Diablo Guardián, Xavier Velasco. - Mariana lee

jueves, 16 de marzo de 2017

Diablo Guardián, Xavier Velasco.


Ave María Purísima: Me acuso de ser yo por todas partes.
El pasado 14 de febrero recibí este libro como regalo y mi obsesión desde ahí ha sido real. No sabía que esperarme de Diablo Guardián así que cuando lo recibí pensé que era un lindo gesto y un libro como cualquier otro. Vaya error. Éste no es para nada un libro como cualquier otro.

Lo cierto es que no sé como tomarme dicho regalo. Han pasado un mes y yo sigo atormentada con la idea de por qué un libro como este en una fecha como esa ¿es que acaso no soy la única que piensa que Violetta nos parecemos a veces? (sin tomar en cuenta ese afán por el dinero).

También es verdad que me he tomado mi tiempo para escribir esta reseña, pues me ha costado mucho. He tenido que pensar muy bien qué poner y por dónde empezar, pues este no es un libro sencillo, por más que lo parezca. Si bien no es uno de esos grandes clásicos universales que tanto me gusta reseñar y cuyas opiniones son sumamente largas (aunque yo me atrevería que si es uno de los clásicos contemporáneos más importantes) este libro viene acompañado de una carga emocional muy fuerte que involucra sentimientos encontrados.

Xavier Velasco relata de una manera increíble los complejos del latinoamericano hacia sí mismo (o bueno, así lo entendí yo) y esa constante tendencia a querer sentirnos parte de otro mundo, a través de una niña que se auto bautizó como Violetta que sólo quiere vivir sus días al máximo sin sufrir, cruzando la frontera hacia EEUU con 100.000 dólares en el bolsillo, huyendo de su atormentada casa y que prácticamente, bueno no, prácticamente no, termina siendo prostituta "de lujo". De manera cínica, con mucha seguridad, la historia se torna truculenta, oscura, más de lo que a simple vista pueda parecer, pues el Diablo Guardián ha llegado a su vida, haciéndole saber que es tiempo de arrojar los dados y cerrar los ojos, con ganas de que a todo se lo lleve el diablo, pues generalmente eso lo haces cuando ya crees que te ha llegado la hora.

 
Todo se construye bajo el relato confesional, a través de un manejo irreverente del lenguaje donde la transgresión, irreverencia, sentido del humor, cinismo e ironía surgen como ruptura e inicio de una nueva narrativa, creando la historia y “ficcionalizándola”, como el mismo la ha definido, diciendo que toda ficción comienza cuando tenemos ganas de extender y digerir la realidad y nos desviamos de la carretera, preguntándonos no solo lo que pasa, sino cómo podría pasar, creando una ficción perfecta partiendo de la imperfecta realidad, recreando un universo lleno de sus propias vivencias, de fragmentos de su propia experiencia conjugados con la ficción, cruzándola con la realidad, que la matiza, mientras que ella muestra todo lo que no queremos ver.
                                                                                                  
Así, podemos decir que el escritor abandona a Violetta a su suerte para que cuente la verdad y la hagamos nuestra, porque a fin de  cuentas es ella la única que lo sabe, construyendo un personaje memorable y de referencia para la literatura latinoamericana del siglo XXI, pues ella es desafiante y retadora ante una sociedad a la que no pertenece y que en cada línea se vuelve más entrañable, sobretodo cuando comienza a confesarle sus pecados hasta convertirse en el punto fuerte de la novela, narrada a dos voces, que inquieta, asombra, declara, divierte y más que todo subraya la vida a través de acciones recurrentes, que nos conmueve con ciertos hechos determinantes que recrean un mundo que “rasga la ficción literaria y rompe con la realidad convencional”.

La historia para el lector persigue los vestigios de una historia que se está cerrando en nuestra cara, siendo los personajes los reales autores de la obra, urgidos por el deseo de pertenecer a una sociedad que los ha escupido, masticado y pisado y que desde la basura se alzan para volverlo a intentar, mostrándonos a un personaje con un odio feroz a esa cultura tan típica del “quiero y no puedo”, que la lleva a cometer locuras, llena de cinismo y vitalidad, mostrando su lado oscuro, sin hacer ninguna concesión, mostrando a alguien si mucho amor propio que proyecta la relación causa-efecto entre su baja autoestima y su talante discriminatorio pero ¿Cuál va primero? ¿Qué causa es? ¿Detesta a su país como reflejo de sí misma o viceversa? Ni ella no tiene claro.



Pero no puedo dejar de lado a Pig, un publicista con alma de escritor que se enamora de Violetta cuando ella vuelve de Nueva York. Ambos comparten el gusto por el dinero y rechazan su poder; sabe que enamorarse de una puta significa saltar al abismo, pero no pretende sacarla de allí, porque sabe que ella perdería todo su encanto si dejara de ser una perra. Él, igual que ella, se prostituye a su modo, vendiendo su talento para llenar de basura la mente del público y se construye un subtexto que va por entre las líneas de la narración: el amor, el máximo exponente del derroche, dejando claro que ambos han buscando siempre algo incuantificable: el inmenso despilfarro de un amor sin futuro, cerrado por todas partes con cables y púas, pues ambos tienen un anhelo de inmensidad y desean entregar todo lo que tienen para escapar de los números que abaratan la vida.

Agridulce como todas las buenas obras, Diablo Guardián encierra a un personaje como Violetta, irritante y cautivador que te revuelve las vísceras y que te da justo ahí, entre el hígado y el amor propio, que representa lo que muchos latinoamericanos odiamos de nosotros mismos, haciendo, a través de una piruja globalizada y apátrida, un personaje que condensa el espíritu de un continente en ésta época, así como los grandes lo hicieron el siglo pasado.

En definitiva, Xavier Velasco se ha ganado mi corazón con Diablo Guardián, que se va directo a mis favoritos de este año, pues denuncia de una manera actual y sincera esa problemática que hemos venido arrastrando por años, mediante un personaje que busca rebelarse de un entorno al que sabe que pertenece, pero que detesta y no se siente parte de él, con un discurso creíble, sin esperanzas y sin clichés, dejando claro cómo estamos constantemente mirando al norte sin saber lo que tenemos en el sur, encarnando las condiciones que el mundo y la sociedad nos invita a cumplir.

 

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