El viejo y el mar, Ernest Hemingway


Me encanta la playa.
Hace un par de años, rescaté éste libro de la biblioteca de mi colegio donde lo tenían de pisapuertas, sí, éste bello tomo de menos de 200 páginas estaba aguantando la pesada puerta del lugar y yo no pude resistirme a quitarlo y traérmelo (para nadie es un secreto que todos los lectores nos enorgullecemos de los libros que robamos), y ha sido toda una experiencia.

En su momento, lo vi como un libro más, pero lo cierto es que es genial. Me encantan esos libros plagados de pensamientos. En ésta ocasión, Hemingway nos narra la historia de Santiago, un viejo pescador que llevaba 84 días sin pescar ni un solo pez. Sin embargo, no se da por vencido y sale a la mar, pero antes de que zarpe, ya es inevitable quererlo, y ese sentimiento va creciendo, paulatinamente, y cuando ese pez pica el anzuelo, te alegras como si acabaras de ganar la lotería, te dan ganas de ir a abrazarlo, pero las ganas de continuar con la lectura es mayor, y te pierdes en los pensamientos del viejo, y te hallas, sin quererlo, en el mar, escuchándolo de hablar de Joe Dimaggio y desear estar junto a él. La lucha con el pez sigue, hasta que el viejo lo atrapa, y es allí donde llega el sumun, Santiago, nuestro amigo, ha pescado a un pez enorme. Volvía con el pez remolcado cuando llegó el primer tiburón y a pesar de intentar defender su presa, lo devoró, y llegó a la costa con su esqueleto, y se tumbó de su cama por horas, con la tristeza a cuestas, casi a la misma altura de la que el lector siente. 

Y si, se ve sencillo, pero les juro que no lo es. Y es que una reseña en Mariana is Reading no puede quedarse sólo en esa lucha entre el pescador y su presa. Recordemos que cuando Ernest Hemingway publica su primer relato en el año 1921, cuando Estados Unidos ya era una potencia en plena expansión. El crecimiento industrial y el auge del desarrollo agrícola y el comercio sientan las bases de una economía pujante, pero es en 1930 cuando atraviesan por una crisis económica fuerte, provocada por el derrumbamiento del sistema de crédito y sumerge a la nación en un mar de desesperanza. La literatura norteamericana, que en pocas ocasiones utilizaba la realidad política y social en sus tramas, comienza a cambiar, provocado por hechos nacionales y externos, como las guerras mundiales, la crisis económica y los conflictos sociales producto del desigual reparto de los beneficios del desarrollo, y surge una narrativa que, aunque era bastante desilusionada, va orientada a temas más comprometidos y acuciantes, formando lo que se llamó “la generación perdida”, de la que Fitzgerald, Miller etc y Hemingway formaron parte. Y es por ello que su obra se transforma en el testimonio amargo y desilusionado de un hombre para quien la moral, los derechos, la justicia y la dignidad se convierten en ingenuos sueños de una juventud que madura hacia el escepticismo. Con el paso de los años, sin embargo, su obra derivó hacia una concepción esperanzadora sustentada en la convicción de que un mundo mejor es posible.

Santiago y su combate dramático y solidario con el gigantesco pez espada, se constituye simbológicamente en una actitud vital cuyo significado trasciende al plano donde la voluntad de triunfar y de superar obstáculos es lo más importante. No es ganar, sino luchar, y la aparente derrota final, cuando el pez es devorado por la bestia, es en verdad una inmensa victoria, y aunque retorna al puerto sólo con el esqueleto de su presa, éste simboliza su voluntad, “Pez, seguiré hasta la muerte”.

La historia, por ende, se desarrolla en dos planos paralelos, el real, constituido por la historia de la vejez de Santiago , “todo en él era viejo, salvo sus ojos”, con un tiempo cronológico, sus 84 días sin pescar, del muchacho que lo acompaña, de los tres días que pasa en alta mar y así, y el simbólico, en el que se subraya la significación profunda de esa historia, con un tiempo existencial, que tiene que ver con la soledad y la marginación, así como él dice  nadie debería estar sólo en su vejez” y su necesidad de probarse que sigue siendo el mejor pescador del literal, por eso le habla a su mano herida, ”Ten paciencia mano, yo sujetaré al pez hasta que se te pase esa bobería”, es la lucha que despierta el tiempo interno del pescador y lo hace sentir vivo.

