptura hecha, que pone a la violencia como orden y protección económica y social, como bien se expresa a principios de la novela, con la frase que estipula que jugó con su “corazón al azar” y se lo “ganó la violencia.
En sí, La vorágine ataca la violencia desde sus orígenes, que rememora a esa tortura cotidiana, en orden y estilos sociales, siendo la vorágine lo que devora y constituye el principal impulso del orden establecido.

En definitiva, una novela maravillosa, extensa y profunda, de la que hay un montón de análisis en internet. Les dejo los links de varios trabajos interesnates que he estado leyendo con calma y que me parecen muy acertados en cuanto al tema de la violencia. Un clásico latinoamericano indispensable, que deben leer sí o sí y que se ha convertido en uno de mis referentes primordiales.









miércoles, 20 de septiembre de 2017

Señorita Vodka, Susana Iglesias.

miércoles, septiembre 20, 2017 1
Señorita Vodka, Susana Iglesias.

"Las tipas duras no maman, las tipas duras no besan, las tipas duras no cogen dos veces con el mismo hombre (él y otros no lo entendieron)".

Me encanta leer sobre la realidad de mujeres en panoramas distintos a los míos. Luego de mi obsesión con Diablo Guardián, me propuse leer la mayor cantidad de libros posibles con temáticas similares, y es así como llegó a mi Señorita Vodka, de Susana Iglesias, un homenaje a las teiboleras que llegó a mi cuando yo ni sabía qué era ser una.

En su primera novela, la mexicana retrata a una bailarina exótica capaz de hacer poesía mientras baila en el tubo, mientras que sobrevive a la vida nocturna entre Ciudad de México y Hollywood, buscando rendir un homenaje a las bailarinas sexys, desmitificando este oficio, que para ella genera una “revolución”, a lo que alega que  “De pronto se cree que la vida de estas mujeres es triste y sórdida. Sí lo es, en cierta medida, pero también hay un gozo y una revolución cada vez que una mujer se sube al tubo y decide enfrentar la vida de esa forma” y agrega que “Para mí (esta novela) es un homenaje”, siguiendo los pasos de una aguerrida mujer aficionada a la bebida alcohólica que tiene en su nombre, que vive de los “table dance” y que se enfrenta a diversos choques del amor y hechos igual de peligrosos, como las drogas, las armas y los proxenetas.

Iglesias afirma que creció cerca de Tepito, en el llamado “barrio bravo” dentro de la Ciudad de México, que es conocido por sus actos delictivos, tráfico de armas, prostitución  y drogas, partiendo de sus experiencias para darle mayor realismo al texto, utilizando charlas que mantiene con sus amigas que trabajan como bailarinas exóticas, a quienes jamás les ha dicho que es escritora, pues no pretende verlas como objetos de estudios. 

“Tengo cuatachas (amigas) teiboleras que son a todo dar”, cuenta Iglesias entre risas, a lo que agrega que Platico mucho con ellas y se divierten más de lo que (los hombres) creen divertirse. Eso es lo interesante, (ellos) se sienten conquistadores y ellas les están vaciando la cartera”.
A pesar de que la han catalogado como novela negra, policíaca y erótica, ella prefiere definirla como “una novela fuerte en el sentido de que se adentra en el tema de la noche”, haciendo una oda a la mujer que, por Dios sabrá qué razones, se ve obligada a vivir la vida nocturna en tacones, siendo Señorita Vodka una caja de secretos sobre la mujer en general, porque es el oficio más viejo del mundo y pasa en cualquier lugar de este planeta, porque hay muchas Señoritas Vodka que ven la vida con ese arroja y que “se la rifan al igual que el personaje”, afirma la mexicana, que también agrega que su obra es, además, “una novela de complicidad, desamor, muerte y memoria”, que también funciona como un “manual contra la misoginia”, porque “El misógino es un hombre acobardado finalmente, un hombre totalmente rendido a la mujer, pero que tiene que demostrar lo contrario con su machismo y esa careta. El hombre nunca tiene el control, las mujeres son las que llevan el control en el amor, son las que más se entregan”, dijo.

