Viva
Laurita.

Me encanta
cuando l@s escritor@s toman momentos históricos determinados y figuras
reconocidas de dichos procesos (buenas o malas) y les dan una mirada
completamente distinta. Con Malinche, Laura Esquivel nos presenta una visión
completamente distinta, reivindicando la figura de la denominada “Eva
latinoamericana”, madre del primer mestizo.
Lo cierto es
que la novela nos cuenta la historia de Malinalli, una indígena nahua, vendida
como esclava a Cortés, quien la utilizó como “la lengua”, la traductora entre
indígenas y españoles, que ha sido acusada de traidora durante siglos, por
haber vendido a su pueblo al invasor en uno de sus discursos. Esquivel ha
imaginado el mundo como lo vio la Malinche, dándose cuenta de que era una mujer
objeto, que veía (en un principio) a los españoles como salvadores que acabarían
con los sacrificios y que deseaba un cambio dentro de ese sistema, en
contraposición a la figura del conquistador, para mostrar sus deseos y de dónde
venía su ambición desmedida. Concluye en que fue un encuentro entre dos
visiones opuestas, la del mundo indígena, llena de espiritualidad, donde cada
acto repercute en el todo, frente a una visión donde no se pretende ser parte
de, sino dueño de.
Dos
culturas, un encuentro, un choque, retratados mediante la aventura vital de
Malinalli, Marina o la Malinche, amante de la figura colonizadora fundamental
de la historia mexicana. La autora no pretende ni glorificar ni satanizar al
personaje (cosa que me encanta), tan sólo quiere “ver a la mujer en su momento
histórico”. Afirma que de ella se sabe poco, sólo los datos esenciales que
plagan los libros de historia, que la pintan como una mujer bella, inteligente,
pero traidora, y ella sigue su rastro en códices y, sobretodo, a través de la
tradición oral y el valor de la palabra.

En
definitiva, Laura Esquivel con una narración en tercera persona ligada con
códices, reivindica la historia de la Malinche y hace que los sentimientos se
dirijan a los sufrimientos y angustias de la protagonista, permitiendo que el
lector sea el que juzgue (¿acaso hay perspectivas distintas dependiendo del
género), constituyendo al personaje como sujeto de discurso en vez de objeto de
este, capaz de mostrar la historia desde otra perspectiva, que surge como un
ciclo, pues va repitiendo las acciones que ocurrieron en un principio, en un
sentido literal y simbólico, constituyendo un personaje ambiguo y
contradictorio, con un esquema no patriarcal, capaz de crear y nombrar al
mundo, convirtiéndose en una omnipotencia femenina que recrea el mundo
latinoamericano a través de una mujer, lleno de factores étnicos, culturales y
de pluridimensionales, que constituyen una referencia obligatoria para la
literatura latinoamericana.
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