Aura, Carlos Fuentes.

viernes, mayo 12, 2017 Mariana Teresa Garcia Escobar 0 Comments

 

Viva la simbología.

El hombre caza y lucha. La mujer intriga y
sueña; es la madre de la fantasía, de los dioses.
Posee la segunda visión, las- alas que le
permiten volar hacia el infinite del deseo y de la
imaginación... Los dioses son como los
hombres: nacen y mueren sobre el pecho de
una mujer...

Aura es una novela muy cortita. Cuenta con sólo 62 páginas, pero vaya 62 páginas. Aquí queda plasmado eso de que corto no es igual a ágil y sencillo. Es un libro que está plagado de símbolos y que contiene un mensaje bastante fuerte, que no pueden dejar de leer y que me ha encantado.

La literatura del siglo XX me apasiona, más aún si es latinoamericana, y Aura, una novela publicada en el '62, es una de las novelas más importantes de aquella época y con razón. Es una novela compleja, porque la relación que se plasma dentro de ella te mantiene con la duda hasta el final y dentro de esas pocas páginas hay un montón de espacio para interpretar, llena de símbolos y mensajes que pasan por desapercibidos si no se les da la importancia necesaria, pues Aura es la concepción espiritual de l rechazo a la vejez y el aferro a la juventud que se apodera de la belleza física.

Porque además, es ganadora de un Premio Cervantes, es completamente una joya de la literatura latinoamericana. Y me encanta que esté narrada en segunda persona, desde la perspectiva de Felipe, que te adentra completamente a la historia, te habla a ti e inclusive sientes que es de ti de quien se habla en ésta historia. Y es que es una novela que no necesita de muchos detalles para ser grandiosa; pocos personajes, un ambiente basante creepy, misterio, símbolos, incomodidad, una trama aparentemente simple y un ritmo bastante ágil y rápido, aunque no del todo sencillo; además, es una novela donde la pasión, el misterio y los secretos se entretejen de tal manera que no puedes soltar la novela, por más compleja que pueda parecer.

Las casas antiguas suelen estar llenas de misterios. Son pocos los que descubren sus secretos y lo de sus habitantes, y aunque hoy en día la percepción suele ser bastante escéptica, hay cosas que escapan de la razón. Felipe Montero no sabe qué hacer cuando lee en el periódico un anuncio que ofrece empleo a alguien con sus mismas cualidades para un trabajo con muy buen sueldo, que consiste en organizar y terminar las memorias de un general para que puedan ser finalmente publicadas. Después de pensarlo, acude a la dirección indicada, en una calle del Centro Histórico de la Ciudad de México, donde la numeración de las calles es bastante confusa. Luego de mucho caminar, llega a la casa y conoce a la viuda Consuelo, quien quiere emplearlo; Felipe duda bastante a la hora de aceptar el trabajo, pero al conocer a Aura, una joven preciosa y sobrina de la señora Consuelo, no duda en cambiar de opinión. Conforme pasa el tiempo, él descubre que pasa algo raro entre las dos, además de que el trabajo encargado es bastante raro, pero a medida que convive con ambas mujeres, va sintiendo mucho desprecio por la primera y un gran amor por la segunda, pero no todo puede tener un final feliz. Comienzan a pasar cosas extrañas en la ocura y desgastada casa, y a causa de su ansia sexual, Felipe pierde el control sobre varias situaciones, inclusive de su propia vida, provocada por dos mujeres que tal vez son sólo una persona.

Aura es una novela quimérica y muy mágica, rodeada de un ambiente misterioso y siniestro que está muy arraigado en el estilo y el lenguaje de Fuentes. La cada de la señora Consuelo es casi idéntica a esas típicas casas de brujas que había en los cuentos de hadas que leíamos de pequeños, con lamentos y maullidos que asechan en la noche. Además, esas dos señoras, sus comportamientos y presencias que aportan otro toque de misterio, se mueven siempre en la misma sintonía, como si se imitaran y dependieran una de la otra, como bien narra Felipe Te repites que siempre, cuando están juntas, hacen exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran, salen, al mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de una dependiese la existencia de la otra”, y es en esa en la situación en la que se encuentra, y a su vez el lector, pues con esa narración en segunda persona, el protagonista te habla a ti, como si fuera la persona que tiene que actuar en la situación que el escritor describe; desde el primer momento, ese anuncio, que lees y relees el aviso, y parece dirigido a ti y a nadie más. Fuentes te envuelve en la historia, de una manera en la que sólo él sabe hacerlo, tú te conviertes en Felipe Montero y tienes que actuar, pero sólo puedes reaccionar, y utiliza constantemente las formas del futuro, ocurrirán, pasaran, porvenir, pero todavía aparentemente no.
Es por ello que no es una novela fácil, la relación entre dos mujeres, su unidad y dependencia se muestra a lo largo de la obra y deja al lector con la duda hasta el final. Además, el contexto de la obra que se ve reflejado en los personajes es sumamente fascinante. Nos centramos en el México de los '60, un tiempo de frutración ya que la nación se encontraba muy débil. Dentro de éste contexto vemos a una señora que intenta mantenerse joven y busca en su pasado en lugar de mirar hacia el futuro. Quizás y solo quizás, Fuentes buscaba decirle a la población mexicana que no tratara de solucionar sus problemas actuales buscando buenos tiempos en el pasado, así como Consuelo lo hacía, tal vez... es probable. Además, fue una época en la que las mujeres empezaron a reivindicar sus derechos, a luchar por su equidad social y política y la igualdad social, y nos encontramos con una obra cuyo protagonista pierde el control de su vida a causa de su ansia sexual... o de una de las dos mujeres. Aura y Consuelo son una sola persona y ellas arrebatan el secreto del ansia al corazón de Felipe, que al contrario de la mayoría de las veces, es el hombre el que sufre, un punto que ya está en contra del machismo.