En su novela, relata con crudeza escenas en la que la protagonista es golpeada y tratada como objeto en sus noches más intensas, en conjunto con pasajes llenos de erotismo, narrados con un lenguaje vívido, fuerte y carismático, que ella le atribuye a andar por los barrios de México. “Cuando camino Eje Central y platico con esos trasnochados es cuando puedo ver su corazón. No los veo como un objeto de estudio social; a mí me gusta platicar desde el corazón con estas personas, ofrecerles un trago y de eso habla la novela, de la solidaridad en las calles”, dice “Se escribe en las calles, el escritorio es el final”.

“S” la protagonista de nuestra historia es sumamente entrañable, se sumerge en un espiral decente, pues en contra de los convencionalismos se vuelve teibolera, adicta al vodka y en vuelta en un hilo de autodestrucción y dependencia, escribiendo cartas a un anónimo “W”, haciendo de esta una historia desenfrenada, como la ruleta rusa, donde la escritura la salva y la violencia, el sexo, el alcohol y el amor dicen presente, con una jerga que va de lo vulgar a lo poético, en escenarios  crudos y honestos, que funcionan como una resaca que te golpea al despertar.

La noche surge como el misterio y la incógnita, en compañía del vodka, que refuerza los barrotes que nos condena, y que es el talismán de la protagonista, con el que Iglesias logra denunciar la sociedad actual, que estando en lo más hondo del abismo, los sigue buscando, en una ceguera que persigue iluciones perdidas, con el ejercicio de la prostitución en un entorno en el que “las emociones se salen de control a menudo y tienen planes propios”, con el que la mexicana introduce monólogos interiores, llenos de nostalgia y practicando el libre insulto, con el perfil de “teibolera” que brilla en el escenario y se esfuma cuando la música termina, en una aventura estrambótica que se enmarca en un entorno de violencia cotidiana y de miserias que no terminan, dando como resultado una novela arriesgada, que siempre tiene un trago de vodka en la mano y que brinda con la izquierda para que se repita.

Porque los mejores acompañantes de la chica son sus tacones y su vaso de vodka, en su busca insaciable de acabar con su vida, porque el destino le ha jugado sucio, parece que nunca encontraron el amor y ve la salida en convertirse en teibolera, entendiendo que el amor existió pero que ya se ha ido, porque los hombres a los que quiso le pagaron con desprecio y olvido. Vivió enamorada y descubrió que a veces es más importante disfrutar aunque el vacío se apodere de nosotros que descubrir ese sentimiento que nos destruye sin retorno. Y es que ella disfruta del tubo, de los bailes eróticos y de los coqueteos con la muerte, porque la hacen olvidar el dolor que alguien provocó y es que realmente es difícil olvidar a quien nos rechazó tantas veces, a ese que nos puso una bala en el corazón que sangra constantemente, buscando hacer como si no pasara nada, pues en el fondo no quiere (queremos) olvidar a quien nos hizo sentir ese desconsuelo eterno, ya que lleva a caer en los brazos de otro que le romperá el corazón más fuerte, y el trabajo fue demasiado como para que otro llegue y vuelva a ser todo igual, porque le obligan a decir que no, a no enamorarse y a evitar los besos como las putas y las monjas.

“Es probable que mi sistema de ‘valores’ esté un poco deteriorado, pese a eso, trato de ser lo menos infeliz posible, de no amargarme ni amargarle la existencia al otro, aunque algunas veces no lo logro. Culpas, remordimientos… mis remordimientos tuvieron origen y final, fueron como navajas que se clavan contra mí todo el tiempo hasta que un buen día me cansé”, dice la señorita Vodka, que pone en el plano a un Judas que la condena con un beso a la perdición absoluta, a su W cuyo nombre no puede mencionar sin que su corazón se rompa en mil pedazos.

Y es que no puedo dejar de lado que Susana Iglesias, lejos de todo el contexto, escribió una historia con la que todos nos podemos identificar, pues a fin de cuentas es el relato de una mujer que lo perdió todo por amor, dejando de lado sus facultades para escribir y que prefiere vender su cuerpo por unas horas de placer a un hombre que la destroce y que le haga olvidar a sus amores pasados. Es, en resumen, una historia difícil, de amor y de odio, con sus historias de amor y el irremediable desamor, que nos introduce a su mundo oculto y que nos lleva a entenderla con los ojos llenos de lágrimas, pues se entrega a la vida nocturna como bálsamo para dejar de pensar en todos los que hicieron lo mismo con ella, pero sin cobrar.

