La niña perdida, Elena Ferrante. - Mariana lee

martes, 4 de julio de 2017

La niña perdida, Elena Ferrante.


El fin ha llegado.

Viva Elena Ferrante, no me canso de decirlo. Con esta entrada me despido de la saga Dos amigas, que me ha acompañado estos últimos meses, con la que he quedado enamorada y que se va a mis favoritos de todos los tiempos. Hoy le digo adiós y hasta la próxima a esa maravillosa prosa de esta escritora anónima que prefiere no desvelar su identidad en un mundo consumista. La saga de Dos amigas es sin duda de las mejores cosas que he leído, he podido hacer unas reseñas increíbles y es que no se podía esperar más de unos libros como estos. Solo espero que, mas pronto que tarde, esta gran escritora vuelva a los panoramas editoriales con material a esta altura e incluso mejor – si es que puede serlo – porque sin duda alguna, el mundo necesita más héroes anónimos como la que se esconde detrás de este seudónimo, creando un contenido que pone sobre la mesa tantos problemas actuales.

Sin duda alguna, me atrevo a afirmar que la saga Dos amigas es un de los acontecimientos más importantes del sigo XXI. Lejos de lo superfluo, esta historia de dos chicas nacidas en los años cuarenta en un barrio pobre de Nápoles retrata a la perfección toda la primera generación de mujeres que e enfrentó al reto de dejar de lado la vida doméstica, ligadas a su clase social, dejando claro que la buena literatura vive bajo una trama apasionante que no limita la crítica social, en conjunto con una gran avidez que nos tiene constantemente con la duda de qué pasará, sin querer perder ni un solo detalle del análisis social que hace la escritora.
Con La niña perdida, Ferrante pone punto final a esta historia que tan bien ha planteado los dobleces de la amistad femenina, en contraposición a las aflicciones y tensiones que atormentan a las mujeres de ayer, de hoy y de mañana. Ya en esta ocasión, nos situamos a finales de los años 70's, en la vejez de los personajes, con el enredo que le da título a la historia y que permite desencadenar lo verdaderamente importante, que viene dado por la amistad de Lenú y Lila, que fue lo que inició todo este mundo.

No debemos dejar de lado que Ferrante es una escritora real y, por ende, pesimista, sin compasión por sus personajes. Ella no duda a la hora de recrear cada vertiente de miseria humana que las rodea, bien sea por un peso íntimo o material, al igual que a la hora de dejar correr los pensamientos de las protagonistas, a modo de monólogo interior y fluir de la conciencia, en búsqueda de una catábasis interna, con las manos sucias y siendo profundamente honesta.

Recordemos que Las deudas del cuerpo terminó con Lenú acompañando a Nino, de quien está enamorada desde pequeña, a un congreso en Francia. Aquí, los viajes se convierten en rutinas para ella, al igual que Nino, con quien espera mantener una relación. Ya no hay vuelta atrás, pues van camino a Nápoles, dando como sentencia que ahora su felicidad depende del amor, ya que todas sus ilusiones están puestas en él, en su sueño infantil que ya fue explorado en la primera entrega. Pero no debemos olvidar que es un sueño frágil, porque la pasión no dura para siempre. Por su parte, Lila consolida su relación con Enzo, “feliz” en su modestia, con una vida sin excesos y lejos de las convulsiones entre ella y lila.



Al mejor estilo del análisis psicológico, Ferrante habla sobre cómo las esperanzas y deseos del ser humano se ponen, por encima de todo y de todos, en el amor, más aún si no es correspondido, resaltando el hecho de que la experiencia amorosa a veces no es complicado, pues las cosas no funcionan de la misma manera que se plasma en el arte, mostrando cómo la confianza en una misma se desbarata partiendo de ahí. Lenú es una mujer adulta, madre e independiente, pero cae en los mismos errores de una muchacha, en esa idea ingenua del amor eterno y perfecto, con ese auto engaño reflejado en Nino, donde ve su última oportunidad de ser feliz, llegando a afirmar incluso que él es más importante que sus hijas, generando nuevas reglas para vivir su relación de forma sana, mostrando la evolución de una mujer que ya no cree en cuentos de hadas pero que tampoco tiene en mente rendirse ante el amor.

De nuevo, aborda el tema de cómo son mal vistas las mujeres que se separan, sobretodo si es a raíz de una infidelidad, trayendo conflictos familiares evidentes y la necesidad de cambiar el rumbo, conciliando todos los roles que adopta una mujer, que van desde madre y ama de casa, hasta la amante y la profesional que se está haciendo mayor. Es, aparentemente, evidente, pero son pocos los escritores que han abordado la angustia de la sensación de creer no estar haciéndolo bien, sin ser la mujer que se espera, mientras que el género contrario, se ve únicamente rozado por el cambio.

Me gusta el hecho de que en esta ocasión Ferrante quite la idea del aura romántica que se construye a la hora de escribir, resaltando que Lenú ya no lo hace sólo por vocación, sino como medio de subsistencia, en búsqueda de su independencia, pues ella no solo se consolida como escritora cuando la necesidad de comer la lleva a ser constante, a dar lo mejor de sí misma, en una suerte de profesión que la lleva a viajar y que hace plantearse asuntos como el hecho de hablar el público, que tanta inseguridad provoca, al igual que a la hora de manejar las emociones, siendo un león ante las críticas, como parte del aprendizaje.

