Delirio, Laura Restrepo. - Mariana lee

martes, 18 de julio de 2017

Delirio, Laura Restrepo.



Viva Alfaguara y sus buenos libros.

Nunca había leído nada de Laura Restrepo, pero lo cierto es que este año me propuse leer todos los libros ganadores del Premio Alfaguara y le llegó el turno a Delirio, el galardonado del 2004, que me ha enamorado y que se va directo a mi top de favoritos de este año.
Delirio es una historia de premoniciones, engaños y secretos. Desde su inicio, se presenta una situación extrema: Aguilar, un ex profesor de literatura, regresa de un corto viaje familiar y encuentra a su esposa Agustina inexplicablemente loca. Así, el lector es llevado a desempeñar el papel de testigo dentro de una investigación que Aguilar emprende con el fin de descubrir cómo su esposa se volvió loca. Dentro de su investigación, hay  un montón de escenas y situaciones diversas que van de la tristeza a la gracia, que muestran las diversas capas de la sociedad colombiana que revelan su dependencia al negocio del siglo: el narcotráfico. 

Es una novela que  nos permite reflexionar sobre nuestra situación, pues dentro de la búsqueda de una explicación se destapa una clase alta corrupta y de doble moral pues financia el narcotráfico (de manera inferna) y se proclama pulcra y religiosa.

En este escenario se desarrolla otra historia igualmente enmarañada, la de los abuelos de Agustina, cuyo destino está determinado por la locura y el delirio que traspasan a su nieta. De esta manera, se cruzan dos historias que se alimentan mutuamente para brindar un panorama complejo del universo que representa esta novela, pues como ella misma lo define,  “toda historia es como un gran pastel a la vez que cada quien da cuenta de la tajada que se come y el único que se da cuenta de todo es el pastelero”.

Agustina, a pesar de ser el eje del relato, no emprende ninguna acción: no habla, no actúa, no hace nada, no opera en ella ningún cambio. Ella sólo escucha los diferentes relatos de su vida, narrados por distintos personajes, entre ellos Midas McAlister (uno de los amigos de Pablo Escobar), Aguilar, su tía Sofi, entre otros personajes que poco a poco aparecen para hablar con ella, aunque permanece muda ante todo. Tal vez su mejor caracterización es la que Aguilar describe, cuando afirma que  “Agustina es un perro famélico y malherido que quisiera volver a casa y no lo logra, y al minuto siguiente es un perro vagabundo que ni siquiera recuerda que alguna vez tuvo casa”, en las primeras páginas de la novela; ya que a medida que ella no tiene poder sobre sí misma, la acción recae sobre su esposo al emprender esa búsqueda del porqué de la aparente locura, pues es él quien realiza toda la acción a pesar de que no logra nada; viendo que ambos protagonistas no son convencionales, pues su aparente acción no los lleva a ninguna parte, giran en un eterno círculo que no les permite llegar a nada. Mediante esta característica, esta novela da cuenta de la crisis en la que han entrado los personajes, pues la autora desafía la seguridad que normalmente tienen los personajes y se pone en cuestión el relato, pues aquí no hay un sujeto estable como protagonista y, por ende, tampoco hay acción en él, porque además, todos sus personajes tienen un rasgo irracional: Agustina y su abuelo son abiertamente locos, Aguilar sólo le queda resignarse al destino que se le ha impuesto y la familia rica de Agustina, que vive una vida de mentira.

Así, recriminándola como loca, dejan de lado que todo están, de algún modo, locos, llevando un curso discontinuo con saltos temporales y espaciales, que rompen el esquema clásico y que han denominado posmoderno, pues se pasea entre el pasado de la infancia de Agustina y su presente lleno de locura, con un estilo fluido y excéntrico sin un narrador fijo, dejando que la palabra cambie de perspectiva a la vez que alterna de conciencia, que va marcado por los punto y coma que Restrepo usa para pasar la voz y los personajes, desde su propia conciencia, que narra y dialoga en un mundo que se torna, al igual que la chica, en un sin sentido.

Dentro de ella encontramos el tema de la ciudad y sus conflictos latentes a medida que avanza la lectura. Los personajes habitan en una ciudad en guerra, un todos contra todos, donde reina la individualidad y la hipocresía, que en vez de acoger a sus habitantes, le causa repulsión.

Asimismo, ella hace una caracterización distinta a la mujer de acuerdo a su nivel socioeconómico. En la novela sobresalen dos figuras femeninas antitéticas: Agustina, la loca y Anita, la empleada del hotel donde esta se vuelve loca, llamada la “desparpajada” por Aguilar, que vive en un barrio de Bogotá, mientras que Agustina es todo lo contrario, pues forma parte de la burguesía de la ciudad. Ella habla de forma refinada, mientras que Anita combina el tuteo con el usted y, sobretodo, vive con los pies sobre la tierra, mientras que Agustina tiene la cabeza en otro mundo. Son lo opuesto física y psicológicamente, pero es interesante ver cómo ambas se complementan, pues constituyen una especie de némesis bastante interesante.

La autora cuenta un universo narrativo que juega con el tiempo y el espacio, haciendo una de las novelas más influyentes de la narrativa latinoamericana del siglo XXI, pues combina varios elementos como la crisis  existencial, la religión, la investigación, la superstición, los sentimentalismos y pare usted de contar, que forman parte de los rasgos de la novela contemporánea, mostrando personalidades contradictorias, frágiles y vulnerables, denunciando esa doble moral y los secretos que siempre esconden las clases poderosas, logrando atrapar al lector y llevarlo hasta la causa final de la investigación.