Ahora vamos con mi parte favorita: la simbología, que es lo que sobra en éste libro, pues hasta el más mínimo detalle tiene una relación simbólica.

 
La casa, como templo, simbólicamente está situada en el centro del mundo; es la viva imagen del universo. Está situada físicamente en el centro de la Ciudad de México, reforzando esto último, además, el adjetivo varias veces empleado de “viejo”, le da a la casa una cierta contención de pasado, de tradición. Además, la casa representa un ente femenino por estar identificada con la madre, con el refugio y la protección: el seno materno. Y es que Felipe siente que es su casa, el lugar donde siempre debió estar, que de alguna manera le pertenece., es como un gran útero que lo acoge, oscuro y húmedo que lo recibe y lo aleja del exterior.

Pero es curioso ver como él penetra ese universo femenino, lleno de exotismo y magia, y él cree que ha dejado atrás el exterior al cual solía pertenecer, esto queda atrás y aahora se penetra, así como él mismo lo define, reforzando su masculinidad en relación al universo que viene a habitar, completamente femenino. Él incumbe en esa oscuridad, en ese universo conservado y hecho plenamenta por entes femeninos. De esta forma se refuerza esa idea de que la casa es una alegoría a lo femenino: húmeda, oscura, mágica, orgánica y recubierta de pasado. Felipe Montero, al entrar en ella, se adentra en una realidad femenina y acogedora.. pero también amenazante, ya que está dominado por la oscuridad, menos su habitación, que está llena de una luz cegadora, mientras que el espacio por donde se mueve la mujer suele ser lleno de sombras. Así, se teje una simbología que reza que el hombre es aparentemente un ser para la luz y la mujer uno para las tinieblas; y el hombre, además, viene a irrumpir y penetrar todas las puertas, pues para él no hay ningún lugar vetado y la mujer está para perpetuarlos, bajo el techo de una casa vieja y retraída, que convoca y custodia al pasado y rechaza al presente.

También tenemos a los grandes símbolos de Aura y Consuelo, sobretodo de la primera, pues se comvierten en entes simbólicos cuyas cargas y elementos que las circundan le dan un aire especial y de mucho interés a la novela. Primero que nada, ambas figuras representan un lado de la vida, la juventud encarnada por Aura y la vejez por Doña Consuelo; dos partes opuestas y complementarias que a lo largo de la narración, no pueden estar una sin la otra, creando así un vínculo simbólico de vida, un círculo sin fin. Además, el anciano e visto como un signo de lo persistente, que participa de lo eterno, como un elemento estabilizador y una presencia del más allá.

Aura no es más que una proyección de los deseos de Consuelo. Tal es la fuerza vital y la necesidad de perpetuarse en la anciana que logra engendrar a Aura, cuyo nombre trae una infinidad de connotación simbólica hermosa: la luz que rodea la cabeza, únicamente visible para los seres dotados de dones celestiales. Esa luz siempre es un signo divino, que equivale a la sacralización del desdoblamiento, de esa convocación de otro ser que es el deseo corporeizado de lo que se fue, de la eterna juventud. Y aunque el Aura no puede desligarse de nuestro cuerpo, aquí el personaje tiene vida propia, hasta que notamos que es un doble distorcionado de la vieja por la juventud.

Y es aquí donde la incidencia simbólica del color verde toma sentido, es nombrado numerosas veces en la obra y es el color implícito del Aura, que no sólo cubre a los bellos ojos del personaje del mismo nombre, sino que irrumpe en todos los demás espacios,como la casa, llena de musgo, plantas y otros elementos verdes que abundan en las descripciones del libro. El verde es un color femenino (otro elemento de ese universo femenino) y que está dentro de la complementariedad de los sexos: el rojo es un color macho y el verde, uno hembra. Y no sólo representa la esperanza, que es uno de los símbolos más conocidos, sino que además es el color de la fuerza, de la longevidad e inmortalidad, que simbolizan universalmente los ramos verdes.

