Un vampiro en Maracaibo, Norberto José Olivar.


Un peculiar profesor de historia, en compañía de un detective jubilado, persigue la pista de un hombre que bebe sangre y busca alcanzar la vida eterna: un vampiro que transita por las calles de Maracaibo, sorteando el calor y cazando a su próxima víctima. En una novela que no se preocupa ni por estilos, ni por géneros, Olivar se pasea entre varios registros, desde el tono detectivesco, las historias locales, hasta la crónica periodística un tanto amarillista, para traernos una historia de humor y terror que pronto veremos en el séptimo arte.

El escritor, con un estilo ligero, no se complica y lo coloca todo en su justa medida, logrando que el lector se ría, se asuste y se desespere por saber qué pasará a continuación. Además, que la acción se desarrolle en Maracaibo le agrega la posibilidad de cuestionarse ¿qué hubiese pasado si esto fuera una realidad? Conjugando la ficción con la realidad para llegar a una atmósfera completamente creíble.

Extrapolando el caos, Olivar no busca solucionar nada, sino terminar de destuirlo todo. En Un vampiro en Maracaibo, se inmiscuye en un eterno debate sobre la fe y los valores tradicionales, a través de vampiros y demonios, que rompen con esa concepción tan equivocada de la misma, dentro de una ciudad, asociada con todo menos con lo que vemos en esta obra, que saca nuestro lado maligno para reconocerlo, para causarnos terror y para enfrentarnos a lo que realmente ocurre, estableciendo un cierto orden y sentido dentro del panorama maracucho.

A través de entrevistas, reportajes, documentos, libros y recuerdos oscuros, el escritor construye una novela que, partiendo de la búsqueda del temido vampiro, lleva al personaje principal a redescubrirse, partiendo del miedo que surge desde la más tierna infancia. A su vez, se inmiscuye en el inconsciente del lector, rompiendo con tradicionalismos y hondando en los puntos más temidos de la psique humana.

Su vampiro rompe con las características clásicas: no posee una sexualidad desbordada, de hecho, lo único que le interesa es morir, pero no puede, la inmortalidad para él es una maldición, a diferencia de lo que se venía viendo en la literatura de este estilo. En ese mismo orden de ideas, Olivar mezcla la ficción con la realidad, dejando ver que Maracaibo podría ser una ciudad al mejor estilo gótico, escondida entre el calor y la feria de la Chinita (qué típico).

En torno al vampiro, el escritor reflexiona sobre los peores miedos que acarrean el alma del hombre, en ese derrumbe de todo lo que somos, o creemos ser. Tras el conocido personaje, Olivar destruye los principios que hemos conocido a partir de la autodestrucción, modelando la mentira del creyente perfecto, para evidenciar que no son más que falacias para construir una imagen llena de falsedad. Argumenta que el hombre se debate siempre entre los dos opuestos de una realidad, sin notar que son construidos por palabras, dotadas de cierto sentido, que no son más que construcciones subjetivas.

Es sabido que desde nuestro nacimiento, nos debatimos entre el bien y el mal. Sin embargo ¿realmente estos opuestos existen? En Un vampiro en Maracaibo, el escritor se debate entre ambos extremos, rompiendo de raíz con todos los conceptos que le dan sentido a nuestro día a día. Olivar traslada dicho principio a personajes buenos, otros malos, colocando al protagonista en el medio, para que este logre transgredir dichas personificaciones del bien y el mal, develando así su propia vida, sus demonios y sus ángeles, que se confrontan para generar toda la reflexión ya presentada.
En definitiva, Un vampiro en Maracaibo asume la muerte como fin último y necesario, que nos permite ser libres y que nos libera del compromiso. Se debate entre el bien y el mal, concluyendo que todos poseemos a nuestros demonios chupa-sangre que siempre están al asecho para atacar.  

1 comentario:

  1. Lo he estado viendo mucho, parece muy interesante este libro y la forma en la se muestran otras características de los "vampiros". Quizá lo lea pronto. Saludos

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