El Evangelio según Jesucristo, José Saramago.

sábado, abril 08, 2017 Mariana Teresa Garcia Escobar 0 Comments


Ay, mi Saramaguito.



Para nadie es un secreto lo mucho que me gusta Saramago y lo en contra que estoy de varios puntos de la biblia y la iglesia católica (aunque sí creo en Dios), así que cuando mi querida amiga Ángela me prestó El Evangelio según Jesucristo, no pude estar más contenta. Después de ver el punto de vista sobre éstos temas de Saramago en Caín, supe que debía hacerme con éste libro, es uno de los pocos que me faltaban y le tenía muchísimas ganas, que efectivamente, fueron satisfactoriamente cumplidas.



Me he cansado de decirlo, pero como mi Saramago no hay dos. Leerlo es una experiencia única y más aún si está argumentando elementos en contra de la historia bíblica. Hacerse con él es entrar en un proceso crítico, divino, complejo, que en lo particular, me encanta. Recordemos que Saramago siempre manejó un estilo vanguardista, con pocas comas, en bloque y sin capítulos divididos por lo que muchos prefieren dejarlo de lado. Sin embargo, un libro como El Evangelio según Jesucristo es una lectura que no podemos dejar pasar y que es una lectura obligatoria para todo amante de la literatura.



No puedo dejar de lado el tema de que maneja un argumento complicado. Reescribir las sagradas escrituras desde un punto de vista completamente diferente es una ardua labor, pero no por ello debe ser un libro prohibido. Él no deja de dudar que Cristo y Dios existieran, sólo que desde un punto de vista más real, nos presenta la historia un tanto diferente pero no por ello blasfema. Así que seas lo que seas, creas o no, El Evangelio según Jesucristo es una lectura obligatoria; ver diferentes perspectivas sobre un mismo tema es uno de los placeres más grandes de la vida, más aún si vienen de un Nobel como Saramago, así que yo, que creo en Dios, les recomiendo éste libro encarecidamente.



Saramago inicia éste libro analizando una imagen donde se plasma el momento más clave de toda la biblia: la crucifixión de Jesucristo, comienza describiéndonos toda la escena y dejando claro que si Lucas pudo interpretar y contarnos la historia del hijo de Dios, él (y cualquiera) también puede dar su versión y manera de razonarlo.





Cuenta Jesucristo que su padre terrenal, José el carpintero, murió en la ciudad de Séforis, crucificado, a los treinta y tres años. Luego de su muerte, su hijo Jesús hereda de éste la culpa en forma de sueños, que le van revelando la historia de su pueblo y la razón de su vida.  En su adolescencia, él huye de su hogar y experimenta un extraño encuentro con el Diablo, quien tras haberlo instruido, lo echa un día alegando que no ha aprendido nada. Es ahí cuando María Magdalena reemplaza en ésta novela la figura de la otra María, su madre, que va perdiendo el protagonismo a medida que él avanza hacia su cruel final. Asimismo, es expuesta la figura de Judas de Iscariote como un elemento esencial, sin el que Jesús no hubiera podido cumplir la voluntad del Padre, e inclusive, es el mismo quien pide a uno de sus discípulos que anuncie en el Templo al rey de los Judíos, y es Judas que, viendo que ninguno se atreve a pronunciarse, se avoca a dicha tarea. Pero tras ver que su anuncio le provoca la condena y crucifixión a Jesús por parte del César, Judas decide ahorcarse drásticamente en una higuera gracias a esa culpa que ni Dios pudo aliviarle.



Saramago se rige por una gran deontología y la novela se repite constantemente la idea de que Los Dioses son hombres, se presenta como una replica a los abusos cometidos a lo largo de la historia en nombre de Dios y en nombre de la Iglesia y a la vez como un antídoto contra la culpa y el pecado.  Y es que a fin de cuentas, esta novela es la consagración del Humanismo Laico a manos de un magistral escritor que pone a Jesús como el narrador de toda esta historia, que se muestra descontento en ocasiones con su padre Dios, se niega a hacer su voluntad por creerla vana y sentirse simplemente un títere más.



Aquí, Dios no es amor, sino un monstruo sanguinario y cruel que todo lo ordena, manipula y controla: nada pasa sin que él lo permita o haya dispuesto. Jesús, gracias a dicho poder, tiene en sus manos el don de favorecer a los pobres, de curar a los desahuciados, de revivir a los muertos, de desaparecer las tempestades, de alimentar a una multitud a partir de seis panes y seis pescados, de exorcizar un hombre habitado por mil demonios y de una infinidad de hazañas más que, sin embargo, vienen dadas bajo el ubicuo escrutinio del omnisciente ojo de Dios que lo limita y castiga cuando lo cree necesario.



Y es que no podemos dejar de lado que en esta versión Jesús viene marcado por rasgos y contradicciones humanas, es mucho más real. Tomo como ejemplo la escena en la que Dios se le aparece y le ofrece todo el poder y toda la gloria a cambio de su fiel y ciega obediencia, a cambio de que él sacrifique a su oveja, que equivale a un asesinato, y Dios degusta  la sangre de dicha oveja, con actitud de ogro devorador que acaba con un alma inocente.



