Pedro Páramo, Juan Rulfo. - Mariana lee

jueves, 16 de febrero de 2017

Pedro Páramo, Juan Rulfo.

Viva la historia.

Publicada en 1955, Pedro Páramo recoge la exuberancia de todo un continente convulso en menos de 120 páginas, que consiguió dar un giro a la narrativa universal e iniciar el realismo mágico característico de Latinoamérica.

Y es que en Pedro Páramo se presenta una narración condensada que destaca la transmutación artística de elementos de la cultura y la realidad Mexicana, y por ende latinoamericana, basada en los pueblos del país del autor, que construye una novela maestra, donde se entremezclan estas características con una intensión artística fundamentada en el deseo de expresar las vivencias íntimas a través de la fundación de un mundo propio, donde cobran forma sus obsesiones, recuerdos e imaginaciones.

Es por ello que me molesta muchísimo, por más que me guste, que tomen como única referencia a la literatura perteneciente a América Latina a Cien años de soledad, y por ende a Gabriel García Márquez y el realismo mágico. Si  bien es una obra maestra, eso nadie se lo quita, no es lo único que tenemos; hay una diversidad increíble de obras escritas en esta parte del mundo que viven bajo la sombra de dicho libro, que parece resumir el sentir de un continente, y que deja de lado obras como ésta, Pedro Páramo, que data casi de diez años (y quién sabe cuándo se escribió) antes de la publicación del tan famoso libro y que muchos opinan que es el inicio del movimiento más característico de Latinoamérica: el realismo mágico, que se desarrolló a mediados del siglo XX y que se concibe como una preocupación mística para mostrar lo irreal como algo cotidiano, suscitando emociones y enfrentando la realidad, teniendo como característica la presencia de notables elementos extrasensoriales, conjugados con elementos fantásticos e ilógicos que no necesitan ser explicados, en un ambiente de pobreza y marginalidad, a través de tres tiempos distintos, entre los que destacan el consciente, inconsciente y subconsciente.

Dicho esto, podemos comenzar diciendo que la novela comienza cuando Juan Preciado recibe la promesa de buscar a su padre, el cacique  Pedro Páramo que los abandonó hace un montón de años. La muerte de su madre le obliga a emprender su camino hacia Comala, donde según la memoria de sus antepasados, encontrará a su padre y a todos sus parientes y conocidos de los que ha oído hablar desde su niñez.


El viaje por un mundo fantasmagórico, lleva a Preciado a una tierra inhóspita, donde los días y las noches transcurren de forma inconexa y los parajes resultan tan reales como si de otro mundo se tratara. Todo parece muerto y él parece ser el único vivo, y cuando penetra en las tierras de la Media Luna, propiedad de su padre, llenas de hojas secas y casas destruidas, crea en su propia conciencia la imagen del alma vagabunda que circula por el mundo sin penas ni glorias, y el miedo se apodera de su ser, pues cada vez es mayor la percepción de estar en el mundo de los muertos.

El vaga por un universo donde habitan todos aquellos que no han encontrado el descanso para su alma, donde vagan los recuerdos, rencores y temores de los que poco a poco se han ido de Comala y conocerá a todos los que trataron a su padre y se adentrará en su personalidad atormentada por los vicios, víctima de su único amor, al que no le queda más que su propia muerte.

A través de los diálogos vemos un mundo hecho añicos, inconexo, fragmentado, calidoscópico, donde los distintos hilos narrativos concluyen en uno: la historia de Pedro Páramo, que encarna la realidad de un país y un continente, y cuya muerte hace revivir las condenas y maldades de todos los que le rodearon y que no ha dejado libres ni en el más allá.

El contexto histórico de esta obra parte de tres bases, la primera es que Juan Rulfo nace en un ambiente de revoluciones y conflictos, seguido de una cultura mexicana mestiza, llena de religión y tradiciones orales y el afirmó un par de veces su deseo de conocer sus raíces más recónditas.

 

Recordemos que él nace en Jalisco y dos años antes la Revolución mexicana comenzó a asolar estas tierras, por las luchas entre Venustiano Carranza y Francisco Villa, y dentro de estas luchas, su padre pierde la vida cuando es asesinado y su madre enferma y muere, quedando huérfano ante las tierras desoladas (como Juan Preciado), presentando así una desolación humana y geográfica, que resume la miseria de todos los pueblos mexicanos, y que se remonta al exterminio de la población indígena por los españoles, que dio origen a esa actitud criolla que es reaccionara y conservadora con sus intereses que ellos consideraban inalienables.

De ahí surge la figura del “macho” mexicano, que hace “chingaderas” y que abre el mundo y al hacerlo lo desgarra, viéndolo como justo y “restableciendo el equilibro”, poniendo las cosas en su sitio y reduciéndolas a polvo y miseria: nada.
La vida del escritor estuvo marcada por la soledad que desembocó en la escritura y que no es sólo una cuestión individual, sino colectiva, del pueblo mexicano y por ello latinoamericano, porque el hombre adquiere un silencio hosco, una vida interior que casi no se asoma a la superficie y se carga de ideas físicas dentro de un tiempo inmóvil ante la fuerza reiterativa; es decir, se encierra en su soledad, que lo lleva a escribir y que es la madre de la imaginación.


