El vuelo de la Reina, Tomás Eloy Martínez. - Mariana lee

jueves, 20 de julio de 2017

El vuelo de la Reina, Tomás Eloy Martínez.



Que vivan siempre esas novelas contemporáneas de calidad.

Tomás Eloy Martínez es uno de los escritores más importantes en la contemporaneidad latinoamericana. Como les dije, quiero leer todos los libros ganadores del Premio Alfaguara hasta la fecha e ir haciéndolo cada año para tener una tradición.

El vuelo de la reina fue el libro ganador del año 2002 y me llamaba mucho la atención. Di muchas vueltas para leerlo, primero pasé por El arte de la resurrección, luego por Delirio, seguí con Diablo Guardián hasta por fin toparme con El vuelo de la reina que terminó por encantarme.

Dicen que Tomás Eloy Martínez tiene la tendencia suicida de arrojarse al abismo y salir ileso, o por lo menos vivo, para contarlo. Cada una de sus obras se construye a través de un proceso de elaboración efectuado como la aventura de poseso por registrar episodios increíbles que ponen en relación la realidad y la ficción, lleno de facetas contradictorias y ambiguas sobre la existencia, en particular todas las que implican traumáticas tensiones políticas con espionajes, secuestros y asesinatos, recurrentemente acontecidos en países latinoamericanos.

La novela se centra en el todopoderoso director de un periódico argentino que se obsesiona con Reina Remis, una periodista reconocida que tiene la mitad de su edad. Tomás Eloy Martínez construye una novela irresistible sobre el deseo, el poder y cómo estos se proyectan en la identidad, con acciones repetitivas que se dan de un modo oscuro y desconcertante. La corrupción política y la impunidad que se cae a pedazos en conjunto con un deseo carnal, que van dando pie a un final imprevisible, que arrastra a los lectores a la primera línea del libro, atrapados por una historia que proyecta a la vida misma en todo su esplendor.

Ese personaje que se desmorona, que parece ser el protagonista, maneja el poder mediante la información, convertido en un voyeur que espía por la ventana a una mujer; con sus traumas psicológicos que se desplazan al sector socio-político hacia un análisis que desemboca en una pasión que lo lleva a la locura. El propósito fundamental se dispersa en la identidad, la búsqueda de nuestro origen, el desprecio a la mujer y la visión pesimista de un país lleno de pobreza por la corrupción; que nos lleva a descubrir los laberintos de Buenos Aires, partiendo del suicidio del ex presidente de la República que parece justificar la relación entre la Reina y el director.

El vuelo de la reina es una novela de protagonistas. Camargo encarna el amor a la profesión con una personalidad maníaca, que llegará a la violencia con su amante, dejando de lado su antigua vida por su obsesión con la Reina, convirtiendo la novela en una indagación sobre el amor, siendo Camargo un personaje que esconde múltiples personalidades y hay casi las misma cantidad de formas de amor en los tres años que dura su relación.
Martínez descubre un mundo corrompido, lleno de poder, riquezas, perversiones, corrupciones y periodistas que buscan la información exclusiva, llevando al protagonista a concluir que “una novela es una abeja reina que vuela hacia las alturas, a ciegas [...]. Volar hacia el vacío es su único único orgullo, y su condena”; pues esta es una novela llena de realidad, con una figura de antihéroe que nos habla de la decadencia de Argentina, enferma, llena de nostalgia y de un quiebre económico y moral, pues a través del contacto con el poder político, nos muestra el pesimismo de una sociedad, con unos personajes que se corrompen bajo el símbolo de la ventana indiscreta.

El vuelo de la reina transforma el pecado del protagonista en el eco psicológico de un trauma infantil, pues él es abandonado por su madre; conjurando la ausencia materna con el rechazo amoroso. "La ternura perdida era como una pierna o un oído que le hubieran quitado y que lo disminuía ante las demás personas", dice el narrador, llenando ese vacío con una soberbia que le permite restaurar a través de la violencia un orden ético donde la amenazante libertad femenina es siempre condicional.

Camargo está dispuesto a develarlo todo y es ahí cuando conoce a Reina, que se convierte en su presa. Y es curioso ver cómo hay siempre una tendencia a lo doble. Reina investiga sobre unos gemelos, Camargo tiene hijas mellizas, Reina se destaca a partir de una necrológica, así como Camargo, el presidente tiene dobles, construyendo una narrativa con gestos que se repiten en personajes diferentes y, como bien afirmó el escritor "La novela trabaja con dobles porque a mí me pasó algo con los dobles: yo iba avanzado en la novela, en el cuarto o quinto capítulo, cuando ocurrió la historia de Pimenta Neves, que reproducía exactamente lo que yo estaba contando. No sólo eso: se adelantaba en algunos planos al plan de mi novela. Hacía cosas que estaban previstas pero que todavía no había escrito. El proceso de dobles está en el origen mismo del relato: Camargo observando a la mujer que está en la ventana de enfrente y en el momento en que se contempla en el espejo siente que él, desnudo, no es el mismo que él, vestido".
Dice que en el fondo, hay una cuestión filosófica, "El mundo está construido por diferencias y semejanzas. En toda diferencia, aun en las más visibles, hay un elemento de semejanza. Y en toda semejanza siempre hay un elemento de diferencia. Me parece una idea progresista, porque anula los racismos".
Así, el lo que quiere es a Reina hasta que ella lo abandone y pague por esa osadía y ¿realmente se puede desobedecer al poder? Tomás Eloy Martínez cree que de ahí viene la clave del personaje: "Es posible resistir al poder. Esa resistencia de Reina la hace grande. En el duelo entre Reina y Camargo, gana Reina, porque es la única que dice "no".


El vuelo de la reina nace en la seducción de su prosa realista y directa y muere bajo el peso de ciertas reflexiones huecas.  "Una novela es una abeja reina que vuela hacia las alturas, a ciegas, apoderándose de todo lo que encuentra en su ascenso, sin piedad ni remordimiento, porque ha venido a este mundo sólo para este vuelo", señala el último párrafo del libro, citando a la memoria de grandes escritores. Martínez habla en El vuelo de la reina de la soledad del poder, de un político convertido en el temor que inspira, y el narrador jamás se decide entre diseccionar la confusa mente de un poderoso o echarle la culpa a su soberbia, llevando a cuestionarnos si Camargo es soberbio porque es poderoso, si esto se debe a su debilidad infantil o  si solo se trata de un neurótico paranoico.

Las pasiones humanas permanentes, el poder, el amor, la codicia, la soledad y todo lo que modifica y mueve la maquinaria de las pasiones de las que estamos hechos se resume en el deseo; somos hijos y víctimas de él y todo el dolor de Camargo se traduce en el abandono que dio pie a su situación, que alude a la de Argentina, especialmente por parte de Europa, que terminó por dejarla sola, después de todo lo que le habían dado.

El autor concluye que  "El deseo es determinante del poder. Hay un deseo de poder, hay un deseo de posesión. Sin deseo no hay respiración en el mundo, es lo que pone al mundo en movimiento. Hay deseo de salvarse, de curar, de tener riqueza y tener fama, de amar y proteger. Pero el deseo es el núcleo de la novela. Más que una novela de amor es una novela de deseo, insatisfecho en Camargo; frustrado o golpeado en el caso de Reina".

En definitiva, una obra excelsa, merecedora de dicho premio, que les recomiendo muchísimo y que no pueden dejar pasar por nada del mundo. Martínez construye una novela maravillosa que me ha encantado y que espero que le den una oportunidad.

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