Y si mal no recuerdo, hay todo un estudio de la psique humana con relación al color verde. Según, tiene que ver con la necesidad del hombre de buscar un entorno natural que lo lleve a escapar de lo artificial, los grandes estudios dicen que el color verde es el que recupera la tranquilidad frente a la inquietud; un estado de paz en el “seno materno del paraíso”. Así como para Felipe Montero, la presencia de Aura e inclusive de consuelo, representan un estado de paz y regreso a los orígenes. Hay varios pasajes en los que menciona su estado de relajación y paz al entrar a la casa, de esa manera, el desdoblamiento que la anciana adquiere, pone en escena los discursos mágicos y esotéricos, dándole al dúo de mujeres características de seres fantásticos; porque en esa negación del presente, se intenta no permitir la ruptura en la continuidad de la historia, utilizando todos los artificios que se le permita, dentro del mundo de lo imaginario. No se puede truncar la historia ligada a Felipe, que tiempo después vemos que no es más que otra reencarnación, otro elemento ligado a lo esotérico, lo mágico, que sn instauraciones en la narración para validar la necesidad de que el tiempo parezca inmóvil, para que todo vuelva a ser como antes. Y son estas dos mujeres las que someten a éste joven historiador a una búsqueda de su verdadera identidad, de lo que fue en el pasado. Así, Aura y Consuelo cumplen uno de los roles femeninos más trascendentales: han ayudado a fecundar el otro lado de la personalidad de Montero; en ese gran vientre que es su casa, han dado a luz a su verdadera personalidad. Es por ello que dentro de la novela existe una regresión constante, pues Felipe Montero, al igual que el otro par de dos, se desdobla y conoce que hay algo más que una doble presencia, y reconoce que es la reencarnación del motivo que lo ha llevado ahí: el General Llorente. Todo refuerza la idea de que lo que se es ahora no es lo real, sino que lo que se fue en el pasado lo es, volviendo a ese punto de la historia mexicana anteriormente mencionado.

Otros elementos interesantes son los animales, por su parte, el perro, que es bastante mencionado y reiterativo en algunos párrafos. Es asociado con el que custodia la puerta y comparado con un feto, que parece que le sonríe como si le estuviera dando la bienvenida, elementos muy asociados a la feminidad. El perro, la manija de la puerta que conduce a la casa de Aura, éste canino de bronce se sitúa en la transición entre lo exterior y el interior de la casa, cumple el papel de mediador entre los muertos y los vivos. En la cultura, se asocia al perro con la muerte y actúa como guía de las ánimas, recordemos a Anubis y Cerbero, que conducen a los muertos a su nueva vida, así como pasa con Felipe, que al franquear la puerta, entra al mundo concreto del que proviene para llegar al nuevo hogar mágico y abstracto.

El conejo está vinculado a las aguas fecundantes y regenadoras. Son lunares, duermen de día y viven de noche, porque asi como la luna, aparecen y desaparecen entre el silencio y las sombras. El conejo que hay dentro de ésta historia es de un ser de oscuridad que sólo se ve cuando está con Doña Consuelo comiendo migajas, asociado con el principio de la revolución cíclica de la vida y con ese deseo constante de renovación de la vida antigua de los personajes, porque además, el animal es hembra y se llama saga, saga, continuidad, seguimiento de una historia, de un hecho, se une al resto de los signos que convocan esa misma problemática de perseverancia y renovación del ser.
Aura refuerza las características simbólicas de la coneja, que además es comparada con la luna, y con elementos que simboliza el conejo: la lujuria, desmesura, despilfarro, compañeros de la diosa Hécate, de la juventud e inventora de la brujería.

Ya para terminar tenemos a los gatos, objeto de odio, maltrato y amor, e inclusive, para prácticas perversas, equiparadas con el sacrificio del amor. Consuelo los odia, pero el General los ama, son un símbolo ambivalente, en su sentido más positivo como protectores de la casa y en el negativo,como animales oscuros asociados a las brujas. Representan, para consuelo, la imposibilidad de la maternidad y el amor desmedido de su esposo hacia ellos, pero que no pudo darle a ella.

Y por último, el macho cabrío, degollado en la cocina de la casa, un animal trágico, que origina un canto religioso con el que se hace su sacrificio, el de una víctima que representa el mundo de la masculinidad de degüella, que además se asocia a Afrodita, de naturaleza prolífica y ardiente. A veces santificado, otras satanizado, que simboliza la fuerza del impulso vital fácilmente corruptible.


En definitiva, un libro corto pero complejo, cargado de símbolos con respecto a la fertilidad, la vida y la juventud, en relación con la situación política del país natal del autor para la época. Una novela que me encanta, a la que se le puede sacar mucho jugo y que no pueden dejar pasar. Un total de 62 páginas cargadas de símbolos, secretos y misterios divina que me ha dado para sacar una reseña bastante larga, pero con la que espero haber aportado algo interesante.




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