Rulfo proyecta una tierra espiritual y convulsa, llena de creencias y supersticiones, donde la violencia, el adulterio, el hurto, y quién sabe cuántas cosas más, se entremezclan constantemente con la evidencia de la inmortalidad, porque en el mundo de Pedro Páramo todo está permitido e inclusive se puede comprar la vida eterna.

La presencia religiosa en México, y en el continente en general, se remonta antes de la colonización española, ya que cada pueblo admiraba a sus dioses y veían a los españoles como inicio y fin de una nueva era cósmica.

El catolicismo dio vida a la fe indígena y a la sociedad colonial. Rulfo consideraba que el fanatismo religioso, reprobable para sí, ponía en cuestión ciertas tradiciones católicas que denuncia que la pobreza latinoamericana puede medirse por el número de tradiciones populares. Rulfo recorrió México, donde captó narraciones orales, conmemoraciones y paisajes geográficos de los pueblos de su país y los relacionó con espacios de la geografía del continente y las situaciones y personajes de la novela.

Estaba familiarizado con la religión de su país pues se desarrolló dentro de ella, utilizando el lenguaje del pueblo, revalorizando las culturas populares y tradicionales latinoamericanas, sin poder evadir los problemas sociales de su país, construyendo así Pedro Páramo, una obra de arte con alta relevancia social, pues él tenía las herramientas para entender el país y el continente, partiendo de su región de origen para dar un crecimiento más sólido a la narrativa.


Él refleja el México más profundo de la Revolución de los cristeros, sin hacer polémica ni emitir juicios, a través de una técnica narrativa novedosa y genuina para la época, con un lenguaje breve y conciso, que agudiza esa sensación de precariedad en la que se esconde la grandeza, porque nunca algo logró condensar tanta historia humana con tanta profundidad como Pedro Páramo.

Comienza proyectando la tradición mexicana y alcanza hacerlo hacia el futuro de manera universal. Sus lugares podrían estar en cualquier parte; sus personales son tan reales que te los encuentras a la vuelta de la esquina, aunque pertenecen, curiosa y paradójicamente, a otros mundos irreales y fantasmagóricos. Nada parece lo que es, pero todo podría suceder en cualquier lugar y tiempo; incluso la obsesión mexicana por la muerte es tan universal que poco tiempo después, pobló el mundo y hoy en día es viralizada.


Pedro Páramo surge como evocación a la memoria del pueblo de Comala, a través de murmullos que no tienen lugar en el plano terrestre, sino en la conciencia, mediante la alusión constante a la muerte, que refleja las vanas gestaciones de la vida, léase actos, omisiones, arrepentimientos y tentativas, que encuentran refugio en la muerte, sin sentido o explicación, porque ven en ella  una esperanza de vida, ya que ésta para los mexicanos alimenta y da sentido a la vida, y en la novela, a la narración.

Tal y como sucede en la novela, luego de la Revolución anteriormente explicada, México se llenó de aldeas que parecían cementerios, y ocurrió el fenómeno de la repartición de tierras que no podía ser resuelto porque sus raíces iban más allá de eso, dando a entender que es preciso conocer las tradiciones, historia, raíces y sentimientos de los pobladores mexicanos.

Rulfo utilizó recuerdos con connotación histórica para la construcción de su obra.  Mezcla la ficción con la historia, para construir la memoria para la identidad, y hace referencia a algo más allá de las experiencias en vida, como las fuentes orales, visuales, escritas y performativas, que configuran la memoria de los individuos y la sociedad, como consecuencia de la formación de su identidad.

El lenguaje permite que se construyan, constituyan y manifiesten las memorias del individuo y permite que se estructure y transmitan las narraciones del escritor; mediante sugerencias y silencios, que llevan a saltos narrativos y los sucesos en Pedro Páramo llegan a través de voces y ubicaciones distintas, sin una distinción explícita del tiempo pasado, presente y futuro, con saltos repentinos  entre ellos.

El autor confirmó que lo anteriormente dicho es una comparación y semejanza con la vida misma, que presenta una discontinuidad en los hechos que pasan sin tener control de ellos, mediante una narración que se equipara con la memoria humana y que remonta a ciertos espacios y tiempos de la memoria escrita.



A fin de cuentas, la obra es un recuerdo y un recuento que se desenvuelve en el plano de la memoria donde el discurso fonológico y dialógico son formas elocutivas propias del mismo recuerdo. Rulfo utilizó el lenguaje del pueblo latinoamericano, donde predominan los diálogos, constituyendo una referencia histórica y apreciando una relación circunstancial entre la secuencia cronológica y la narración hecha por muertas, porque además, todas son mujeres.