Varios símbolos llaman mi atención y son mi parte favorita. El mar como espacio vital, la vejez como lo efímero, el bote como las posibilidades de triunfo, el gran pez como la meta, los tiburones como los obstáculos cotidianos, las luces de la ciudad en el agua como el norte, el muchacho como símbolo de la amistad y la solidaridad, los tres días del viejo como los tres días de Cristo entre la muerte y la resurrección, el triunfo del ser humano en relación con la naturaleza, el sufrimiento y la muerte.

La narración es bastante sencilla, sin demasiadas descripciones, con frases cortas y concisas que abordan de manera sutil temas complicadas. La novela fluye con una prosa épica, sencilla y poderosa. Los personajes no se expresan literariamente, sino como en la vida cotidiana. Todo se oye, se huele y se toca, los colores, la sed y el hambre adquieren una dimensión contundente.

Y además, recordemos la figura del pescador, tan mítica y llena de símbolos. Desde la biblia (Moisés, Noé, el mismo Jesús), hasta los relatos actuales, el pescador es una figura de intención moralizante, y además es viejo, construyendo un relato muy melancólico. Para mi, el valor de ésta obra recae en lo que no es: no es una epopeya de un héroe,  de un viejo que lucha por conquistar su sueño, no es la historia de un hombre que puesto ante el límite lo consigue, y aquí se halla mucho trasfondo con respecto a ambas Guerras Mundiales, pues “si un hombre hace frente con valor a su destino y lo acepta con entereza, luchando hasta el límite de sus fuerzas, nunca podrá considerarse derrotado.  Porque el hombre no está hecho para la derrota; un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

En definitiva, una novela genial que no pueden dejar de leer y que es una completa maravilla.

Solterona, Kate Bolick.



Vivan los ensayos.


Tengo 17 años y han pronosticado (más de una vez) que terminaré siendo una solterona. Partiendo de experiencias personales, luego de terminar con mi ex, alegó que todo se debía a que era incapaz de estar con nadie y que mi destino era ser “solterona” eternamente. Luego, tras rechazar a un chico porque simplemente no me gustaba, volví a recibir la palabrita como calificativo. Y por último, al entablar una conversación con mis primas, volvieron a usar la palabra para referirse a las chicas de su entorno que no tenían pareja y posteriormente a mí, porque a mi edad ya eran todas unas mujeres comprometidísimas. Y ojo, estamos en el siglo XXI. Ahora bien, me pregunto, tal y como lo hice en su momento, qué es realmente ser solterona y si todos ellos saben qué significa la tan usada palabra.


Kate Bolick en su primera novela Solterona, plasma su formación como mujer acompañada por cinco escritoras especialmente significativas en su vida. Nace después de muchos años de intensas lecturas e investigaciones a partir de su labor periodística. En su tesis, expone que la soltería es un fenómeno social que se ha vuelto una realidad aplastante, ella presenta gráficos que indican la cantidad de solteros en diferentes ciudades de EEUU, con imágenes de cómo el cine ha plasmado el modelo de “soltera”, como la absurda y deprimida Bridget Jones, al igual que utiliza a Beyonce, que celebra a las solteras en la famosa y universalmente conocida canción “All the single ladies”, aunque en realidad lo único que quiere es que un hombre les ponga un anillo en el igualmente conocido dedo.

Con quién me casaré y cuando son dos preguntas que, para la mayoría de la gente, definen la existencia de toda mujer, con independencia de dónde se ha criado o qué religión practica. Quizá al final le gusten las mujeres, o simplemente decidirá que no cree en el matrimonio. No importa. Estas disyuntivas determinan su vida hasta que obtienen respuesta, aunque sea con “nadie” o “nunca”.