Iglesias nos da el papel de ser los detectives de esta historia que no deja muy claro por dónde empieza y dónde termina, pero que sin duda deja un mensaje contundente,  que reflexiona sobre la condición femenina, en esa ruleta rusa que viene perdida desde el principio, pero que la convierte en una mujer fuerte de la boca para afuera y sumamente frágil por dentro, porque a pesar de que nunca logró ser feliz, vivió el amor y el desamor de la manera más intensa posible.

En definitiva, un libro con una carga psicológica compleja, que va desde los bares de mala muerte hasta las noches de violencia y prostitución que “S” debe vivir, recorriendo el camino que eligió, solo intentando sobrevivir, con su trago de vodka en mano con el que parece ahogar todas las malditas penas que aprendieron a nadar. Una novela maravillosa, que me ha dejado sin palabras y que deben leer sí o sí.


lunes, 18 de septiembre de 2017

La novena, Marcela Serrano.

lunes, septiembre 18, 2017 1
La novena, Marcela Serrano.

Viva mi Marcela.

El pasado año 2016, Serrano volvió a los planos editoriales con La novena, publicada por mi amada Alfaguara, y yo no me pude resistir. A mediados de año me puse con ella y quedé fascinada. Una vez más, Marcela reitera porqué es una de las voces más importantes de la narrativa femenina latinoamericana del siglo XXI, con una historia de amor, que se enmarca en la dictadura de Pinochet y las dificultades femeninas.

De nuevo, incluye en sus descripciones a personajes femeninos muy bien construidos y trabajados, en sus luchas y dilemas, uniendo en suspenso, la política y las complejas relaciones humanas en una novela que interna en los afectos de varias generaciones de mujeres que enfrentan el dolor de ser traicionadas y traicionar a la vez; colocando a Miguel Flores dentro de este mundo, siendo un atractivo universitario chileno, que es detenido en una protesta en contra de la dictadura de Pinochet y que tras unos días en el calabozo del cuartel policial, es enviado a Mallaruco, una zona agrícola cerca de Santiago, aislada de toda actividad política. En este panorama, sin recursos y obligado a firmar a diario en el retén de carabineros, los días de Miguel transcurren en soledad y decadencia, ya que su presencia genera temor y rechazo en los lugareños del lugar, menos en Amelia, una mujer de mediana edad, viuda y dueña de la hacienda La Novena, que lo acoge y le abre las puertas de su casa, a la par que le muestra un mundo cultural y social que representa todo lo que él detesta, haciendo que en su relación, comience a cuestionarse sus prejuicios, pasando del amor al odio, siendo sus convicciones políticas las que dan un giro doloroso en su vínculo, donde Marcela Serrano muestra el choque entre el mundo rural y el universo militante, comunista y atacado por la historia

Es en este punto donde la lectura se presenta como salvación, pues Amelia le da a Miguel “Mary Barton”, la novela escrita por Elizabeth Gaskell (que no he leído, que vergüenza), que retrata a Manchester en plena Revolución industrial y que, paradójicamente, marca todo el devenir del protagonista, pues le da un refugio simbólico y real cuando escapa a Europa, pues para los extranjeros, la literatura es un amparo y profesión.

Serrano divide a su novela en cuatro partes, más un epílogo, que marcan diferentes planos temporales, que se alternan entre un narrador omnisciente y uno en primera persona, con una historia que salta de 1985 a 2005 entre Chile e Inglaterra y finaliza 30 años después del primer encuentro.

Amelia constituye y continúa un linaje de mujeres fuertes e independientes, en compañía de su prima Sybil, con quien establece una complicidad fraternal que le da a conocer otros modos de pensar más liberales y a quien admira por "ser capaz de llevar una vida significativa sin ser la mujer de nadie ni la madre de nadie y, a estas alturas, la hija de nadie", ya que se convierte en su confidente y sostén y que le transmite a su hija Mel, que treinta años más tarde y con la misma autonomía, dirige la hacienda La Novena, haciendo así una tríada de mujeres que han sido marcadas por los problemas de su país, el amor, el dolor, el desengaño y la traición, siendo arquetipos de la liberalidad femenina, con las que Serrano plantea los dilemas de la libertad de la mujer, la sumisión, la infidelidad, el matrimonio, el sexo y el trabajo.

