El beso, Kathryn Harrison.

viernes, abril 21, 2017 Mariana Teresa Garcia Escobar 0 Comments


Viva Anagrama. Nunca me cansaré de decirlo.



El incesto es un tema muy complicado que un sinfín de autores han intentado tratar. Desde hermanos hasta primos, ha sido un tema recurrente en la literatura desde sus inicios, sin embargo, en El beso, Harrison narra su experiencia con su padre. Sí, con su papá, pues afirma haber tenido sexo con él cuando tenía 20 años.


En este libro, Kathryn Harrison cuenta sus memorias, haciendo énfasis en la relación sexual que mantuvo con su padre. En sí, debo admitir que es una obra repulsiva, pero no por eso puedo quitarle mérito. La estadounidense aborda la complejidad del tema con dignidad y sin culpa, de manera sencilla, admitiendo que fue sólo un largo y difícil capítulo de su vida, a lo que su padre llamó “hacer el amor” y que ella temía, pues provocaba que el “corazón de Dios se rompiera en mil pedazos”.



“Y me besa los ojos cerrados, el cuello”, relata la autora. Explica que cuando su padre y su madre se casaron eran muy jóvenes, no llegaban ni a los 20 años. Al poco tiempo se divorciaron, cuando ella solo tenía 6 meses, dejándola con su madre, que la mayor parte de su vida estuvo ausente, completamente desprendida de ella, lo que hizo que la escritora se fijara un solo propósito: ganarse el amor y la atención de su mamá, cargando a cuestas el fantasma de su padre desconocido; así que a sus 20 años, cuando se reencuentra con su padre, que ojo, tiene 39, tampoco es que es mayor, permanece con su ex esposa y ella por tres semanas y, al despedirse, le dice adiós con un largo beso húmedo.


“Cualquier persona que hubiera entendido lo que pasó habría quedado en un estado igual de traumático al que yo quedé. Mi reacción a ese beso durante días fue repetirme: ‘Eso no ocurrió, no es verdad que ese beso ocurrió’. No fui capaz de manejar la idea conscientemente. Sabía que estaba mal pero simplemente no entendía nada”, alega la autora. Dice que después del beso, empieza a sentir más cerca a su padre.  “A través de mi padre he empezado a entrar en mi madre”, dice Harrison, mientras que su madre le cuenta que ningún hombre la ha vuelto a complacer sexualmente como su padre, a lo que ella se lamenta, pues dice que su madre era “inocente de cómo mi padre y yo vamos a utilizarla”.


“En los años siguientes no seré capaz de recordar siquiera un instante en que estemos tendidos el uno junto al otro”. “Tendré un recuerdo fragmentario, vago. Sabré que él estaba siempre encima y yo siempre yacía inmóvil como si hubiera caído desde una gran altura. Recordaré (…) que él siempre lleva los calcetines puestos y yo todo lo que puedo. Recordaré hasta el menor detalle de él (…) Pero no podré recordar qué sentía”, reza uno de los capítulos del libro, que ha sido tildado de vergonzoso y repugnante, así como poderoso, pues es capaz de perturbar y trastocar a los lectores. Y lo confirmo. “Estoy sobrecogido, impresionado por la valentía de esta obra. Y por el arte, especialmente por el arte. Porque sólo un escritor de extraordinario talento podría traer tanta luz a un asunto tan oscuro”. “Nunca olvidaré este libro”, dicen los críticos.


Es así como la escritora cuenta cómo se siente culpable, narrando de una forma muy sutil y con dolor, que es su padre el infierno y el demonio que la lleva a contarnos todo esto, como modo de exorcismo, donde también culpa a su madre, aunque la quiere, sin importar lo que hace, dejando claro esto a través de un libro como este, lleno de culpa y dolor, siendo sumamente cruel.

Porque Kathryn no es una chica corriente. Es lista, pero evita serlo, es guapa, pero se autodestruye con la bulimia. Podría seguir su vida, pero se hunde en el pozo, siempre con el recuerdo de su infancia, que es la que la lleva a ser tan infeliz, pues entre la frialdad de su madre, la ausencia de la madre y el carácter posesivo de su abuela, llega a actuar como no se debe y con quien no debe, buscando rellenar sus vacíos.



Y sí, todo el mundo se centra en el padre malvado, culpable del infierno que ella vive, egoísta y cruel, pero ¿y la madre? Por un momento dejemos de lado el tema del incesto y vayamos a la  madre. En el fondo, también es su culpa. La indiferencia también mata ¿o es que acaso toda su falta de amor no la llevó a eso? Ella claramente afirmó que fue una manera de vengarse, de todo eso que su mamá le hizo, no le permitió que nadie la quisiera, la alejó de todo el mundo, le privó de todo lo que pudo y en ese acto sexual con el horrible padre, que no está justificado, vio la salida a escapar del recuerdo de su madre en su infancia, y yo la entiendo, que tu propia madre te cause el trauma de vivir ignorada por ella es difícil, más aún cuando solo aparece para molestar, causando en la escritora un remolino de ausencias, negaciones y odio, porque en el fondo la odiaba profundamente, su madre no sentía ni el más mínimo ápice de cariño hacia ella, lo que la llevó a ver en su padre todo el amor que le negó.

En definitiva, un libro corto pero perturbador, que está maravillosamente relatado. ¿Que si me ha gustado? Sí ¿me ha perturbado? También. He leído muchísimas cosas tristes y oscuras, pero nada había sido como esto. Sin duda alguna, El beso pasa a la historia como el libro más doloroso que he leído. En parte por el incesto y el sexo, pero sobre todo por las razones que la llevan a ello, por su tormentosa madre, culpable rotunda de todo el hecho. En el fondo, tod@s somos un poco Kathryn Harrison. Una novela que muestra a una persona destruida en su totalidad, que se topó con alguien cuya responsabilidad era no dañarla, ni siquiera quererla, y que convirtió su vida en un infierno peor del que ya era.

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