Bolick, entre muchas otras cosas, explica el origen de la palabra inglesa que le da título a su libro: spinster o solterona, que viene de la profesión de hilandera, probablemente de las primeras mujeres que querían ser independientes. Asimismo, también estudia cómo la palabra “soltero” tiene un significado social, cultural e históricamente distinto al de “soltera”, porque mientras el primero se designaba a aquellos hombres que no podían casarse debido a sus absorbentes trabajos, el segundo era para las mujeres que se “quedaban para vestir santo” y no se casaban. Sorprendentemente, en la actualidad, millones de años después, soltero sigue vinculándose a un hombre que es tan poderoso y mujeriego que no puede casarse y soltera sigue significando que eres incapaz de encontrar a un marido que te quiera y te mantenga.


Kate Bolick, al mejor estilo de Caitlin Moran, habla sin tapujos de su recorrido vital a través de una serie de relaciones que se acaban hasta que se siente normal sin estar casada. Porque en esta sociedad organizada en torno a una unidad familiar estable, la opción de vivir solo es poco convencional. Su lucha interna, que refleja el sentimiento de otras tantas mujeres, se debate entre lo que es justo para ella y cómo la sociedad lo querría, y sus investigaciones al final, concluyeron en que no es importante si estás o no con alguien, sino vivir la vida según tus propias razones.


Es un libro en el que confluyen el ensayo, la autobiografía y la biografía, porque además de narrar sus memorias, habla de sus cinco “despertadoras”, que son cinco literatas estadounidenses que la han acompañado en su educación sentimental; la poeta Edna St. VicentMillay, la articulista Maeve Brannan, la columnista Neith Boyce, la novelista Edith Wharton y la socióloga Charlotte Perkins Gilman, todas en el plano de las letras a principios del siglo XX, que se han vuelto madres y amigas, modelos en los que la autora se refleja y se compara en búsqueda de su camino.


A través de sus cinco historias y la suya personal, Bolick establece un doble diálogo entre las escritoras y los lectores. Escarba las vivencias de éstas mujeres, estudiando sus teorías y cuestionando las convicciones sociales en búsqueda de respuestas críticas por parte del lector, una de mis favoritas es cuando dice “A veces me pregunto si, durante la infancia, un cuento de hadas o una leyenda marcan nuestra psique y se convierten en una patrón inconsciente.”, porque evidentemente, mientras los caballeros hacen grandes hazañas en casi todas las películas infantiles, las chicas se quedan esperando a que ellos lleguen a salvarlas, entre un millón de ejemplos más, donde Kate deja en claro las cuestiones que rondan su mente, concluyendo que “a pesar de que el matrimonio ya no era obligatorio, como sí lo había sido en los cincuenta, seguíamos organizando nuestras vidas en torno a él, sin discusión”.

Solterona contribuye a investigar sobre la búsqueda de la identidad femenina en una époc en la que la mitad de la población está soltera. A sus 43 años, nos ofrece su testimonio honesto para que no nos sintamos solas y tengamos modelos para la construcción de lo que ella llama “mi propio reino de acuerdo con mis propias leyes”. 

Es uno de esos libros que hay que leer, es un ensayo que reivindica un montón de temas que no hay que dejar pasar, la autora reflexiona sobre la soltería y el derecho a vivir una vida propia, dice que sus 28 años dejó a su novio y desde ahí comenzó a plantearse seriamente qué es lo que se espera de la vida y la soledad comenzó a ser una muy buena opción. Bolick ya tiene cuarenta años y está orgullosamente soltera, es una mujer moderna y aspira a un montón de cosas más allá de casarse, no como cuando era pequeña, que se puso los 30 como fecha límite para ya estar casada. Ahora, considera, como debería ser, que casarse es una opción, no una obligación, aunque para la mayor parte de la sociedad del siglo XXI tener 30 años y no estarlo te convierte en una “solterona”, pero ¿qué pasa cuando la soltería se convierte en un estado más o menos perpetuo en nuestras vidas?



Como bien dice, “Creo que la mejor defensa pasa por ignorar este hecho y centrar tu atención en descubrir y aprender sobre el enorme universo de mujeres que han vivido a su aire, solas, y han logrado ser unas artistas espléndidas o realizar vitales contribuciones a nuestra sociedad”, al igual que alega que “Mi intención en el libro no era representar a todas las mujeres solteras, sino explorar mi propia relación con la idea de estar sola, y esas mujeres fueron esenciales en mi proceso personal. No puedo representar a todo el mundo”, construyendo así una serie de ensayos contemporáneos que desmontan los discursos con respecto a las mujeres y lo femenino.