Es así como en La Novena la dictadura no es sólo un trasfondo, sino también un detonante que determina las relaciones de los personajes. “Pinochet es un veneno, le dijo Amelia, y lo peor son sus Chicago Boys, el experimento que hacen con la economía en Chile es el más peligroso, durará más que la dictadura misma, acuérdate de mis palabras”. “Los que entendían de economía sabían lo que estaba pasando”, explica Marcela, a lo que agrega que “yo no alcancé a entender el daño, pero piensa que llegó Milton Friedman con sus Chicago Boys a este experimento maravilloso que no tenían límites. No había Parlamento ni nada que les detuviera, así que hicieron lo que quisieron. Poder practicar en un país el sistema llevado al extremo fue el placer máximo del neoliberalismo. Y ese sistema no se cambió cuando llegó la democracia, se mantuvo contenido un tiempo, pero ya explotó y ha habido gigantescos movimientos que han expresado su malestar por el neoliberalismo, aunque ha sido muy tarde. Jamás pensé que íbamos a convertirnos en un país con un capitalismo tan salvaje”.

Haciendo así una relación donde los libros y las charlas se convierten en los calmantes de Miguel, permitiendo que sus emociones sean lo que lo ayuda a superar sus prejuicios, hasta que su idea de que el fin justifica los medios los hunda en el pleno dolor, desengaño y desamparo, haciendo un relato donde la culpa surge como un fantasma y una sombra indeleble, que entereza en la última guarida, para sobrellevar la traición mientras llega el perdón.

En definitiva, el regreso de Marcela Serrano viene fuerte con una novela maravillosa, que habla del machismo, de política y de traición de una manera sublime, como solo ella sabe hacerlo. Un libro más que recomendado y una historia fabulosa que espero que disfruten tanto como yo.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Cubagua, Enrique Bernardo Núñez.

sábado, septiembre 16, 2017 0
Cubagua, Enrique Bernardo Núñez.


Cubagua narra la peripecia del doctor Ramón Leiziaga que descubre como los dobles de los personajes contemporáneos, se hayan ubicados en el remoto pasado de Cubagua. Esa duplicidad no se limita sólo a los nombres, sino a ser las mismas personas ubicadas en dos momentos separados y unidos en el tiempo. Cada uno de ellos vive la realidad del otro, fundiendo así los planos temporales, donde la búsqueda y la explotación de las perlas de ayer, es el petróleo de hoy.

A través de una narración circular, donde el personaje principal se haya con su otro yo, el escritor hace lo que le da la gana con el tiempo, dejándonos perplejos en tan solo 103 páginas, mediante una narración construida desde el punto de vista de los indígenas, su cosmovisión, sus creencias y su concepto de tiempo y de sociedad, con un personaje que llega a la Isla para enriquecerse y luego marcharse del país. A partir de ahí, Leiziaga se olvida de su vida interior y penetra en el mundo del eterno retorno, donde los personajes muertos y olvidados viven una y otra vez en su presencia. Como en la Comala de Juan Rulfo (escrita, por cierto, veinticinco años después), ninguno existe, pero aún resuenan en ellos los ecos del pasado, el dolor de los indígenas arrancados de su tierra bajo la codicia española, el llanto de las mujeres violadas y el clamor de la propia tierra expropiada.

Cubagua relata la historia que se cuenta en voz baja, donde sus personajes son seres que coexisten, dentro de una isla rodeada de agua que funciona como espejo, que refleja sus imágenes, con escenas que se copian y se reiteran en otra época, siendo esta una cuestión que expone una historia lineal donde se muestran los hechos del pasado y otra duplicada en donde se cuentan los mismos acontecimientos, que buscan explicar que un presente nunca pasaría si no fuese pasado al mismo tiempo que actualidad, así como nunca se construiría un pasado si no se hubiese constituido previamente al mismo tiempo que fue presente, en una contemporaneidad del pasado con el presente que fue.
En Cubagua, Enrique Bernardo Núñez busca darle sentido a lo nacional, con una técnica narrativa transformadora, que logra fusionar lo histórico con lo mítico, en una nueva dimensión de la escritura.  Toda su obra es un viaje constante y simultáneo al pasado y al futuro, como modo de entender y mejor el presente. A través de la crónica, la leyenda, la religión, el arte, los cantos, los símbolos y las supersticiones populares indígenas,  construye un significado del hombre del Nuevo Mundo, fusionando dos historias similares, con cuatrocientos años de distancias, a través un hilo argumental que subyace detrás de los hechos, mostrando un ayer que vuelve a nosotros para explicarnos lo que somos, utilizando un método que gira en torno a la circularidad de la vida y de la historia, dentro de las acciones del hombre, que se repiten y se repetirán eternamente.

