Este que ves, Xavier Velasco. - Mariana lee

viernes, 11 de agosto de 2017

Este que ves, Xavier Velasco.



«El de la pintura es un niño desesperado. Necesita salvarse y no imagina de qué. Quiere salir de ahí, no sabe cómo.»

Velasco y yo somos personas muy diferentes del resto. Cuando era pequeña, bueno, más pequeña, era sumamente tranquila y bien portada, tanto que mi papá cuenta que un día debía ir a comprar el desayuno, me puso una película y me dejo sola, teniendo unos seis o siete años y yo ni cuenta me di. En Este que ves, parte del tema de que ser niño es entender que el que lleva al infierno es un camino corto, del que se escapa sin pensar y al que se vuelve sin querer, colocando a un niño que se resiste a contar, pues antes de hacerlo preferiría darle sepultura; pero ya esta inmerso en ese juego de hablar donde se permite todo menos dejar morir una historia.

Estoy convencida de que nos conocemos de otras vidas o nos parecemos demasiado, pues en su personaje hay demasiados rasgos mios de los que no puedo renegar. En esta novela, toca el punto de que la infancia no es difícil, pero deja muchos fantasmas que resultan invencibles, rodeados de muros inexpugnables, haciendo una especie de exorcismo al revés, pues se transforma en personaje,  haciendo del contexto su fantasma y de su cicatriz la tinta que utiliza, diciendo que "Se escribe, igual que se ama o que se vive, porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable”.

El y yo compartimos todas las vivencias de ser hijo único, porque lo fui una gran parte de mi vida. Mi hermana y yo nos llevamos diez años exactos de diferencia, por lo que ambas hemos aprendido a jugar solas, a entendernos solas, yo incluso hablaba sola, fingía conversaciones con el fin de no estar tan sola. Hay quienes afirman que ser hijo único te deja tocado, y Velasco lo confirma.

“Es la historia de un niño perdedor, un apestado que no se llevaba con nadie y que nunca tuvo oportunidad de hacer que a los demás no les cayera tan mal”, afirma Velasco. El parte de eso que llama el camino al infierno para hablar de una de las etapas mas duras del existir del ser humano: la infancia, ese momento donde te ponen los apodos que te dejan marcado de por vida, donde aborda su propia infancia y se define como uno de los niños mas procaces que la narrativa mexicana  ha podido parir en los últimos años, el no pretende ser Ana Frank, no quiere eso, ni siquiera busca contar su propia historia aunque se le escape que si lo este haciendo, simplemente quiere hablar de un niño “apestado”, que se salva escribiendo, inventando juegos que los aplica hasta en la “vida adulta”.

Para el, ser niño es una cosa complicada, porque nadie te hace caso y te miman por ser chiquito, sin saber tus necesidades sentimentales, a lo que expresa que “Tu no necesitas tener carencias para vivir la infancia. De una u otra manera la sufrimos porque los problemas siempre son más grandes que nosotros, porque todo mundo te los resuelve menos uno. Todo el tiempo estamos con las manos amarradas y conocemos poco de la vida, somos novatos que otros novatos reprimen de todas formas”; donde de alguna manera se resiste a contar su historia, pues quiere darle sepultura, a lo que agrega que “Cuando somos niños lo más probable es que cometas una falta del reglamento no escrito. Y como no tienes un hermano grande que te diga lo que tienes que hacer, entonces todo se te viene encima”.

Todos cuando crecemos queremos olvidar lo que paso en la escuela, ese fantasma que va rondando por ahí y que hay que superar, donde dice que los miedos mas profundos no se cuentan, porque se vive de manera particular y en un pequeño y encerrado mundo, pues para vivir las emociones de la infancia siendo adulto, debes ser narcotraficante o ladrón, porque “esos miedos solamente los saben los que traen dos muertos colgando”.