La separación de Lenú es un hecho sumamente simbólico, pues es el abandono de todo lo que había construido hasta ahora, dejando a un lado la pantalla acomodada y volviendo a sus orígenes, en el barrio sucio, donde las clases vuelven a sobresalir. En esta nueva entrada, Lenú deja de renegar de su madre, pues se da cuenta de que comparte rasgos con ella y, aunque siempre ha querido combatirlos, aprende a aceptarlos y apreciarlos, aunque no hay una “reconciliación” entre ellas, aprenden a aceptarse, donde renace el afecto, así sea sólo una chispa.

Me gusta el hecho de que este acercamiento entre madre e hija le da fuerza al papel que le da Ferrante a los hermanos. Si bien la distancia entre Lenú y Elisa aumenta significativamente, progresivamente van volviendo así; al igual que Lila, con sus hermanos que, aunque no llegan a individualizarse, toman una fuerza increíble, sobretodo Rino; donde la autora deja claro su interés por las relaciones entre hermanos, en el caso de Lenú como la mujer que abandona sus orígenes y deja de sentirse “parte de los suyos”, donde la vida familiar pasa de ser en el lugar de alguien más a ser tu espacio propio.

Otro hecho que me gusta rescatar es que esta es la última aventura entre estas dos amigas, son los últimos momentos de intensidad que van a vivir juntas, pues lo que las une es el crecimiento y cudado de sus hijos, compartiendo experiencias y esos típicos celos que nunca desaparecen; mostrando una faceta desencantada de la maternidad, llena de errores, siendo sumamente rudas y viendo en sus hijos todo lo que no esperaban, unidos al rito, a la violencia, al disgusto, pues irremediablemente repiten los pasos de sus madres, sus equivocaciones, ya que el origen de los conflictos que nos rodean no están en el contexto en el que vives, sino en la naturaleza de la vida misma, que se repite como un ciclo vital en las generaciones posteriores, a modo de decir e indagar en las relaciones femeninas y ¿acaso todas terminan y pasan por los mismos problemas? Queda claro que sí.

Sin embargo, la idea que más me gusta recae en Lenú, pues su identidad se transforma en función del entorno, reivindicando la independencia de las mujeres, sale y vuelve al barrio, como la hija del conserje, que prosperó, que logró el éxito mundial y que recorre el mundo, sin perder su esencia, pues cada vez que puede se sienta con sus amigas de la infancia a hablar en su dialecto. Por su parte, Lila se ha convertido en la líder del barrio, así como lo hacían los Solara, ayudando a la gente y ganándose el respeto de su pueblo, dejando claro que en ese pedacito del barrio, a pesar de todo lo que Lenú ha logrado, ella es mas importante, dando a entender que las cosas adquieren un significado particular a partir del entorno en el que esté.



Y es en este punto donde entra la relación de Lenú con el barrio y con el exterior, en contraposición a su relación con Lila, pues es una historia representada de múltiples formas, llenas de distanciamientos y amor, que terminan en aceptar los defectos de la otra sin condenarlas, pues no pues negar que, a pesar de todo, Lila ha sido y es su mejor amiga y el barrio es su hogar, que forman parte fundamental de lo que es, de lo que escribe, de cómo entiende la vida, y deja claro que deja de creer que el barrio puede mejorar, pues eso no es más que un telón a la corrupción y la muerte que se esconde tras de él.

Ya para finalizar, recordemos que todo comenzó con la desaparición de Lila en La amiga estupenda, que llevó a Lenú a escribir el libro que tanto éxito le ha dado, siendo este punto donde la escritora reflexiona sobre la escritura, sobre el modo en el que la literatura se usa para contar la vida, sus fortalezas y riesgos, porque no debemos olvidar que las experiencias en el barrio y, sobre todo, su amistad con Lila, son su principal fuente de inspiración, donde se convierte en aliada de todo aquello que la destruía, viendo en la escritura la reconciliación con sus orígenes, para crecer como escritora, utilizando este arte como arma para contar los horrores e injusticias de la vida.

Si la vida de ambas ha estado marcada por la otra, la escritura no es un punto que se escape de esto, donde entra la envidia, pues Lenú vive con el miedo de que Lila pueda escribir mejor que ella, porque está clara de que puede hacerlo, donde mezcla la envidia e inseguridad, pues a pesar de que Lila la empuja a seguir escribiendo y es un motor para ella, el temor de ser superada por ella. Además, Lenú escribe sobre Lila porque ve en su vida temas más significativos que en la suya, donde deja reflexiones sobre la literatura, pues la prosa de Ferrante aspira a mostrar la vida misma, con sus miles de matices y errores.

En definitiva, una historia que termina. Hemos visto crecer a estas niñas, conociendo desde sus sueños infantiles hasta su constante lucha con la vida, su desgarro. Elena Ferrante ha demostrado que, a pesar de todo,

2 comentarios:

  1. ¡Hola! No había escuchado de estos libros, y por lo que dices me ha llamado mucho la atención. Espero leerlos pronto y descubrir que tal.

    Saludos ♥

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