Ahora los invito a googlear la palabra solterona, para que vean cómo aparecen artículos que van dese cómo dejar de serlo hasta lo terrible que es serlo. Y me encanta que Kate Bolick no tenga problemas en autodenominarse de esa forma y no verlo de manera peyorativa y sin tabúes, desmitifica el término y plantea sus inquietudes existenciales, "Me iba haciendo mayor y no sucedía, no encontraba a nadie. Incluso llegué a pensar que el problema era yo", rememora la escritora. Circunstancias vitales que acabó aceptando, hasta logró disfrutar de ellas. "A los 35 asumí que, a lo mejor, es que no me casaba nunca. Al final me dio igual, porque me di cuenta de que me gustaba. Me gusta la vida que tengo".


Feliz de ser solterona, en búsqueda de la identidad personal, la autonomía plena y la libertad como un horizonte de realización personal; esa es la vida de Bolick y así deberíamos ser todas, estemos o no casadas, comprometidas, emparejadas ¡sea como sea! No se trata de estigmatizar el amor y la vida en pareja, sino de reivindicar la soltería como una opción de vida igual de importante y que hace igual de feliz a las que optan por ella. En definitiva, un ensayo delicioso, que no pueden dejar de leer y que recomiendo muchísimo.



Nieve negra, Camila Valenzuela León.


Vivan las buenas historias.

Éste libro tiene una puntuación altísima en Goodreads y cuenta con menos de 120 páginas, así que al ver que fue escrito por una chilena con grandes estudios en las letras no dudé en leerlo. Y que buena decisión. Nieve negra es el ejemplo perfecto de que sí se puede hacer literatura juvenil de calidad y con un trasfondo que deje algo, es de esas novelas que, aunque son cortas y “para niños”, son sumamente contundentes.

Nieve negra nos presenta dos historias que suceden en el mismo lugar pero con tiempos diferentes y en cuenta regresiva vamos descubriendo de la mano de nuestra protagonista que no todo es lo que parece y que hay algo escondido, no sólo en la casa, sino también en ella, ligado con temas propios de la adolescencia, Camila Valenzuela construye a un personaje dentro de éste proceso muy real, ella quiere a su padre, a su perra y se siente muy alejada de su madre, a la que no parece importarle, pero no es un conflicto, porque ella entiende que no tiene por qué caerle bien a su madre, ni tampoco esperar demasiado de ella porque la maternidad no es natural. Además, está ligada al cuento de Blanca nieves, entrecruzado con la cultura latinoamericana, con muchos toques de magia y que en tan solo 109 páginas presenta dos historias paralelas que tienen mucho más en común de lo que parece.

La primera, tiene lugar en Ñuñoa, Santiago, Chile, en tiempos actuales,  y nos encontramos con una niña que vive con sus dos padres y que no se lleva muy bien con su madre. Y por otro lado, nos encontramos en el mismo lugar, solo que en la época colonial, y se nos cuenta la historia de una niña huérfana de madre, cuyo padre se casa con otra mujer, construyendo la historia de la niña, la mujer y la negra (no se usa ningún otro nombre).

La importancia del género femenino en ésta historia es increíble. Muy al estilo de Aura. Toda la historia se desarrolla entre mujeres y se aprecian muy bien las similitudes con la otra historia. Me encantó el personaje de la Negra, que le da cohesión a la historia y que me ha recordado a esas abuelitas que cuentan historias en el campo. La mujer es otro punto interesante, sus motivaciones y obsesiones que forman su punto débil son bastante interesantes, y tal y como la sinopsis adelanta, con ella descubrimos lo que más tememos de nosotros mismos.

Con un final bastante cerrado, que da la sensación de que el mismo lector lleva esperando junto a la negra, el espejo y el árbol el verdadero destino que la niña se merece, termina Nieve negra, una novela que me ha fascinado, que está muy bien y que recomiendo muchísimo. Una sorpresa muy agradable, que me dejó con ganas de mucho más y que fue una excelente ganadora del premio Barco de Vapor del 2014. Un libro juvenil con una perspectiva diferente que recomiendo encarecidamente y que sería genial trabajar en los colegios.

