El peligro de encender la luz, Pamela Rahn Sánchez. - Mariana lee

martes, 21 de marzo de 2017

El peligro de encender la luz, Pamela Rahn Sánchez.



Viva la buena poesía.

Me encanta la poesía hecha en mi país y Pamela Rahn Sánchez ha escrito uno de los mejores libros que he leído sobre el tema. Si bien la poesía no es un género que normalmente frecuente, cuando lo hago lo disfruto muchísimo, así que cuando recibí el PDF de este libro iba predestinada a que me encantaría y así fue.

Pero debo disculparme, tengo este libro en mi teléfono desde diciembre y a penas vengo terminándolo, pero aparentemente me encanta tener una eterna lista de libros pendientes y lo fui leyendo muy poco a poco, pues está plagado de poemas que te destrozan el alma y que necesitan ser digeridos con calma. Normalmente me trago los libros, los devoro, los mastico rápidamente y no suelen durarme mucho, pero con El peligro de encender la luz hice todo lo contrario, fue una lectura pausada, esporádica, de un total de 21 poemas bastante variados, escritos por una chica que debo decir que, además de ser sumamente talentosa, joven y que escribe desde el alma, es preciosa.


Y es que es increíble, pero tiene 23 años y cada uno de estos poemas es maravilloso, con una prosa genuina, lírica y muy minimalista. Es, en definitiva, un libro sencillo, que se siente en el alma, casi que se escucha, escrito por alguien que sacó cada una de esas palabras del fondo de su alma, desgarrada, elaborando un conjunto de pequeñas obras de arte que dejan traslucir el corazón de una gran artista, porque eso es este libro y eso es ella: arte.

Como leí en un artículo que escribieron sobre este libro en El nacional, este libro se construye bajo una atmósfera hippie, te lleva a ese estilo, a esa relajación dentro del dolor, con ese hilo musical que evoca a la paz dentro de la tormenta. Pamela es intensa, libre, en su facebook comparte su amor por el cine, sus collages y su buena poesía, donde habla desde los detalles más pequeños como ir a un supermercado y cómo era el entorno, hasta su cotidianidad vuelta epifanía y los momentos más dolorosos que han dejado hondas cicatrices.

Dentro de esos 21 poemas, rescato “El peligro de encender la luz”, “La vergüenza de romper un vaso”, “Razones interminables para elegir la locura”, “Llorar en el carro”, “El picor”, “La ternura”, “El luegar de la tragedia”, “Soy un espacio vacío” y “Optimismo ante la nada”, escritos con una fluidez única que merece ser leída, repartida, recitada, porque si algo necesita el mundo es arte de este estilo y gente de su estilo.

En fin, este libro me ha encantado y sus poemas son una maravilla que he tenido la dicha de leer. Se que quedan algunos ejemplares en la librería Lugar Común porque ella publicó este libro fuera de Venezuela y se encargó de traerlos bajo sus propios medios (admirable) y yo los invito a acercarse, a buscarla en facebook, a llegar de alguna manera a su arte que tanta falta nos hace.

Pamela Rahn Sánchez es uno de esos pedacitos de luz que todavía quedan dentro de todo el caos. He escuchado inumerables veces decir que aquí no se hace arte, que no se escribe, que no tenemos nada en el plano literario y es en figuras como estas donde resplandece y vuelve esa fe en lo hecho aquí, pues a su corta edad ya ha publicado en numerosos países y forma parte de varias antologías, donde deja en alto el talento hecho aquí y la importancia de la poesía en medio de la oscuridad, con un título y un poema que nos lleva al peligro que contiene algo aparentemente tan sencillo como encender la luz.



En definitiva, un libro más que recomendado que se va directo a mis favoritos de este año, porque pocas veces se tiene la oportunidad de tener en manos tanto arte junto. Esta chica es increíble y estoy segura de que tendremos material de ella para rato, su primer libro deja su nombre muy en alto y con toda la trayectoria que ya tiene, su éxito es seguro e increíble. Desde aquí mi más sincero abrazo y agradecimiento por haberme permitido leer una antología tan hermosa como esta, que me devuelve esa luz que todos dan por perdida (y yo también guardo el ferviente deseo de algún día aprender a volar – eso lo leí en Digo Palabra- ).

¡Feliz día de la poesía!



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