Mariana lee

viernes, 17 de noviembre de 2017

Nimona, Noelle Stevenson, #LEOAUTORASOCT

viernes, noviembre 17, 2017 0
Nimona, Noelle Stevenson, #LEOAUTORASOCT
Nimona es un libro para morir de amor. En esta novela gráfica, la chica que le da nombre tiene un poder que le permite transformarse en cualquier animal, persona o criatura, por lo que es aceptada como ayudante de Lord Ballister Blackheart, el máximo villano de este mundo, que logrará, junto a ella, conmocionar todo un reino, demostrando que Sir Ambrosio Pieldorada y sus trabajadores del Instituto de Justicia y heroísmo no son tan buenos como hacen parecer.

Entre peligros, dragones, ciencia y simbolismo, este cómic, aparentemente sencillo, me ha tomado por sorpresa. Nimona toma una profundidad que no esperaba gracias a su diversidad de personajes que salen del estereotipo, que enamoran con la ternura, la diversión y el humor propio de una novela gráfica para jóvenes y niños, que toma como protagonista a una chica normal, acompañada de unos dibujos preciosísimos, que mezclan la fantasía medieval, con la ciencia ficción y las “monsters-girls”.

Noelle Stevenson combina aventura, acción y humor en la fantasía heroica que se halla en Nimona, trabajada con una perspectiva contemporánea, a partir de una chica deslenguada y brabucona que da pie a giros inesperados, permitiéndole a la autora balancear muy bien el drama y la comedia en una historia sencilla, pero perfecta, cargada de personajes humanos, defectuosos y que forman parte de un claroscuro entre el bien y el mal.


Una novela gráfica cuyas imágenes hablan por sí solas. Nimona es un libro para pasar un buen rato, divertirse y emocionarse. En definitiva, deben leerlo con sus hijos, con sus amigos, con quien sea, pues es, sin duda alguna, un material para todo el mundo.

jueves, 16 de noviembre de 2017

El amante, Marguerite Duras.

jueves, noviembre 16, 2017 1
El amante, Marguerite Duras.

Qué duro ser el “amante”.

Nunca había leído a Duras. El amante me parecía su mejor opción, pues es seudoautobiográfica, que se ambienta en la Indochina Colonial y donde la escritora parte de su amante Lee Von Kim, luego de que años más tarde la llamara para decirle que aún la amaba y para recordarle la relación amorosa que tuvieron cuando ella sólo tenía 15 años, que la inspiró para escribir su novela, donde rememora su iniciación al deseo, el amor y el odio, que recorren la novela, que comienza con la bella frase icónica “Muy pronto mi vida fue demasiado tarde (…) a los 18 años envejecí”.

Tal y como en la vida real, El amante trata sobre una adolescente francesa que vive en Indochina y cuya familia está en bancarrota. Ella se hace amante de un chino adinerado y están juntos por año y medio, a finales del siglo XX. Tan solo tiene 15 años y el 26, que da pie a que la autora aborde la relación tormentosa entre la joven y su familia, formada por su madre loca, su hermano mayor violento y su pequeño y temeroso hermano pequeño. Pasando del amor al odio, muy pronto descubre que debe irse, emanciparse de su familia y salir de la pobreza en la que viven, escapando de la miseria gracias a su relación con el chino, que es rechazada por ambas familias, mientras ellos siguen viéndose a escondidas, atraídos por un deseo sexual más que amoroso, narrado a través de una voz que se desdobla en primera y tercera persona.

Duras introduce párrafos cortos y frases concisas para narrar su historia, ligados con los recuerdos y el pensamiento que van y vienen de manera desordenada, sin avisar y con rapidez, generando sensaciones contradictorias como la adolescencia misma, pasando de un lado a otro en una historia de amor, odio y deseo, provocando una tormenta de sentimientos en el lector, logrando conmovernos y poniendo en discusión convencionalismos y prejuicios.