Lo que el viento se llevó, Margaret Mitchell.



Me encanta el drama.

Para escribir un libro como éste, hay que haber leído mucho. En Lo que el viento se llevó, queda claro la cantidad de experiencia como lectora que Mitchell tenía. Ella se basó en sus conocimientos enciclopédicos acerca de la Guerra de Secesión que sufrió EEUU en el siglo XIX y de su propia vida para escribir ésta novela, mientras tenía una fractura de tobillo y no podía levantarse, su marido le insistía y no tenía nada que perder. Pero ya curada, perdió interés en su novela y volvió a su vida como periodista en Atlata, Georgia.

Pero en 1935, Harold Macmillan visitaba Atlanta buscando nuevos escritores, y gracias a su íntima amiga, Lois Cole, llegó a Mitchell. Dicen que luego de mucho pensarlo, le dió el borrador de Lo que el viento se llevó al señor, que quedó encantado, de lo que luego se arrepintió pero ya era muy tarde pues el trabajo editorial ya estaba encaminado. Terminó la obra y vio la luz en junio de 1936.

Lo que el viento se llevó es un dramón de esos que me gustan bastante. Tiene mil y pico de páginas en las que no he parado de sufrir jamás. Además, tiene una adaptación que no está para nada mal y con la que sufrí casi de igual manera, que se enmarca en un contexto histórico fuerte, cosa que me encanta y que no puedo dejar pasar, ya saben lo mucho que me gusta argumentar, analizar y buscarle millones de detallitos a todo, así que no me alargo más y ¡vamos a ello!
Gira en torno a la historia de una joven de una familia aristócrata del sur de los Estados Unidos llamada Scarlett O'Hara mediante la Guerra de Secesión. Ella está enamorada del heredero de otra familia, llamado Ashley Wilkes del mismo condado de Georgia, que se casa con Melanie Hamilton (que termina siendo la mejor amiga de Scarlett). Por su parte, Rhett Butler, un aventurero cínico y desvergonzado, que es expulsado de su familia, se enamora de ella y nos encontramos ante la lucha de él por conquistarla y de ella rechazándolo, empeñándose en seguir enamorada de Ashley.

Además, ella y su familia deben hacer consecuencias a la Guerra y lo que pasa después, Scarlett madura en medio de éste terrible obstáculo, deja de ser esa niña malcriada e ingenua de principios de la novela, para hacerse una mujer implacable, que está dispuesta a hacer lo que sea para salvar a su familia, aunque tenga que recurrir a métodos un tanto crudos, poco éticos y honorables para la época para poder sobrevivir.

Scarlett y Rhett se parecen muchísimo y esto se va acentuando a medida que avanza la novela. Ambos son muy complejos y contradictorios, son unos rebeldes inconformistas que se sublevan contra lo convencionalismos de la época. Son cínicos, románticos, egoístas... generosos, pragmáticos, idealistas: son de todo. Son difíciles, un trago duro para la trama,pero sin duda, el punto más fuerte de ella. Ambos conforman mi parte favorita del libro. Son tan humanos que casi sientes que hablas con ellos, me encanta toparme con personajes así, inolvidables, que dejan una huella, y sin duda, ellos son de esa clase.

La historia se mantiene hasta el final,el suspenso sobre qué pasará entre ellos está durante toda la novela. Esa sensación de no saber si ella por fin podrá olvidar a Ashley y encontrar la paz con Rhett, con muchas vicisitudes y relaciones de ella de por medio, con mucho dolor e interés ahí, entre ambos, que los separa y a la vez los une, es simplemente increíble leer una relación tan complicada entre personajes tan completos como ésta. Simplemente impactante y delicioso.

