El viejo y el mar, Ernest Hemingway - Mariana lee

lunes, 26 de junio de 2017

El viejo y el mar, Ernest Hemingway


Me encanta la playa.
Hace un par de años, rescaté éste libro de la biblioteca de mi colegio donde lo tenían de pisapuertas, sí, éste bello tomo de menos de 200 páginas estaba aguantando la pesada puerta del lugar y yo no pude resistirme a quitarlo y traérmelo (para nadie es un secreto que todos los lectores nos enorgullecemos de los libros que robamos), y ha sido toda una experiencia.

En su momento, lo vi como un libro más, pero lo cierto es que es genial. Me encantan esos libros plagados de pensamientos. En ésta ocasión, Hemingway nos narra la historia de Santiago, un viejo pescador que llevaba 84 días sin pescar ni un solo pez. Sin embargo, no se da por vencido y sale a la mar, pero antes de que zarpe, ya es inevitable quererlo, y ese sentimiento va creciendo, paulatinamente, y cuando ese pez pica el anzuelo, te alegras como si acabaras de ganar la lotería, te dan ganas de ir a abrazarlo, pero las ganas de continuar con la lectura es mayor, y te pierdes en los pensamientos del viejo, y te hallas, sin quererlo, en el mar, escuchándolo de hablar de Joe Dimaggio y desear estar junto a él. La lucha con el pez sigue, hasta que el viejo lo atrapa, y es allí donde llega el sumun, Santiago, nuestro amigo, ha pescado a un pez enorme. Volvía con el pez remolcado cuando llegó el primer tiburón y a pesar de intentar defender su presa, lo devoró, y llegó a la costa con su esqueleto, y se tumbó de su cama por horas, con la tristeza a cuestas, casi a la misma altura de la que el lector siente. 

Y si, se ve sencillo, pero les juro que no lo es. Y es que una reseña en Mariana is Reading no puede quedarse sólo en esa lucha entre el pescador y su presa. Recordemos que cuando Ernest Hemingway publica su primer relato en el año 1921, cuando Estados Unidos ya era una potencia en plena expansión. El crecimiento industrial y el auge del desarrollo agrícola y el comercio sientan las bases de una economía pujante, pero es en 1930 cuando atraviesan por una crisis económica fuerte, provocada por el derrumbamiento del sistema de crédito y sumerge a la nación en un mar de desesperanza. La literatura norteamericana, que en pocas ocasiones utilizaba la realidad política y social en sus tramas, comienza a cambiar, provocado por hechos nacionales y externos, como las guerras mundiales, la crisis económica y los conflictos sociales producto del desigual reparto de los beneficios del desarrollo, y surge una narrativa que, aunque era bastante desilusionada, va orientada a temas más comprometidos y acuciantes, formando lo que se llamó “la generación perdida”, de la que Fitzgerald, Miller etc y Hemingway formaron parte. Y es por ello que su obra se transforma en el testimonio amargo y desilusionado de un hombre para quien la moral, los derechos, la justicia y la dignidad se convierten en ingenuos sueños de una juventud que madura hacia el escepticismo. Con el paso de los años, sin embargo, su obra derivó hacia una concepción esperanzadora sustentada en la convicción de que un mundo mejor es posible.

Santiago y su combate dramático y solidario con el gigantesco pez espada, se constituye simbológicamente en una actitud vital cuyo significado trasciende al plano donde la voluntad de triunfar y de superar obstáculos es lo más importante. No es ganar, sino luchar, y la aparente derrota final, cuando el pez es devorado por la bestia, es en verdad una inmensa victoria, y aunque retorna al puerto sólo con el esqueleto de su presa, éste simboliza su voluntad, “Pez, seguiré hasta la muerte”.

La historia, por ende, se desarrolla en dos planos paralelos, el real, constituido por la historia de la vejez de Santiago , “todo en él era viejo, salvo sus ojos”, con un tiempo cronológico, sus 84 días sin pescar, del muchacho que lo acompaña, de los tres días que pasa en alta mar y así, y el simbólico, en el que se subraya la significación profunda de esa historia, con un tiempo existencial, que tiene que ver con la soledad y la marginación, así como él dice  nadie debería estar sólo en su vejez” y su necesidad de probarse que sigue siendo el mejor pescador del literal, por eso le habla a su mano herida, ”Ten paciencia mano, yo sujetaré al pez hasta que se te pase esa bobería”, es la lucha que despierta el tiempo interno del pescador y lo hace sentir vivo.

Varios símbolos llaman mi atención y son mi parte favorita. El mar como espacio vital, la vejez como lo efímero, el bote como las posibilidades de triunfo, el gran pez como la meta, los tiburones como los obstáculos cotidianos, las luces de la ciudad en el agua como el norte, el muchacho como símbolo de la amistad y la solidaridad, los tres días del viejo como los tres días de Cristo entre la muerte y la resurrección, el triunfo del ser humano en relación con la naturaleza, el sufrimiento y la muerte.

La narración es bastante sencilla, sin demasiadas descripciones, con frases cortas y concisas que abordan de manera sutil temas complicadas. La novela fluye con una prosa épica, sencilla y poderosa. Los personajes no se expresan literariamente, sino como en la vida cotidiana. Todo se oye, se huele y se toca, los colores, la sed y el hambre adquieren una dimensión contundente.

Y además, recordemos la figura del pescador, tan mítica y llena de símbolos. Desde la biblia (Moisés, Noé, el mismo Jesús), hasta los relatos actuales, el pescador es una figura de intención moralizante, y además es viejo, construyendo un relato muy melancólico. Para mi, el valor de ésta obra recae en lo que no es: no es una epopeya de un héroe,  de un viejo que lucha por conquistar su sueño, no es la historia de un hombre que puesto ante el límite lo consigue, y aquí se halla mucho trasfondo con respecto a ambas Guerras Mundiales, pues “si un hombre hace frente con valor a su destino y lo acepta con entereza, luchando hasta el límite de sus fuerzas, nunca podrá considerarse derrotado.  Porque el hombre no está hecho para la derrota; un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

En definitiva, una novela genial que no pueden dejar de leer y que es una completa maravilla.

1 comentario:

  1. Hola
    Es todo un clásico. No descarto leerlo en un futuro.
    ❤❤

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