Ay.

En Ifigenia o Diario de una señorita que se fastidia, nos presenta la historia de María Eugenia Alonso, una joven que después de estudiar en un colegio de monjas, se muda a París, donde disfruta de las novedades de una gran ciudad, pero al volver a Caracas choca con la mentalidad colonial propia del continente, donde los convencionalismos de su entorno irán ahogando su espíritu rebelde e independiente.
En Ifigenia deja descubierto al mundo interno y
externo de la señorita de buena familia, cargada de prohibiciones, prejuicios,
imposiciones sociales y metas indiscutibles, fijadas en hechos como el
matrimonio, en una especie de confesión pasional, que penetra en la historia
femenina: sus fracasos, decepciones y todo lo que las aqueja o alegra en
silencio, rompiendo ese elemento y
mostrando la cara oculta de la mujer venezolana en plenos tiempos de cambio.

Ifigenia guarda un tono íntimo y confesional, que conforma su aparente verdad, en una actitud de defensa de la verosimilitud como novela, a lo que expresa que “Tú y yo, todos los que andando por el mundo tenemos algunas tristezas, somos héroes y heroínas en la propia novela de nuestra vida, que es más bonita y mil veces mejor que las novelas escritas”; enmarcado dentro de un espacio confesional y catártico, pues la escritura de su diario se realiza en un espacio íntimo, dentro de la soledad del cuarto de la protagonista, que busca evitar una posible irrupción de cualquier elemento externo, pues el encierro es la única alternativa para realizar la escritura que le apasiona, ante una imposible libertad frente a la mentalidad colonial, siendo su soledad el espacio donde logra desarrollar su actitud crítica frente al medio familiar y social que amenaza su libertad de reflexión, siendo ese espacio donde logra ejercer su autoría como escritora, que debe disfrazar en aquellos momentos en los que se ve descubierta, logrando justificarse con irónicas comparaciones que aluden a sucesos ligados a la vida femenina.
Así, María Eugenia intenta persuadir a la autoridad
patriarcal, personificada en César Leal, su prometido, que le recalca que es imposible
que ella pueda ser autora de algún tipo de literatura más allá de las recetas
de cocina, pues él es una figura pública y su autoridad se apoya en esto, es
Senador, Doctor en Leyes, Director del Ministerio, lo que hace que ella pase de
ser el sujeto del enunciado al sujeto de la enunciación a través de sus cartas;
en conjunto con la figura de su abuela, que para ella representa los patrones
sociales y morales establecidos, que atentan contra la capacidad de las mujeres
a principios del siglo XX en Caracas.
Es por ello que la protagonista escribe una larga carta y un diario, que considera como formas expresivas pasadas de moda que observan a la heroína romántica que ella conoce y de la que quiere ser diferente, donde parece encontrarse a sí misma, nombrando aquello que la define y refleja como un acto privado lleno de soledad, que propicia su momento sagrado y que hace de este la única alternativa para reflexionarse ante la libertad en el criterio familiar, que refleja no solo la lucha de la mujer que intenta hacer valer sus derechos en igualdad, en un entorno donde las ordenes vienen dadas por el género masculino y por sus intereses, sino también al discurso narrativo en el que la autora femenina y feminista construye una voz que enuncia a la mujer desde su propia realidad.
Es por ello que la protagonista escribe una larga carta y un diario, que considera como formas expresivas pasadas de moda que observan a la heroína romántica que ella conoce y de la que quiere ser diferente, donde parece encontrarse a sí misma, nombrando aquello que la define y refleja como un acto privado lleno de soledad, que propicia su momento sagrado y que hace de este la única alternativa para reflexionarse ante la libertad en el criterio familiar, que refleja no solo la lucha de la mujer que intenta hacer valer sus derechos en igualdad, en un entorno donde las ordenes vienen dadas por el género masculino y por sus intereses, sino también al discurso narrativo en el que la autora femenina y feminista construye una voz que enuncia a la mujer desde su propia realidad.
Ifigenia es en la mitología griega la hija mayor de
Clitemnestra y Agamenón y dice la leyenda que cuando las fuerzas griegas se
preparaban para ir a Troya, un fuerte viento del norte los retuvo y un adivino
reveló que Artemis estaba furiosa y la única manera de calmarla para obtener
vientos favorables era sacrificar a Ifigenia.

Además, a lo largo de la novela, se describen un
conjunto de personajes que ilustran la realidad de la Venezuela gomecista y la
mentalidad positivista e idealista, que nos demuestra que la Colonia no había
muerto durante la Independencia, pues nos relata el mundo de las clases altas y
medias, con una gran admiración por la geografía tropical propia del
continente.
En definitiva, Teresa de la Parra nos presenta a María
Eugenia Alonso, que se niega a aceptar su destino: el fastidio, ser una mujer
prisionera, desheredada, esclava y tutelada por su familia, donde debe exhibirse
como en una vitrina para que los jóvenes ricos la vean y le propongan
matrimonio, conformista ante el sacrificio, donde la tradición colonial se
impone y el miedo la detiene, aunque logra ver en la maternidad una salvación,
por donde logró la perpetuación de su legado.
Aquí un trabajo muy interesante sobre la autora y la
obra: http://www.scielo.org.co/pdf/folios/n43/n43a01.pdf
Excelente trabajo y una sesión muy interesante.
ResponderEliminarExcelente trabajo y una sesión muy interesante.
ResponderEliminarLo critico del Yo en un medio dominado por el convencionalismo y contadas oportunidades, hace de la obra de Teresa De La Parra un excelente bocado para la Formación de Liderazgos q trascienda y vivan por mucho tiempo. Agradecido, ya tengo mi Ifigenia en casa...mí bella Ifigenia
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