Hay cosas que sólo se dicen con el cuerpo. Hay otras que se resuelven con la palabra. Pero, sin duda, hay algunas complicadas que se manifiestan en ambas ramas. Dos de esas son el amor y el dolor. Es increíble la relación implícita que hay entre ellas, porque no se experimenta uno sin el otro. Por su paete, el amor es expresivo por naturaleza, que vuelve a quien lo recibe en un Dios para quien lo da, más aún si no es correspondido, donde se halla la raíz del dolor, que es incomunicable, se padece en la más triste soledad, pero el que se entrega se pierde para sí, aunque el amor sea correspondido, dando origen al fenómeno que llaman “goce” en el que el placer es un reflejo y, como bien dice Teresa de Ávila, “el amante en el amado transforma”. Es así como la autora admite que su vida no fue tan placentera como desearía, expresando en El amante su experiencia sobre el amor y el dolor, que se han expuesto y confrontado, concentrados en esa frase de que en su vida muy pronto fue demasiado tarde, donde condensa sus sentimientos que demuestran porqué ya había pasado su tiempo.

Y el amor deja huellas y cicatrices en el rostro, por eso, quien ha amado exhibe las marcas de su mordida, enfrentándose a su vivencia y memoria, mediante el goce y el dolor de la escritura que la escritora demuestra en El amante.

En definitiva, un libro indispensable, que me ha encantado y que les recomiendo muchísimo. Para ampliar sobre la vida de esta escritora, les dejo este trabajo que aborda bastante bien el tema: http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/23_24_dic_ene_2016/TiempoenlacasaNo23_24_dic_ene_2016.pdf

martes, 14 de noviembre de 2017

La noche, Elie Wiesel.

martes, noviembre 14, 2017 0
La noche, Elie Wiesel.

Me encanta la segunda guerra mundial.

Son muchos los libros que se han escritos referentes a esta novela. A lo largo de la historia de la literatura, la II Guerra mundial ha sido un tema recurrente desde sus inicios hasta nuestra cotidianidad. Los testimonios de supervivientes a los campos de concentración me llaman especialmente la atención, pues el saber que son historias reales me produce un escalofrío satisfactorio, a la par que me impacta. Lo cierto es que en La noche, Wiesel, judía,  nos narra su experiencia dentro del momento histórico tan conocido.

Es una historia corta que se lee en una tarde. A los 14 años, Hungría, su país, cayó bajo el mando de los animales. Fueron recluidos en un gueto hasta ser trasladados a un campo de concentración (Bikernau y Auschwitz), que la autora relata partiendo de su experiencia y los horrores que sufrió, viendo morir a parte de su familia y amigos, viviendo con el miedo de ser la “seleccionada” para morir, trabajando por encima de sus posibilidades para librarse y poder sobrevivir, a través de un estilo directo y analítico, con un cierto tono de frialdad con el que Wiesel relata su propia vida, dejándote los pelos punta, dándole una perspectiva emocional a lo que ya conocíamos.

“En el fondo de sí mismo, el testigo sabía, y todavía lo sabe a veces, que su testimonio no será recibido. Sólo los que han conocido Auschwitz saben lo que era. Los otros no lo sabrán nunca”, alega la ganadora al Nobel de la Paz, que asume el papel de testigo y no de escritora como tal, tenía miedo de que hubiese demasiadas cosas superfluas. Sólo contaba la esencia. Rechazaba la abundancia. Contar demasiado me aterrorizaba más que contar poca cosa. Vaciar el fondo de la memoria no es más que dejar que se desborde”, dice con respecto al tema, describiendo un tipo de horror inconcebible para el ser humano, desde la perspectiva vivida.

“Sí, lo había visto, lo había visto con mis propios ojos, unas criaturas vivas entre las llamas”, a modo de negación, a lo que agrega: Me pellizqué la cara. ¿Seguía vivo? ¿Estaba despierto? No me lo podía creer. ¿Cómo era posible que quemasen hombres y ninños y que el mundo callase? No, todo aquello no podía ser verdad. Era una pesadilla. Pronto me despertaría sobresaltado, con el corazón latiéndome a toda prisa, y volvería a encontrar mi cuarto de niño, mis libros...”, ofreciendo un retrato del alma humana.