Pero además de todo ello, pasando de largo la historia de amor y dolor, la novela relata el derrumbe de la sociedad sureña anterior a la Guerra de Secesión de una manera muy nostálgica, con una prosa dolorosa, con mucho sentimiento dentro de ella. Dicha sociedad se presenta en términos idílicos, y la novela lamenta su destrucción, además de que dentro de ella hay mucha información sobre dicho contexto histórico, casi enciclopédica, y es allí donde se evidencia la cantidad de información que Mitchell manejaba, pues deja una clara evidencia de dicho proceso, de la etapa de la postguerra, sobretodo dentro del estado de Georgia, uno de los que más afectados se vio.

Es una novela que habla de la sociedad esclavista sureña anterior a la Guerra con un tono muy triste, en el primer acto nos narran a una sociedad llena de nobles damas y gallardos caballeros apegados a la lealtad y el honor a sus superiores. La lealtd entre amos y esclavos es presentada de una manera sumamente idealizada, pero no se ahonda en los excesos brutales que cometían los esclavos por aquel entonces, ni una imagen negativa o crítica de la esclavitud. La relación esclavo-patrón en éste caso es presentada de una forma bastante positiva, cual relación igual-igual en varios puntos.

Y es que en este caso,presentan a los Yanquis, que fueron los vencedores de la Guerra y que lucharon para abolir la esclavitud, como los malos de la historia. Refleja el punto de vista de los blancos sureños que perdieron el combate y tuvieron que soportar, en contra de su voluntad, la libertad de los negros.

Tomemos en cuenta que el contexto histórico y social en el que fue escrito la novela tiene que ver muchísimo con el apogeo del racismo. Margaret Mitchell era una mujer blanca del Sur de la nación. Cuando se escribió Lo que el viento se llevó, estaba sobre la mesa el segundo Ku Klux Klan y la discriminación hacia los negros estaba en el tope. Dentro de ésto, viene la autora y escribe una obra en la que no hay ningún odio hacia los adroamericanos. No hay ataques racistas ni expresiones denigrantes en su contra. Los negros son pintados como nobles, leales y generosos, en contraposición a la mayoría de los personajes blancos, pintados como ruines y perversos. Y sólo uno de los malvados es negro, e inclusive dentro de varios capítulos, ellos hacen actos heróicos y nobles para con los blancos, de hecho, no es casualidad que Mamita, la niñera de Scarlett y esclava, sea uno de los ejes fundamentales de la obra, siendo casi parte de la familia. La relación entre ambos colores de piel es concebida como un lazo muy paternalista, donde se cuidan mutuamente y sirve como retribución. Es por ello que relata la emancipación de los negros como un desastre, porque ninguno de los dos estaba preparado para despegarse del otro los negros se vieron perdidos y abandonados a su suerte; no estaban preparados para ser libres.

Pero es que no podemos dejar de lado que Mitchell creció escuchando los relatos de sus antepasados, todos blancos sureños que vivieron el horror de la guerra y la reconstrucción. Su visión estaba muy influenciada por los vencidos en la Guerra Civil que fue aquello, la versión de lo que habían luchado para preservar la esclavitud y que atravesaron por ese proceso de amarga derrota que destruyó y arruinó su mundo para siempre. Según ésta visión, el Sur anterior al evento era una sociedad feliz que había sido destruida por las agresiones del Norte.

No puedo dejar pasar la violación que ocurre dentro de ésta novela y esto sí que es un spoiler, así que apartir de aquí pueden dejar de leer hasta la conclusión. Hay un pasaje en el que Rhett borracho toma a Scarlett y la viola, así sin más. Sin embargo, es un pasaje muy romántico y apasionado. Ellos tienen tiempo sin practicar el sexo, y el pierde la cabeza y arremete contra ella, que al principio se resiste, y luego termina entregándose sumisa. Su entrega justifica un poco el hecho, pero se ha hablado mucho de esto, porque inclusive la misma Margaret fue víctima de violencia doméstica en uno de sus matrimonios, y que al igual que Scarlett siempre estuvo muy adelantada a su tiempo. En fin, es un pasaje muy criticado que ha dado mucho de que hablar, pero que ha generado muchos suspiros, ¿es violación, sí, no? Se lo dejo a su criterio.

