De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Caver. - Mariana lee

miércoles, 28 de junio de 2017

De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Caver.


Vivan los libros hermosos.

Me encantan esos libros cuya fuerza impacta, que te desajustan, desequilibran, que te golpean con fuerza. Y aquí, como bien lo anuncia el título, hay una serie de cuentos que complejizan la idea del amor. Cada uno de ellos me produce sensaciones muy fuertes, sentimientos encontrados, que a fin de cuenta me han encantado.

Caver no nos muestra historias completas y definidas, sino que nos muestra cabalmente el tránsito diario de cada uno de los individuos que introduce. Las historias de éste libro no suelen tener una resolución definida, y es ahí donde se halla el éxito del potencial de la obra. Con el sentido suspendido sobre los finales, de los diálogos y los gestos de los personajes que indican mucho más de lo que está en plasmado en papel o lo que el lector puede llegar a captar en un primer momento, porque son un recorte deliberado de la vida de esos individuos, que sin duda son reales, que se aproxima mientras uno lee y se desenfoca entre el resto de imágenes y recortes que procede de ese breve pedazo, y nunca terminamos de saber si ese dolor o pasión que rodea a los personajes se solventa de todo.

Los argumentos  están tan bien trabajados que es imposible resistirse a la emoción de completar el relato mediante conjeturas que nunca son suficientes. En cada uno de sus relatos, el autor prescinde de lo que el lector aventure sobre sus silencios y omisiones. Cada cuento se basta a sí mismo, con lo que dice y con lo que no de una forma terrible, es una mirada rápida e indeleble de algún episodio de la pasión o de un personaje, y con ello el recorrido por el deseo, la soledad, la falta de comunicación y todo lo que rodea a esa famosa palabra.

Entre mis cuentos favoritos están “Visor”, “Balverde”, “Veía hasta las cosas más minúsculas”, “Diles a las mujeres que nos vamos”, “Después de los tejanos”, “Las cosas que acabaron con mi padre”, “La calma” y “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, que, por sorprendente que parezca, no tienen un romanticismo edulcoradísimos, no posee ni por asomo el perfume dulzón al estilo Federicco Moccia ni ese carácter adolescente. Ésta obra está catalogada como realismo sucio, y ya les digo que es del bueno. Recordemos que Caver fue un alcohólico, con vida de telefilme desapasionado y un autodestructivo de manual y en sus 17 relatos hay maridos maltratadores, camareras que sirven tortitas con sirope, réquiems por el sueño americano entre cenizas de Malboro, conversaciones amargas y afiladas, con marginación, con soledad, con cualquier tipo de cosas alejadas de la idea que se tiene del amor.

En definitiva, un libro genial, que no pueden dejar de leer y que es una buena idea de lo que es realmente el amor, alejado de todos los estereotipos que lo pintan como una maravilla y que dejan por fuera la realidad que lo rodea. Una lectura imprescindible, que les recomiendo muchísimo y que espero que lean pronto, así como yo intentaré seguir haciéndolo con Caver.

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