En definitiva, La noche es un libro corto pero tenso, que abre una trilogía que no sé si continuaré, pero que sin duda ofrece un estremecedor e inolvidable testimonio.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Ninguna eternidad como la mía, Ángeles Mastretta, #LEOAUTORASOCT.

lunes, noviembre 13, 2017 0
Ninguna eternidad como la mía, Ángeles Mastretta, #LEOAUTORASOCT.

Mastretta demuestra que las pasiones cortas y efímeras son aquellas que dejan la huella más profunda en el alma, a través de Isabel que, al bailar, descubre el motor de su existencia y el motivo para desbordar la pasión que lleva en el alma, entregándose al abismo del poeta Javier. Así como la danza y el amor, esta historia se pasea por las calles de la Ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XX, construyendo una novela que liga estos tres elementos y que baila sin parar. La autora reitera su talento en Ninguna eternidad como la mía, pues en una historia tan pequeña y sencilla, logra crear un contraste lleno de belleza, donde sus personajes describen preciosas maneras de enamorarse.

En apenas 65 páginas de pura belleza, la escritora reflexiona sobre que nada es para siempre, ni el dolor, ni la felicidad, y eso es un alivio, pues aborda las desgracias que acompañan a los amores que nos quedan para siempre, aunque deban irse, como una cometa que ilumina todo a su paso.

Ninguna eternidad como la mía es una historia deliciosa, de esas que pocas hay y de las que dejan en el lector una huella imborrable con sus fragmentos y frases, pues es la historia que cualquiera de nosotras podría experimentar; el relato de una mujer que experimenta el amor, simple, cualquiera, sin nada sobresaliente, de esas que podrías cruzarte en la vida y que termina, demostrando que no todo dura para siempre.

Ángeles Mastretta siempre tiene la capacidad de construir personajes fuertes, decididos, apasionados, con los que logro identificarme a menudo. En definitiva, una novela con la que descubrí cosas de mí que no conocía y que sacó a la luz cosas que subyacen muy dentro de mí.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Ana Isabel, una niña decente, Antonia Palacios.

domingo, noviembre 12, 2017 0
Ana Isabel, una niña decente, Antonia Palacios.
A través de la historia de Ana Isabel, Antonia Palacios nos remonta a la Caracas de principios del siglo XX, mediante la mirada introspectiva de una niña decente hacia sus primeras experiencias como mujeres ante los mayores y los otros niños, narrados con una prosa de buena poesía, que habla sobre las primeras veces y los acontecimientos importantes que nos forman como persona y que componen tu esencia, ayudándote a comprender cómo funciona todo.
Leer esta novela es como ver un álbum de fotografías de cuando eras niño y recordar esos momentos especiales. Palacios la estructura a través de los ojos de una niña que se maravilla y se impresiona por todo, gracias a su ingenuidad y decencia dentro de una sociedad provinciana y envidiosa, resentida y racista, que la envuelve mientras intenta comprender el mundo.

Ana Isabel, más allá de cualquier otra cosa, me  hizo revivir mi infancia y aquellos recuerdos llenos de nostalgias de una niñez inocente. Esta sencilla histórica me conmovió hasta la médula, me llenó de toda clase de sentimientos, haciéndome reflexionar de una forma tierna. Me partió el corazón. Me hizo sentirme yo, en todo el sentido de la palabra.


No se puede explicar lo maravilloso que es este libro, será mejor que lo lean y saquen sus propias conclusiones. Es una novela para revivir lo que fuimos y el venezolanismo, partiendo de la experiencia de la autora. En definitiva, precioso, adorable e indispensable.