En definitiva, una obra magistral que me ha encantado y que sin duda recomiendo leer. Soy toda una drama queen y éste libro se adapta perfectamente a los criterios que tengo para definir a un buen dramón de los grandes. Una novela excelente, que aborda temas como las relaciones sentimentales, la esclavitud, los dramas humanos que ocasionan una guerra, las costumbres de la época, dentro de un contexto histórico interesante, muy bien abordado, que demuestra que la mayor y mejor muestra de histórica es la literatura. A pesar de que cuenta con mil y pico de páginas, es una lectura bastante amena, que no se suele hacer pesada y que, aunque a veces baja la identidad, se mantiene entretenida. Un libro que me ha encantado y que no pueden dejar pasar por nada del mundo.



Rosario Tijeras, Jorge Franco.


No sé ni por dónde empezar.

Rosario Tijeras se publicó el mismo año de mi nacimiento (1999) y es una obra que tienes que leer porque no te va a dejar indiferente. Hacer una reseña de ella es todo un reto porque abordar una obra tan magnífica como esta no es nada fácil. Lo cierto es que me ha encantado y se va directo a mi top de este año, porque un libro como este no puede pasar por desapercibido después de leerlo.

Antonio está sentado en la sala de espera de un hospital en Medellín. Su única compañía es un anciano que tiene a alguien tiroteado dentro (igual que él) y un reloj que marca las horas de su interminable espera. Del otro lado, médicos y enfermeras intentan hacer algo por salvar la vida de Rosario Tijeras. Inmerso en la incertidumbre, en una madrugada que parece durar el lapso de una vida, Antonio recuerda su relación con Rosario y empieza a componer su historia. Víctima de violaciones desde los ocho años, desamparada en una familia desarraigada, ella no tarda en convertirse en una sicaria (aunque esta palabra, sorprendentemente no exista en el diccionario), haciéndolo casi como un juego donde las piezas son de carne y hueso, con un sabor persistente de venganza en la boca y en el pan de cada día. Una vida llena de hombres, hermanos, amigos, amantes, poderosos, pobres, extremos, salidas, entradas, que van encargándole trabajos y facilitan el hecho de que su vida sea  tan entregada a los excesos y abusos.

Jorge Franco es capaz de trazar la tenebrosa realidad del personaje, los asesinatos por encargo, la ausencia de escrúpulos y el hermetismo de las organizaciones criminales, dentro de esa apariencia de normalidad en la sociedad donde los crímenes se producen dentro de una moral alternativa pertrechada en ese perverso decorada.

Jorge Franco opta con un Antonio como narrador, dándole un toque de esperanza y sentido común, más joven, más proclive a considerar mejores opciones, aunque la realidad se lo lleve por delante. Con Rosario Tijeras constituye una excelsa muestra de literatura a través de la cual reluce la porquería de una sociedad, sumamente útil para entender la cotidianidad; se introduce en un tema vibrante con un estilo mustio, ambientada en Medellín en la época de los ochenta, cuando la ciudad estaba convulsionada por la violencia a raíz del narcotráfico organizado y la creación de grupos armados que protegían el negocio ajustando cuentas por medio de los sicarios, enfocada a través de un personaje ficticio que proviene de las comunas de Medellín, que presenta carencias desde la infancia y que al crecer manifiesta una clara rebeldía y agresividad, con una belleza que utiliza para conseguir lo que quiere, siendo hermana de un sicario y novia de otro, conociendo a Emilio y Antonio, con quienes inicia una relación sentimental “insana”, que se hace famosa por las drogas y por prostituirse con los duros del cartel de Medellín, arrastrando a sus nuevos amigos a ese camino de autodestrucción.

Dentro de la novela, existe una relación entre la creencia religiosa y la violencia, que se muestra, por ejemplo, en los escapularios que los sicarios usan para protegerse, cuando hierven las balas para no fallar en sus encargos y, sobretodo, en el nombre de la protagonista: Rosario, el instrumento que utilizamos para rezar, esa devoción colectiva, en conjunto con el Tijeras, ese símbolo con el que ella empezó la violencia y que usa como apellido, que expresa la ausencia del padre, que la desplaza a la vida al margen, ¡retratando sus andanzas trágicas y esa vida siempre al borde del abismo, con una actitud defensiva, atraída siempre por la fatalidad, que solía engordarse cada vez que mataba de miedo y tristeza.

