El rapto de Perséfone. - Mariana lee

viernes, 4 de agosto de 2017

El rapto de Perséfone.


 
La bella Perséfone era hija de Zeus y Deméter, diosa de la fertilidad. Un día estaba tranquilamente recogiendo flores con Artemis y Atenea, cuando de pronto, la tierra se abrió y de una enorme grieta emergió Hades, hermano de su padre y dios del Inframundo, raptando así a la joven.

Se dice que Zeus colaboro con dicha acción, sin embargo, no se ha comprobado, pero sí ha quedado claro que su madre Deméter, comenzó a vagar por la tierra en busca de su hija, volviéndola estéril gracias a su tristeza. El dolor de su madre la lleva a abandonar el Olimpo y buscar a su hija durante nueve días y nueve noches, sin comer ni dormir, vestida de negro, en señal de duelo, transformando su belleza  y fertilidad en la imagen de una mamá angustiada, acompañada por Hécate. Ella llega a casa de la reina Metanira, en Eleusis y es tomada como nodriza de Demofonte, el hijo menor de la reina, a quien convierte en inmortal como signo de agradecimiento. La Diosa revela su verdadera identidad y le da a la madre del niño indicaciones para que construya el famoso templo de Eleusis y le entrega a su otro hijo semillas para difundir su don de la agricultura.

El joven príncipe le cuenta a Deméter que sus hermanos vieron cómo se abría la tierra y salía de ella un hombre dentro de un carruaje tirado por caballos negros, que sujetaba fuertemente a la muchacha. Con esa información y en compañía de Hécate, se dirigen hacia Helios, el dios del Sol que todo lo ve, para que les devele quién es el raptor, develándoles que es, efectivamente Hades, intensificando su dolor.

Al ver esto, Zeus le envía regalos y mensajes a Deméter para que acepte la voluntad de su hermano, a lo que ella responde que la tierra seguirá estéril hasta que su hija sea devuelta. El Dios optó por pedirle a Hades que le devolviera a la joven, pero el astuto dios le había dado a Perséfone un grano de granada, obligándola a permanecer siempre a su lado. Al ver esto, Zeus le envía regalos y mensajes a Deméter para que acepte la voluntad de su hermano, a lo que ella responde que la tierra seguirá estéril hasta que su hija sea devuelta.

Al ver esto, Zeus le envía regalos y mensajes a Deméter para que acepte la voluntad de su hermano, a lo que ella responde que la tierra seguirá estéril hasta que su hija sea devuelta. El Dios optó por pedirle a Hades que le devolviera a la joven, a lo que respondió que así sería siempre y cuando Perséfone no haya probado la comida de los muertos.

Mientras tanto, en el Tártaro, Perséfone lloraba eternamente, negándose a comer o beber cualquier cosa que el gran Hades le ofreciera. Sin embargo, él se le acerca y le dice que la dejará en libertad, haciendo que ella acepte las semillas de granada, que la condenaron a permanecer siempre a su lado.


Ante la esterilidad de la tierra que dejaba Deméter a su paso, Zeus buscó la manera de llegar a un pacto que le conviniera a los dos, haciendo que Perséfone pasara parte del año con Hades, en el inframundo, y la otra mitad con su madre en la tierra, siendo Hécate garante de esto, dando origen a las estaciones, pues cuando la bella joven llega a la tierra, comienza la primavera, llena de flores, sigue el verano, con un calor lleno de vivos colores y, cuando es turno de volver a las tierras del perverso dios, comienzan las hojas a caer, se abre paso el otoño que desemboca en un frío y tortuoso invierno.

Este mito se presenta como aquel que retrata a la madre doliente que llora a su hija que desaparece violentamente, así como la Virgen María frente a su hijo crucificado. Exalta el dolor materno como arquetipo del amor incondicional, sublime y abnegado.

Sin embargo, tras el dolor y el desgarro, el significado del mito refiere a esa concepción sagrada y ancestral que reza que la vida y la muerte forman parte de un mismo proceso, pues no funcionan como opuestos.  Aún así, tras el arquetipo de Perséfone se esconden una infinidad de mujeres, casi todas, que comienzan siendo la típica doncella dulce e inconsciente, siendo vulnerables, sumisas y complacientes, en la espera de su príncipe azul. Llevan consigo a una madre dominante que les impide crecer y a la que se sienten sumamente apegadas.

Perséfone solía ser víctimas de la receptividad, siendo sumamente pasivas, hasta que llega un Hades que la transforma. Es la heroína de su propio mito. La obliga a crecer de la manera más cruel posible, pues caen en cuenta de que su espera por un príncipe es inútil, pero cambian el papel de depender de la madre, a hacerlo con un hombre, pues él desciende con ella a las entrañas de la tierra, un reflejo del vientre materno, un lugar ideal, donde nada nos falta y donde escapa del control de su madre, casi sin darse cuenta y que, de alguna manera, cumple sus anhelos y deseos.

Ella entra en contacto con su inconsciente, que luego de tocar fondo, la hace resarcir como una nueva mujer, la Reina del inframundo, creciendo partiendo de las heridas que le han dejado el ser dependiente. En esa oposición al mundo terrestre de la madre, que representa el plano consciente, tenemos el inframundo de Hades, que viene a ser su inconsciente, vasto y oscuro, del que consigue entrar y salir victoriosa, cosa que no todos logran.

Así, en las entrañas de la tierra, ella se desarrolla, siendo este el lugar donde las raíces de las plantas florecen, hasta salir a la base del mundo, su lado consciente, rodeado de los ríos Leteo, olvido y Mnemos, memoria, reflejando la concientización del inconsciente como la inconcientización de su lado consciente.

El mito de Hades y Perséfone personifica nuestros deseos bajo una capa simbólica, cuyo contenido permanece en las tinieblas. Ella, está entre la Tierra y el Inframundo, entre Deméter y Hades, siendo un reflejo del juego entre la consciencia y la inconsciencia sumamente peligrosa. Todos conocemos a un/a Perséfone: Ayúdala a salir.

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