El eterno femenino, Rosario Castellanos, #LEOAUTORASOCT

domingo, noviembre 12, 2017 0
El eterno femenino, Rosario Castellanos, #LEOAUTORASOCT
 
No suelo leer teatro, sin embargo, sabía que El eterno femenino era una obra obligada, pues en ella, Castellanos aborda el tema de la mujer en un mundo dominado por hombres, con una prosa cargada de humor y picardía que parte de lo irreverente.  La mexicana sintetiza que, para dejar de ser víctimas, hay que dejar de actuar como tal, logrando hacer una crítica ácida sobre la feminidad y sus constantes intentos de reivindicación y reconocimiento, en una sociedad patriarcal y machista.

Caricaturiza la moral de la “mujer de la casa”, que se enmarca en el arquetipo del “eterno femenino”, articulado por Goethe y Nietzsche, describiendo a las mujeres como ángeles responsables de encaminar a los hombres por el “buen camino”, dentro de la esencia de la modestia, la gracia, la pureza, la delicadeza, el civismo, la complicidad, la castidad, la amabilidad y la afabilidad, que las alejaban de los placeres de la carne, siendo esposas sumisas que se someten a la voluntad de su marido, después de la frustración de la madre. Así, la mexicana se burla de la mujer que se regodea y se justifica en su maternidad para faltar a esa moral que construye a manera de sacrificio.

"Lo que yo trato de demostrares que, si nos ceñimos a la maternidad como única función, no seremos indispensables por mucho tiempo. Nos convertiremos en bocas inútiles a las que se dejará morir de hambre en tiempos de escasez; a las que se tratará como objeto de experimentación o de lujo; un objeto superfluo que se desecha cuando llega la hora de hacer la limpieza a fondo”, alega, dando pie a reflexiones sobre los estereotipos de las mujeres mexicanas, logrando que nos cuestionemos ¿por qué hay tan pocas mujeres relevantes en la historia? ¿sabemos su verdad? ¿realmente queremos ser como ellas? Con un marcado tono feminista, que desacraliza y desmetifica el carácter de mártires sacrificadas con el que se han vanagloriado las mujeres que han transgredido, yendo más allá de los cánones establecidos, con motivos que van más allá de la flagelación y bajo la convicción de ser mujeres no ordinarias, motivadas por el aburrimiento, la insubordinación o la insolencia en el más puro estado de la palabra.

Critica esas luchas que se han encabezado bajo la bandera del victimismo, concluyendo que la vida no se resuelve siendo lindas, amables y dóciles para que “nos quieran”, proponiendo una práctica que no deje de enmarcarse en el “a nada digas no”, bajo el ejemplo de sus personajes que, al enfrentarse con el mundo y se dan cuenta de que no todo el mundo las aprecia, sufren y vagan por ahí luchando por un reconocimiento que no necesitan. Se ve a sí misma y de ahí parte para reflejar que el auto-reconocimiento de nuestras metas, sueños y deseos, debe hacerse sin importar si son reconocidos, aplaudidos o desacreditados, concluyendo que no necesitamos trascender para experimentar el placer de ser y la satisfacción de ser.
 
"No basta adaptarnos a una sociedad que cambia en la superficie y permanece idéntica en la raíz. No basta imitar los modelos que se nos proponen y que son la respuesta a otras circunstancias que las nuestras. No basta siquiera descubrir lo que somos. Hay que inventarnos”, concluye, dándole una nueva interpretación al rol femenino, siendo conscientes de nuestra realidad, bajo la estrategia final del humor y la sátira como elementos que le permiten afianzar su discurso.


En definitiva, la literatura es la libertad absoluta de la palabra y la única verdad del mundo, quedando reafirmado en el Eterno femenino que es, sin duda alguna, una novela fundamental dentro del feminismo.


sábado, 11 de noviembre de 2017

El pasajero de Truman, Francisco Suniaga.

sábado, noviembre 11, 2017 0
El pasajero de Truman, Francisco Suniaga.

“Mientras más me iba formando y adquiriendo conocimientos, más ignorantes e incapaces me parecían quienes en mi país, quienes desconociendo como se mueve el mundo, ejercían gobierno”.