El niño sin nombre, que en lo particular se llama Mariana, de Este que ves es un personaje muy valiente. Es una novela sumamente intima que te mueve todas las fibras sensibles y heridas sin cerrar de tu niñez, haya sido como fuese. Entramos en ese cuerpecito (que en mi caso, no era para nada pequeño, todo lo contrario) a través de una escotilla, usando la literatura para acercarnos a esa infancia que no queremos recordar, mediante el cual el autor narra su infancia, sin estructura de novela, sin necesitar muchas paginas, porque así es la infancia: fugaz, corta, llena de horas de suplicio por ir al colegio y rodeada de gente que no te quieren, donde el encuentra un refugio a su soledad en el escribir (yo la tengo – tenia – en el leer), que le da paz y seguridad a la hora de dejar de lado todo lo que no le gusta.

Al final, me di cuenta de que ese niño cobarde, increíblemente miedoso y tan malo para la escuela que fui, me hizo la persona que soy, y llegué a la conclusión de que ese niño cobardón me salvó”, dijo. Aunque no lo parezca, hacer esta reseña me ha costado un montón porque no quiero dar ningún detalle de mi vida privada porque esta demás. Simplemente, es un libro que me causa mucha ansiedad y emoción, porque es casi impactante que otra persona distinta a ti escriba algo que te defina tanto y ni siquiera te conozca. Si, logro identificarme con muchos personajes, es sencillo encontrar características que (creo) me definen, pero pocas veces me ha pasado que me encuentro con cuestiones que parecen escritas por alguien cercano a mi, mostrando un breve retrato de lo que espero ver, mostrando ciertos detalles que incluso hemos dejado pasar, pues estoy fielmente convencida de que a veces no somos conscientes de nuestra realidad hasta que la vemos desde fuera, narrada por alguien mas, que nos abre los ojos ante lo que creíamos oculto, y quizá sea por eso que me guste tanto este libro, porque me pone de frente a algo que creía que no existía y que esta muy presente en lo que soy y en lo que estoy metida., a lo que dijo que: “Me enfrenté al niño que era, y me di cuenta de que muchas veces de las cosas que más nos avergonzamos, son las cosas de las que más deberíamos enorgullecernos. Me enfrenté al niño que fui y volví a entender que la literatura se trata de pelear, únicamente de pelear”.

Es increíble porque Xavier ( y si, me permito tutearlo) narra la historia de la historia de su infancia y todo lo que lo llevo a escribir, como una escapatoria a su insoportable niñez,  que todos hemos sufrido en algún momento, siendo esos pequeños seres solitarios y molestados, que odian la escuela,  tímidos, con el amor como tormento, que da mas problemas que satisfacciones y que, gracias a todo eso, se creen menos que el resto, creciendo en medio de esa confusión de no saber que somos o queremos ser (aunque ya lo tengo muy claro).

Reconocerse, saber que eso que esta planteado ahí son tus sentimientos, que eres tu y que alguien mas tuvo o tiene las mismas angustias que tu es un bálsamo para el alma. Así como Velasco encontraba en el contar historias su vicio, puedo decir abiertamente que el mio esta en hablar de libros, en decir lo que opino sobre ellos y en darme cuenta, a través de cada una de las reseñas, de porque me gusta tanto leer y hablar de lo que leo. No se, realmente dar mas detalles sobre el porque estoy tan enamorada esta demás, solo puedo decir que el autor me subió a una montaña rusa de emociones con sus letras. Al igual que en mi querido Diablo Guardián, sentí vértigo, la cabeza me daba vueltas, pero solo quería volver a subirme en la historia, sintiendo esa adrenalina y sufrimiento que solo Xavier es capaz de provocarme, a través de escenarios llenos de incomprensión y soledad, con frases que parecen hechas para mi, un niño atrapado en un cuadro que suplica salir, que es Velasco, que eres tu y que soy yo.

En definitiva, un libro maravilloso, que me ha encantado y que les recomiendo muchísimo, porque “se escribe, igual que se ama o que se vive, porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable”.


1 comentario:

  1. No me llama mucho porque no me quedó bien claro de qué trata y la evolución de la novela pero gracias por la reseña. Besos!

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