Instrumental, James Rhodes. - Mariana lee

martes, 16 de mayo de 2017

Instrumental, James Rhodes.


Para éste hombre, la música es lo que para mí son los libros.

“Memorias de música, medicina y locura” es la frase que acompaña a la portada del libro; que resume las memorias del pianista James Rhodes desde su niñez hasta su presente, en las que la música, la medicina y la locura lo han acompañado siempre, al igual que el dolor y el amor. Él no es escritor e Instrumental no es literatura. Él es pianista y ésta es su autobiografía. James Rhodes es un pianista que toca que te cagas y una persona bien sensible, que ahora, después de muchos años, es consciente de que hay que vivir la vida, venga como venga.

A James lo violó su profesor de gimnasia por cinco años seguidos, desde los 6 hasta los 11 años. No es fácil vivir con una tragedia como ésta a cuesta. “Si comparásemos la vida con correr un maratón, los abusos sexuales en la infancia tendrían el efecto de quitarte una de las piernas y cargarte con una mochila llena de ladrillos en la línea de salida”, decía el autor en un artículo para “Daily Telegraph”, en el 2012, y es que su vida ha sido un maratón lleno de hechos horribles, ha sufrido una cantidad absurda de trastornos físicos y mentales, ha sido adicto al alcohol, al sexo, se ha prostituido, autolesionado, intentado suicidarse 5 veces e internado a la fuerza en un hospital psiquiátrico a raíz de ello, ha caído en la ruina, su matrimonio se ha ido al caño y perdió la custodia de su hijo. Y, asimismo, ha conseguido forjarse una gran carrera como pianista y divulgador televisivo… ah, y después de todo, ser completa y razonablemente feliz.

En “Instrumental” habla con franqueza, e inclusive con un lenguaje bastante grotesco y soez, de todas las situaciones escabrosas por las que ha vivido, sin privarse de llamarlas por su nombre, de contarlas bien explícitamente y sin dejar por fuera ningún detalle, tanto así, que el libro casi no sale a la venta, a lo que Rhodes alega que lo dejó hecho polvo, porque su violador de advertía que si decía algo de lo que ocurría, le iban a suceder cosas terribles. Y treinta años después, cuando por fin se atreve a contarlo, unos jueces le prohibían el derecho de contar lo que le había pasado, comparándolo inclusive con el caso de un hombre que había contagiado deliberadamente a su esposa con VIH. Increíble. Para que veamos cómo está el mundo. Inclusive, gastó una fortuna, quedó en bancarrota y estuvo a punto de perder su casa para poder costear en el proceso legal en el que se encontraba sometido, hasta que finalmente el Tribunal Supremo autorizó la salida de “Instrumental”, alegando que “una persona que ha sufrido del modo en que el apelante ha sufrido y que ha luchado para hacer frente a las consecuencias de su sufrimiento de la forma en que él ha luchado tiene derecho a hablarle al mundo sobre todo ello”, y vaya qué razón.
Afirma que no es una terapia, ni un modo de exponerse, sino simplemente el deseo de ayudar a otras personas, dice “Habría sido más fácil para mí no describir según qué escenas, no dar detalles de sucesos que aún hoy me destroza rememorar –explica-. Cuando voy en metro y me parece que alguien me reconoce, pienso que esa persona probablemente sabe más cosas de mi vida privada que de la vida de algunos de sus parientes o de sus compañeros de trabajo, y eso me incomoda. Pero es un precio muy pequeño al lado de los miles de mensajes de agradecimiento que recibo, de gente que se reconoce en mi experiencia o que, gracias a la lectura del libro, entienden mejor cómo se sienten personas de su entorno que han pasado por algo similar”.
 
Además, es uuna carta de agradecimiento a Bach, Beethoven, Chopin, Schubert, Brahms, Ravel, Mozart, Rachmáninov, Prokófiev, Lisxt, Scriabin y un montón de compositores clásicos que reiteran el poder curativo de la música. El bien dice que sin ellos estaría muerto, el único refugio que pudo hallar frente a todo el dolor que tenía encima fue una versión para piano que Busoni hizo del segundo movimiento de la segunda partida para violín de Bach, la “Chacona”, cuyo descubrimiento le salvó la vida y que hoy en día es su pieza musical favorita. 
Y es que él es un reinventor de la música clásica, de hecho abre el libro diciendo que le excita sin ningún pudor. Su carrera siempre ha estado cruzada contra los rígidos convencionalismos que se siguen aferrando a las costumbres de los años 30, dando como consejo, “No dejes que unos pocos imbéciles vetustos y endogámicos impongan cómo debe presentarse esta música inmortal, increíblemente maravillosa”, cosa que sigue a rajatabla, pues en sus discos huye de todas las mariconadas que llevan años usándose, en sus conciertos se viste como un tipo cualquiera, con jeans y sudaderas, dejando los grandes trajes para otra ocasión y entre pieza y pieza, en sus conciertos, va soltando palabrotas. Es el primer artista de música clásica con una advertencia para padres en la carátula, donde habla sobre las obras que interpreta o sobre los compositores, a quienes define como una mezcla entre superhombres y tarados sin remedio, “en el fondo eran seres profundamente humanos que utilizaban la creación musical para lidiar con su locura. Algunos eran gente espantosa. Chopin, por ejemplo, era un racista, un trepa, un hombre horrible. Que alguien así pueda dejar un legado tan maravilloso y duradero es algo extraordinario”.    
Al final, después de todo el sufrimiento, de toda la música escuchada, sentida y leída (que por cierto, tiene su propia lista de reproducción en Spotify, cierra diciendo: “No tengo ni idea de si voy a sobrevivir a los próximos años. Desgraciadamente, siempre estoy a dos malas semanas de distancia de un pabellón cerrado”. Y es ahí cuando entiendes que así estamos todos, si algún día, por casualidad,  has disfrutado de una canción, si al leer esto recuerdas una melodía, e inclusive, si hay algo en tu vida que te mantenga a flote, Instrumental es un libro indispensable para ti (es decir, para todo el mundo).

En definitiva, una biografía cruda, que presenta los efectos tanto físicos como mentales de una violación, que habla con una explicitud tan descarnada sobre lo que se siente haber tenido una vida de mierda y que te deja hecho pedazos. Un libro cargado de realidad, que no podemos dejar de leer y que pone sobre la mesa un tema tan delicado como el abuso sexual, que te hace reflexionar porque alguien que conoces ha pasado por ello. Y tal vez eres tú (háblalo).

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