Una mañana en 194, un hombre comenzó a reclamar sin motivo que su ropa había desaparecido. Estaba perdiendo la razón, pero no se trataba de un huésped cualquiera, sino de Diógenes Escalante, el candidato que apostaba al regreso de la democracia. A partir de ahí, Suniaga construye la metamorfosis de un país, lleno de peligros y ambiciones que aspira a encontrar la esperanza.
“En el fondo, Venezuela nunca ha cambiado ni cambiará. Se hizo de prisa, se independizo de prisa y ahora hay quienes tienen prisa por sacarla del atraso”, dice el escritor,  realizando un maravilloso ejercicio de literatura, historia y política, que le permite narrar muy elegantemente un momento crucial de la historia venezolana, del que se habla poco y que se ha olvidado con el tiempo. Logra establecer paralelismos entre lo que ha ocurrido a lo largo de la historia y lo que pasa en la Venezuela de hoy, recordándonos que hay demonios políticos de los que no logramos deshacernos.

En tres voces, con personajes ficticios basados en sujetos históricos, el escritor hace un análisis sobre Venezuela cercano a la verdad, describiendo gobiernos y sociedades de mitad del siglo XX que parecen tomados de nuestra realidad. Los venezolanos no hemos sido realmente educados y no logramos evolucionar, repitiendo una y otra vez errores anteriores que nos mantienen en el atraso. Diógenes Escalante quería convertir a nuestro país en una potencia, sin embargo, no lo logró, ¿acaso no nos lo merecíamos? He ahí el dilema.

Con El pasajero de Truman, he podido reiterar porqué la educación es el principal de nuestros errores. Yo, que espero formarme para ser docente, veo con preocupación el poco interés hacia nuestra historia, dejando de lado aquello que nos ha transformado como país, borrando nuestros momentos relevantes y dejando vacíos para abrir paso a una ideología que apuesta por la ignorancia. He de confesar que he llorado, pues me parece casi increíble que aún sigamos rodeados de tanta injusticia, ver que seguimos siendo los mismos, desinteresados y amantes de lo fácil. "De nada sirven las leyes si no hay instituciones, Humberto, y con eso no me refiero a que existan nominalmente o que se construyan grandes edificios sedes. La institucionalidad la lleva la gente en la cabeza".

Venezuela es un país complejo y complicado, que  ha sido forjado a golpes de hacha y machete, cortando con una misma tijera a todos nuestros autócratas desde la Independencia. Somos un largo y doloroso enredo, con fallas graves en política, pues todos se pelean para llegar al mandato, sin pensar en los ciudadanos, a pesar de “apostar” por el pueblo. En el fondo, no hemos cambiado, pero ¿seremos capaces de hacerlo? Fuimos hechos de prisa y ahora queremos salir con prisa de este atraso, arrastrando esa mala praxis llamada “viveza criolla”.


Con una prosa elegante, sencilla y reflexiva, que se pasea por el hablar del venezolano de antaño, la novela  aborda a ese candidato que nunca se llegó a ser presidente y que se convirtió entonces en El pasajero de Truman. En definitiva, Suniaga reflexiona sobre un país preso del bochinche, la mediocridad y la irresponsabilidad, recordándonos que el orden sólo es posible bajo la democracia civil. Muestra una parte de nuestra historia que merece ser conocida, logrando recordar poco a poco lo poco que hemos avanzado y cómo hemos llegado a donde estamos. Imprescindible.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Tokio ya no nos quiere, Ray Loriga.

viernes, noviembre 10, 2017 0
Tokio ya no nos quiere, Ray Loriga.

Caracas ya no me quiere.

Me encantan las novelas que se leen por cómo están escritas más no por lo que pasa. Tokio ya no nos quiere es una de esas, donde Ray Loriga hace un reflejo de la mente de un hombre que consume todas las drogas que le caen en sus manos, haciendo repeticiones y redundancias, que vuelan como el humo del tabaco.