Con un vaivén entre el siglo XVI y el siglo XX, Núñez plantea que es posible repetir una historia dejando a un lado cuatro siglos de diferencia, donde la crónica colonial y la historia del petróleo se unen con más similitudes que las que parecen en un primer momento. De una manera magistral, une el origen de la isla y el devenir que recae en el período dictatorial de Juan Vicente Gómez y sus consecuencias, para demostrar que hay situaciones que trascienden el tiempo, en una isla que refleja y repite una historia condenada a ser un ciclo.

Núñez busca revelar una conciencia colectiva que atañe a la condición y situación social e histórica del hombre en Latinoamérica frente a los países conquistadores de Europa en primera instancia, Norteamérica y posteriormente las dictaduras propias del continente, que buscan transformar la mentalidad de los pueblos, que el escritor presenta como la serpiente que se muerde la cola, pues nuestra historia parece devorarse a sí misma, como si el tiempo no transcurriera para nosotros, como si todo girara sobre sí mismo, como si las aguas pasaran siempre por la misma Isla.

Construyó una novela compleja que ha quedado olvidada en el tiempo. Cubagua es el primer libro que juega con las líneas del tiempo y la mitología indígena en la narrativa latinoamericana; pero también es una obra difícil de leer y juzgar. Por momentos la odias, en otros te marea, pero aún así consigue atraparte y dejarte boquiabierto. Ahora bien, no es un libro para todo el mundo, aunque todo el mundo debería leer. Es decir, hacerlo no es una tarea sencilla, ni tampoco algo para presionarse, pues incluso va adelantada a su época y en pocas páginas consigue mezclar una denuncia social, con un viaje interior y un juego entre pasado y presente, que convierten a Cubagua en una lectura que requiere de mucho tiempo y dedicación. Sin embargo, leerla es casi indispensable para cualquier lector venezolano, pues en ella están puestas nuestras primeras raíces literarias.

En definitiva, una novela indispensable, que aspira a un cambio de conciencia social que se cultiva y que espera que se vuelva repetitivo, ¿lo logró? He ahí la cuestión.

Ciudades que ya no existen, Fedosy Santaella.

sábado, septiembre 16, 2017 0
Ciudades que ya no existen, Fedosy Santaella.


Ciudades que ya no existen es un libro de relatos, que por momento parece un conjunto de personajes y acciones que se encuentran una y otra vez, formando una trama que habla del tránsito hacia la madurez, de las cosas que pocos dicen y de la nostalgia que nos tiñe el pasado que siempre fue mejor.

Con un lenguaje culto, el escritor aborda temas sórdidos con palabras refinadas, en lugares que atrapan y atraen al lector, creando una conexión entre él y el texto. Ciudades que ya no existen es un viaje entre la ficción y la realidad a través de 22 relatos que cobran vida en un juego entre lo real y lo imaginario, llenos de recuerdos y humor, mezclando belleza y nostalgia, que muestran con desparpajo una realidad cotidiana y descarnada, en una ciudad que ya no existe.

Santaella juega con el recuerdo y la ficción, mezclando mundos complejos y violentos, donde coexisten toda clase de personas que por momentos parecen sacados de otra realidad, dentro de historias que se valen de otras, tratadas con un humor excepcional, que nos hace pasar de la carcajada al llanto. Entre mis favoritos están “La Piaf nos está mirando” y “La Caracas de Puerto Cabello”, que se pasean entre la crónica y el cuento.

Los personajes padecen las agonías propias de su generación, que llegan al país a afrontar las dificultades que ofrece la “selva de cemento”. A Santaella se le nota que ha leído, pues construye su libro a través de claras referencias a grandes de la literatura, dentro de sus historias realistas y sinceras, dotadas de la experiencia del escritor, que transforma lo cotidiano en algo maravilloso, con un humor que permite sortear las peripecias de una ciudad que amenaza con acabar con nosotros.

