Un peculiar profesor de historia, en compañía de un
detective jubilado, persigue la pista de un hombre que bebe sangre y busca
alcanzar la vida eterna: un vampiro que transita por las calles de Maracaibo,
sorteando el calor y cazando a su próxima víctima. En una novela que no se
preocupa ni por estilos, ni por géneros, Olivar se pasea entre varios
registros, desde el tono detectivesco, las historias locales, hasta la crónica
periodística un tanto amarillista, para traernos una historia de humor y terror
que pronto veremos en el séptimo arte.

Extrapolando el caos, Olivar no busca solucionar nada, sino
terminar de destuirlo todo. En Un vampiro en Maracaibo, se inmiscuye en un
eterno debate sobre la fe y los valores tradicionales, a través de vampiros y
demonios, que rompen con esa concepción tan equivocada de la misma, dentro de
una ciudad, asociada con todo menos con lo que vemos en esta obra, que saca
nuestro lado maligno para reconocerlo, para causarnos terror y para enfrentarnos
a lo que realmente ocurre, estableciendo un cierto orden y sentido dentro del
panorama maracucho.
A través de entrevistas, reportajes, documentos, libros y
recuerdos oscuros, el escritor construye una novela que, partiendo de la
búsqueda del temido vampiro, lleva al personaje principal a redescubrirse,
partiendo del miedo que surge desde la más tierna infancia. A su vez, se
inmiscuye en el inconsciente del lector, rompiendo con tradicionalismos y
hondando en los puntos más temidos de la psique humana.
Su vampiro rompe con las características clásicas: no posee
una sexualidad desbordada, de hecho, lo único que le interesa es morir, pero no
puede, la inmortalidad para él es una maldición, a diferencia de lo que se
venía viendo en la literatura de este estilo. En ese mismo orden de ideas, Olivar
mezcla la ficción con la realidad, dejando ver que Maracaibo podría ser una
ciudad al mejor estilo gótico, escondida entre el calor y la feria de la
Chinita (qué típico).
En torno al vampiro, el escritor reflexiona sobre los peores
miedos que acarrean el alma del hombre, en ese derrumbe de todo lo que somos, o
creemos ser. Tras el conocido personaje, Olivar destruye los principios que
hemos conocido a partir de la autodestrucción, modelando la mentira del
creyente perfecto, para evidenciar que no son más que falacias para construir
una imagen llena de falsedad. Argumenta que el hombre se debate siempre entre
los dos opuestos de una realidad, sin notar que son construidos por palabras,
dotadas de cierto sentido, que no son más que construcciones subjetivas.
Es sabido que desde nuestro nacimiento, nos debatimos entre
el bien y el mal. Sin embargo ¿realmente estos opuestos existen? En Un vampiro
en Maracaibo, el escritor se debate entre ambos extremos, rompiendo de raíz con
todos los conceptos que le dan sentido a nuestro día a día. Olivar traslada
dicho principio a personajes buenos, otros malos, colocando al protagonista en
el medio, para que este logre transgredir dichas personificaciones del bien y
el mal, develando así su propia vida, sus demonios y sus ángeles, que se
confrontan para generar toda la reflexión ya presentada.
En definitiva, Un vampiro en Maracaibo asume la muerte como
fin último y necesario, que nos permite ser libres y que nos libera del
compromiso. Se debate entre el bien y el mal, concluyendo que todos poseemos a
nuestros demonios chupa-sangre que siempre están al asecho para atacar.
Lo he estado viendo mucho, parece muy interesante este libro y la forma en la se muestran otras características de los "vampiros". Quizá lo lea pronto. Saludos
ResponderEliminarSe ve bastante curioso y singular el enfoque dado por olivar a este tipo de personajes....!!! voy a buscar el libro, Muchas Gracias.
ResponderEliminarHola Mariana, seria genial si lees la nueva novela de juan viale rigo, es un escritor venezolano de la nueva generacion, lo lei hace poco porque puso sus libros gratis por un intento de suicidio. graciaas por seguiir publicando
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