El escritor nos instala en la mente desquiciada del protagonista, para que veamos con sus ojos, asumamos sus reflexiones y esperemos que la vida pase, haciendo que el lector se embarque en un viaje absurdo hacia los confines de la cabeza de ese hombre, sin saber qué es real o no, tan siquiera si realmente está (mos) vivo (s), a través de una prosa lúcida y soterrada en los adentros de la conciencia, con la que Loriga consigue describirnos ese mundo ficticio y real en el que es posible contener a una madre muerta de un televisor, o borrar de tu memoria tantas neuronas como quieras, colocándonos en la psique de un hombre que no logra olvidar a esa mujer que lo atormenta; porque hay cosas que no pueden olvidarse, ya que una vez que se sienten, nunca se van del todo, como el amor y la mujer que él guarda, que le da el hilo argumental a la novela.

Ray Loriga describe las ciudades, las calles, el ambiente, los hoteles, su viaje sin sentido hacia la nada, cómo el tiempo se detiene y cómo está harto de perseguirlo, ya sin conciencia, donde los minutos son páginas centrales de un libro que se consume, en una dimensión temporal con un personaje gris, porque sin memoria no hay tiempo, y sin él no somos ni viejos, ni jóvenes, no somos nada, tal y como le ocurre a los personajes de este libro que borran sus conciencias por traumas, intentando extirparse la idea de la fatalidad, que ven en la muerte que conocen desde el momento en que nacen, donde la droga consiste en olvidar que son y que existen.

Es así como esta novela (publicada en 1999) propone una crítica a ese futuro cercano y cuestionado para la época, donde se miraba con resquemor al futuro, por miedo a que en los 2000 se tirara por la borda todo el progreso que el siglo XX hizo, que cada día cobra más sentido, pues se plantea lo insustancial, lo artificial y la futilidad de vivir sin recordar lo que te hace ser como eres, ya que al borrar el dolor, no hay nada, solo una imposibilidad para distinguirte de otro reflejo en un espejo, mostrando la uniformidad para alcanzar la felicidad.

Es por ello que el escritor introduce un personaje que vende drogas de las que no se puede alejar, pues destruyen la memoria y evitan que cargues con malas experiencias para toda la vida, de las que él tiene mucho que decir y mucho que olvidar, cayendo en las manos del producto que vende, poniendo como objetivo final el olvido y la tragedia que supone destruir los recuerdos, mostrando sexo en solitario, en pareja, en grupos, con drogas blandas, duras, de colores, en pastillas, líquidas, viajes por carretera, que llevan a un final lleno de imágenes nostálgicas y explicaciones interesantes sobre todo lo que acabamos de leer, con un carácter de ciencia ficción propia del escritor, muy cercana al presente.

Loriga hace hincapié en los miedos del presente amenazados por signos preocupantes de deshumanización, esquematizada dentro del esquema de un libro de viajes, donde el narrador y el protagonista dan su visión de las experiencias vividas en su paso por Arizona, Berlín, Madrid, Bangkok, Vietnam y Tokio, donde el hijo de un ex alcohólico y una artista de circo recorre dichos países, vendiendo sus “amputaciones neuronales”, planteándose interrogantes al estilo ¿cómo se llena el agujero que dejan los recuerdos? ¿qué futuro se construye sin pasado? Y ¿quién maneja una sociedad desmemoriada? Con angustiosas respuestas que quedan en el aire, que se han encarnado en las apetencias voraces del capitalismo, concluyendo que Tokio ya no nos quiere, pues es allí  donde el protagonista convivió con “ella” y experimentó el temor a que “El dueño de la química sea el dueño del presente”, dando una visión de un futuro .

En definitiva, una de las obras más representativas de la narrativa de finales del siglo XX que busca la construcción de una visión “cosmogónica y romántica” de la pérdida de un mundo deshumanizado, donde Loriga acribilla al lector con frases mortales, que te dejan herido de muerte y condenado a seguir el hilo de esta novela de amor condenada al fracaso, que interpreta la herencia de una culpa que no nos pertenece y un perdón que nunca llegará.