Mediante cada uno de sus relatos, es posible reconocer a una ciudad que transitamos y que se transforma cada tanto, día día, porque somos nosotros quienes la hacemos y la deshacemos, que aguarda dentro de cada uno de nosotros. Este libro es un canto a la realidad venezolana, que permite identificarnos en ella y enfrentarnos a los paisajes llenos de pasado y de presente, a través de anécdotas que le permiten al escritor construir relatos urbanos, cargados de tristeza, con una prosa ágil y precisa, que concluye que hay ciudades que se las ha llevado el recuerdo. En definitiva, una preciosidad.

Piscinas vacías, Laura Ferrero.

sábado, septiembre 16, 2017 0
Piscinas vacías, Laura Ferrero.
Qué dura es (a veces) la vida.

Me encanta ponerme a buscar libros en internet. Soy fan de hacer listas larguísimas de obras por leer y cada vez que no tengo ganas de hacer reseñas pero sí mucho tiempo libre, me doy la tarea de anotar en un cuaderno todas esas historias que quiero ir leyendo. Así sucedió con Piscinas Vacías, una recopilación de relatos de una autora inédita hasta el momento que va sonando muy fuerte. Laura Ferrero es una chica española que con su primer libro, se alza como una gran escritora que se proyecta un futuro literario increíble, pues este es un libro impresionante.

No es un secreto que me apasionan las recopilaciones de relatos. Eso de encontrarse con distintos pedacitos de literatura en un mismo libro me encanta y en Piscinas vacías me topé con pedazos de vida sin comenzar o bien si acabar resumidos en relatos cortos que no pasan de las 5 páginas y que en total son 26.  Ferrero consigue atraparnos desde el primer momento y con poca extensión plantear situaciones que nos sorprendan y que terminan de una manera redonda. Sale de las reglas del relato y consigue crear fragmentos perfectos, lleno de un amplio conocimiento narrativo que consigue descolocar al lector desde las primeras líneas y dejarlo aturdido hasta el irreal final.

Este libro no está lleno de giros sorprendentes ni situaciones increíbles, todo lo contrario, la española toma instantes cotidianos, naturales y los congela, recreándose en el momento que escoge para darnos un pedazo de tiempo detenido que nos permite admirar dicha situación, a través de una prosa brillante, que deja caer los finales levemente, como una llamada que se cuelga sin querer, un respiro en el vacío, un suspiro al viento, porque todo queda dicho, ya que la autora no busca concluir o reflexionar de manera lógica sobre una problemática o situación, sino que deja cabos sueltos sobre la vida misma que el lector deberá concluir.

Piscinas vacías aborda, en resumen, la normalidad de la aburrida vida. Desengaños amoros,  historias de amor que todos  hemos vivido, la fragilidad de la vejez, entre muchos otros temas que la autora toma como punto de partida para  hablar de la monótona vida que todos llevamos, dotando de brillo  e interés a esos oscuros lugares de la vida donde ocurre la rutina constante y que dejan tocado al lector.

Ferrero coloca a todos sus personajes en una situación dondeno saben si deberían avanzar, retroceder o no moverse, permitiéndoles observar su alrededor como temor y reverencia, como que si su vida fuera ajena a ellos y como que si lomás fácil fuera siempre simplemente no hacer nada. Todas sus historias tienen el mismo hilo conductor, aunque son muy distintas entre sí: El amor, dejando preguntas como ¿por qué surge y cómo? Que todos nos hemos hecho en algún momento, pues los personajes de Piscinas vacíaspodríamos ser tú y yo, ya que Ferrero lo cuenta desde un punto de vista diferente, con una voz que describe lo cotidiano con gran sensibilidad.

Es fácil verse en las historias de Ferrero, en un restaurante con el amor de tu vida, en las elecciones necesarias, en el arrepentimiento inminente, en el cuestionamiento de un ama de casa que quiere dejar de ser  tan normal, o en el de un esposo que se pregunta si eligió bien su vida, la de una pareja que siempre amó en secreto o esa historia de un bebé azul, siempre con una tono que se parece mucho a eso que llaman la voz de la conciencia.


En definitiva, un compendio de relatos espectacular, que me ha fascinado y que se va directo a mis favoritos de este 2017, pues Laura Ferrero hace una conexión increíble con esos lugares del alma que poco se muestran en la literatura y que vienen a mi mente tan a menudo.