Restrepo presenta el secreto como algo visible, la ceguera moral de sus personajes como una impotencia auto impuesta y el encierro como técnica social de sometimiento, usando la pragmática literaria para proponer una lectura que interpreta el delirio desde el delirio mismo, usando ciertos conceptos filosóficos.

Dicho esto, podemos afirmar entonces que, en cierto modo, el principio de la novela es el final de Agustina, pues el delirio supone una inconsistencia, una perturbación y un enamoramiento de lo absurdo, ya que si la realidad narrada es extrema, no se puede usar un aparato narrativo que trate de contenerla, por eso la novela parece invitar al lector a delirar, porque en la mente de Agustina, Bogotá se arma y se desarma, se aprietan y desatan los nudos de la moral que conforman a Colombia.

En esta novela, el secreto se resuelve a través de la moral ligada a la culpa, con un desenlace que llama a la unidad, con un retorno conservador, dejando todo de nuevo en su aparente lugar. El delirio disloca y estalla, pero muchas veces también conserva y restaura, pues el relato se resuelve en el dilema que propone.

El mundo capital se origina como un disparate absurdo, pues la droga que aparece en la novela no es psiquiátrica, sino social, pues la coca ronda la novela, que proviene del veneno más cruel: la falsa moral familiar, siendo el final, cuando todo se arregla debido a la aparente normalidad, igual que un bálsamo profiláctico, volviendo a respirar dentro del surco y curándose milagrosa y rápidamente. El alivio es el resultado del estado narcótico de la moral convencional que llena los cuerpos y la atmósfera, dando como conclusión que tal vez la que está loca no es Agustina, sino la sociedad, el yo del personaje se deshace a medida que la sociedad se arma a sí misma, pues la moral de esta y de la familia se consolida a medida que la fuerza vital del personaje se debilita.

El dilema con Agustina es que ella puede llegar a ser cualquier cosa, adivina, loca, burguesa, amante, víctima o verduga y ahí radica su belleza, su posibilidad y cautiverio. A ella la invaden fuerzas distintas, otros son los que hablan por ella. El que delira ve la fragilidad que yace en la ilusión del capital, que son destellos que nos fascinan y nos hacen parte de ellos, capaz de no hacerse parte, provocando un vacío que aterra al poder, siendo así capaz de provocar una interrupción del acatamiento moral.
El secreto, ese acertijo de la novela, que la mueve y te mantiene dentro de ella, surge como una especie de, además, autoengaño, aceptando imponernos en ese silencio a cambio de sacarle provecho, dando espacio al consentimiento; siendo así un amo y un esclavo que niegan por igual su forma de ser y actuar, en un encubrimiento cuyo despliegue deje complicidades, inventando un mundo a pesar de la realidad. Por ello enloquece ¿cómo no iba a serlo? Ese secreto tan bien disimulado que ni siquiera sus poderes adivinatorios le permiten ver, surge como el origen de la riqueza familiar, puesto que la adivinación ve hacia el futuro, mientras que el pasado permanece oscuro, no se ve, por ello, para midas Agustina es la niña “clarividente y ciega a la vez”, más aún cuando la sociedad no se quiere ver nunca a sí misma, pues latinoamerica es un continente regido por olvidos voluntarios y amnesias compartidas, dentro de una cruel estabilidad construida a punta de emociones y que desestabilizarla implicaría una perturbación de la comodidad, que llevaría a abrir los ojos en medio de la oscuridad para transformar el resto desde la experiencia propia, con un encierro que preserva el secreto.

En definitiva, una novela que se rige entre los lazos de la razón y el capitalismo, la conciencia y ese deseo de poder, con comportamientos que hace posible la sociedad, activando una cierta igualdad dentro de lo ilegal, pues como bien narra la novela, la diferencia infranqueable entre los dos mundos está solo en la apariencia y el brillo externo, llevando a cuestionarnos ¿Qué tuvo que vivir para darse cuenta de que es una ilegal como todos? ¿Para saber que la supuesta unidad de la sociedad, la institución familiar, no es más que un artificio plagado de hipocresía y grotesca dominación?, que constituye el nudo del relato, que nos lleva a descubrir la densidad moral que nos atraviesa socialmente, en una debacle personal de la locura de algunos sujetos, siendo la cabeza de Agustina quien encarna las prácticas morales familiares, generando ilusiones inconexas con la realidad, que se basan en el qué dirán. Una obra sublime, espectacular, con un muy merecido Premio Alfaguara, que habla de todo ese hilo moralista que rodea a las grandes clases y que presenta al narcotráfico como lo que mantiene unida a la simulación del ser lo que no es de la sociedad colombiana. Un libro que no pueden dejar de leer, de lo mejor que he leído en toda mi vida, que mediante la figura del delirio, nos invita a sembrar en el surco y no fuera de él, atravesando la moral para romperla y cortarla y así, remediar el yo (como Agustina) y virar hacia una recuperación mundial, que a través del cuerpo bello de la protagonista, la autora nos recuerda esa urgencia.

1 comentario:

  1. ¡Hola!
    Me ha gustado mucho tu reseña, desde hace un tiempo quería leer este libro pero no me animaba mucho, ahora está entre uno de mis pendientes de estas vacaciones.

    Yo soy venezolana y me da orgullo que en este mundo literario también se encuentren otras personas de mi nación.

    ¡Besos! Sigue así

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