Además, él no es tan listo como se nos presenta en la biblia, ni tampoco tan noble, es un resentido incorregible que nunca perdona ni vuelve a querer a su madre y hermanos, solo porque no le creyeron que había visto a Dios. También es egoísta, los abandona en su miseria y no se involucra con ellos para solventar la pobreza extrema, en vez de aplicar el canon del primogénito único, bueno y abnegado que se nos presenta en la biblia.



Porque tampoco podemos dejar de lado que vive en una especie de concubinato con María de Magdala, una legendaria prostituta con quien mantiene relaciones sexuales abiertamente y que son bien explicadas en la novela. Y es que el pobre, además, es inútil, fracasa estrepitosamente cuando intenta ganarse la vida trabajando como su marido e inclusive se gana el desprecio de los aldeanos de Magdala hasta que se ven obligados a irse de allí.



Y qué decir del momento en el que se encuentra con Dios en el medio del mar rodeado de niebla (lo que fueron los 40 días en la biblia) donde intenta oponerse a los siniestros planes de Dios, negándose a ser su instrumento y que, pese a toda la oposición, termina por cumplir con la misión que el titiritero puso en él, “Todo cuanto la ley de Dios quiera es obligatorio, las excepciones también”, le dice, lapidario y dictatorial.



Sin embargo, mi escena favorita sigue siendo el momento en el que, según él , adelanta su crucifixión con tal de evitar cientos de torturas y muertes. Es así, donde delante de los doce apóstoles, planea que sea Judas quien simule que lo traiciona y delata en Jerusalén, yendo con el chisme de que  el hombre de los milagros, se dice rey de los judíos e instigador del pueblo para derribar a Herodes y expulsar a los romanos de Israel. Sin duda alguna, este momento lleno de venganza, de odio, construyendo un hecho sumamente cruel, despiadado y asqueroso, muestra una cara completamente diferente de un ser supuestamente benevolente que cree que tiene en sus manos el poder de decidir el día de su muerte y sacrifica a su hermano Judas para lograr su cometido.



Y es que en esta novela, nos encontramos con un millón de papeles invertidos en una misma historia, contada desde otro punto de vista y mediante la propia voz de Jesucristo, que es completamente diferente a la originalmente planteada.



Las intervenciones entre Dios y el Diablo también son muy interesantes. El futuro que le espera la humanidad si Dios no consigue lo que quiere es completamente terrorífico, y  es ahí donde Lucifer interviene, ofreciendo un pacto, ya que él también quiere que el poder de Dios se amplie para que a su vez, el suyo también lo haga. Pero la perspectiva que presenta Dios es tan horrible que él mismo se siente horrorizado y le propone a Dios que lo perdone, que lo acepte en el cielo sin que nadie muera, le ofrece su obediencia, tal y como era cuando formaba parte de los ángeles predilectos (Luzbel, el que lleva la luz) y le dice De esta manera se acabará el Mal sobre la Tierra, Jesús no tendrá que morir y el reino de Dios será el mundo entero, el universo. El Bien gobernará y Lucifer le promete ser el más fiel de todos sus ángeles. Todo volverá a ser como debería haber sido siempre. A lo que Dios responde, “No te acepto, no te perdono. Te quiero como eres y, de ser posible, todavía peor de lo que eres ahora. Porque este Bien, que soy yo, no existiría sin ese Mal, que tú eres. Si tú acabas, yo acabo. Si el Diablo no vive como Diablo, Dios no vive como Dios. La muerte de uno sería la muerte del otro.”

Sin duda alguna, es uno de los mejores pasajes de todo el  libro e inclusive, de todo lo que ha escrito Saramago. A través del origen bíblico, nos relata que el Bien necesita del Mal, que por más que intenten negar en las sagradas escrituras iniciales el poder del diablo, el mismo Dios necesita de él, ambos coexisten, se necesitan, se aguardan y no existirían el uno sin el otro. Es como el principio del Ying y el Yang, ese equilibrio perpetuo entre el bien y el mal, descrito a través de dos personajes fundamentales en la historia del hombre. Una reflexión terrible, espeluznante, pero cierta.

Saramago en ningún momento niega la existencia de todos estos personajes como seres superiores, sino que se pregunta y lleva al lector a cuestionarse ¿quién? ¿cómo? ¿por qué? ¿hay otras alternativas? ¿sólo hay una perspectiva de la historia? Concluyendo que nada es lo que parece y que la tradición transmitida durante años y años, quizá necesite una revisión y reescritura.


En definitiva, un libro en el que Saramago deja sobre la mesa sus propias respuestas a preguntas que se han hecho a lo largo de los siglos, mostrando sus conclusiones e incitándonos a llegar a unas propias. Cada quien tiene diferentes puntos de vista, pero no todos la oportunidad de dejarlos claros en un libro maravilloso como éste. Una novela compleja, que ha traído mucho ruido, pero que sin duda, es necesario leer.

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