Rosario, como víctima y victimaria, le toca cargar sobre sus hombros el lado oscuro de la existencia, pues nace con la herencia de una lucha de varias generaciones, como bien lo expresa “No sabemos lo larga que es nuestra historia pero sentimos su peso”. Su razón de ser es la violencia. Antes de disparar, besa a sus víctimas. Para ella la guerra era el éxtasis, la realización de su sueño y el detonante de sus instintos. Busca ayuda con los buenos y con los malos. Se imagina a la muerte como una puta con tacones rojos y minifalda, parecida a ella misma, como sus besos con sabor a muerto, convirtiéndose en un ídolo en las comunas de Medellín.

Lleva siempre una estampa de María Auxiliadora y del Divino Niño en su billetera, hirviendo sus balas en agua bendita antes de usarlas; al igual que los escapularios, creyendo que mueren por no estar protegidos, aludiendo a esa “religiosidad pagana”, pues todo lo que tienen y en todo lo que creen no le sirve de nada, a ella, por ejemplo, sus tres escapularios no la salvan de su muerte como una traición, en una especia de referencia al Cristo crucificado, justo a las 3:30 de la tarde, la edad (33) en la que él murió en la cruz. Así, es evidente que, aunque Rosario parece representar una transgresión de tradiciones religiosas, su muerte confirma un dominante discurso religioso, pues a fin de cuentas su asesinato viene de la necesidad de hacerla pagar por sus pecados con una pena de muerte, alternando los momentos de caída (acompañados por la lluvia) con los de salvación hasta llegar al sacrificio final.

Rosario, además, encarna muchos de los roles tradicionalmente masculinos (empezando porque es ella quien mata) sin perder su feminidad, pues es bella, atrae y “le gustan los tipos duros, no los acaramelados”, siendo una respuesta a una violenta mirada masculina que quiere confirmar ciertas estructuras con respecto a la represión (muerte) de una fuerza desestabilizadora femenina, dando desde la perspectiva femenina esta “femme fatale” que produce miedo y que debe ser erradicada (matada) para volver al orden natural.

Medellín se presenta como una mujer de varias facetas con las que se tiene una relación de amor y de odio y la novela logra retratarla como un sistema complejo y el narrador expresa el conflicto central, que lo constituye ese deseo de separarse o alejarse de la ciudad  que lo destruye y sentirse a la vez fascinado por ella.
Rosario encarna, como objeto de todas las fuerzas de tensión, una alegoría de Medellín, atrapada en medio de conflictos sociales y económicos. Ella es violenta, pero ama, dulce, pero mata, es ese puente entre las comunas de la ciudad y los de abajo, aunque fracasa en el intento, puesto que la novela también representa a esas dos entidades: “ellos”, los de las comunas y “nosotros” los de la ciudad, dos mundos que por momentos se juntan y que sufren un proceso de mímesis, los unos que quieren parecerse a los otros.
La expresión lingüística proveniente de los sicarios ilustra el texto, pero no desestabiliza el lenguaje. El “amor redentorio”, como ya han explicado grandes críticos, es la propuesta de Rosario Tijeras frente a esa violencia imperante, dentro de una novela atravesada por numerosos elementos tildados de melodramáticos, encarnados en la relación Emilio – Rosario – Antonio.
En definitiva, Rosario Tijeras alude a Medellín que se concibe como un cuerpo, una metáfora social, que es vista como un organismo humano, que enferma o sana. La ciudad que Franco construye de manifiesta como un espacio y las complejas relaciones que se establecen dentro de ella, encaradas en Rosario, hija de la ciudad y reflejo de ella, funcionando (ambas) como  drogas que atraen a sus habitantes y personajes a ese torbellino de violencia. Una novela que se da como un juego cíclico, donde los protagonistas van y vienen hacia y desde el centro de ella, que muestra esa conexión entra la ciudad y una mujer que corresponde a una interdependencia entre ambas. Rosario Tijeras es un libro imprescindible que no pueden dejar de leer, porque todos en algún momento somos ese huésped y ese parásito dentro de una ciudad que parece agarrarnos por más que intentemos escapar.