Todo gira alrededor de Pedro Páramo, y en su aura caen los malos presagios y es concebido como un hombre reprochable, lo que comúnmente se conoce como una mala hierba, que manifiesta su poder a través de las relaciones femeninas, y es el arquetipo que encarna al “macho”, el hombre que ejerce poder y ofende, y que tiene a sus pies un montón de mujeres sumisas; mostrando que para el mexicano humillas o eres humillado, y divide a la sociedad en fuertes y débiles, siendo éstos últimos los que rodean a los primeros (que suelen ser mujeres).

Su vida está rodeada de hijos negados y se impone la figura del padre que se usa para imponer una superioridad y humillar, no para proteger; y en la palabra macho se resume la agresividad e invulnerabilidad de dichos hombres que ven en la violencia el poder y la reafirmación  de su ser y que está asociado con la conquista.

La miseria de sus hijos comienza porque él es su padre, que no los protege ni ayuda. A fin de cuentas, él es el líder, el cacique, que en la Revolución mexicana se conocieron como bandidos, rancheros, etc, que surgieron como los nuevos hombres de poder y que representan ese porcentaje de la sociedad que humilla, castiga y ofende.

Rulfo permite ver un ambiente en el que el Estado está ausente, sin oren, sin normas, leyes, derechos y pare usted de contar; y es por ello que Pedro Páramo causa una devastación en el pueblo, que acaba con las tierras y convierte a la vida de sus pobladores en miseria y sufrimiento (por ello, al morir Páramo, muere Comala).



Además, muestra el relieve del machismo en la historia mexicana, a través de personajes como Dolores Preciado, la típica esposa por conveniencia y que pasa a  ser su sirvienta maltratada, que termina huyendo y siendo abandonada por Páramo, al igual que Eduviges, pobre, que sirve a los hombres y que les dio a todos un hijo que ninguno reconoció y que abusaron de su bondad y hospitalidad. Las mujeres en la novela sobresalen por su fe religiosa, tomando como ejemplo a Dorotea, que es descrita como una mujer condenada por la iglesia por pecadora y pobre, cuyo perdón es negado y destinada a vivir en la vergüenza.

Son ellas quienes relatan la historia de Comala. Dolores, su madre, le habla de cuando eran felices, Eduviges le cuenta historias del pueblo en esa transición, Damiana lo hace cuando ya están asolados por la miseria y con Dorotea cae en cuenta de que todas están muertas. Pero, en contraposición a todas ellas, tenemos a Susana, que en vez de seguirlos, los cuestiona y que destaca por ser una mujer que “no es de este mundo”, y que es el consuelo de Pedro Páramo, con quien se  muestra vulnerable y que es la oposición al macho dominante, que viene a ser la representación de la Virgen de Guadalupe y la devoción del pueblo hacia ella. La mujer es el estigma, son vistas como seres que viven aparte y el hombre no sabe qué esconde, qué piensa y si lo hace igual que él.

En definitiva, Pedro Páramo muestra la revolución desde el punto de vista de los pobres y marginados (que además eran muertos) y deja traslucir una dimensión distinta del proceso histórico mexicano, que fue la revelación de su ser. Una obra que tiene más vigencia de la que parece, pues a pesar de todas las advertencias hechas y los retratos dejados a través de la literatura, todavía hay comportamientos como los de el protagonista, seguimos sumidos en las mismas creencias religiosas y, a través de una narración comandada por muertos, nos da a entender que tal vez ellos están más vivos que nosotros.










 

4 comentarios:

  1. Todos somos hijos de Pedro Páramo. Punto. Fin. Conclusión del libro. De por si acaso, ya todos estamos muertos. :D
    Ok, no. AMO ESTE LIBRO. Lo tomo como uno de los referentes de la literatura mexicana y la latinoamericana a la que defiendo con ganas. Sí, Cien años de Soledad es genial. PERO NO ES LO ÚNICO. Ay, como me encantó que dijeras que te enoja que lo tomen como el unico referente. I FEEL YOU.

    Nea.

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    1. Ay, Nea! Qué genial que no sea la única loca sobre el planeta que cree que Gabo es genial pero que no es lo único. Inclusive, en la actualidad, hay una cantidad absurda de buenos escritores que viven (todavía) bajo esa sombra. Muchas gracias por comentar.

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  2. Ciertamente "Gabo" no es lo único que podemos encontrar como buena referencia, me encantó el trabajo de la reseña, excelente propuesta con los personajes, no había pensado en la simbología con la Virgen de Guadalupe, jajajaj por eso es que te quiero tanto. Gracias por seguir impulsando la literatura latinoamericana, referencia obligada de nuestra identidad

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    1. Gracias a ti por todo lo que haces por mi y por alimentar ese gusto a la lectura. Eres la mejor profesora del mundo y yo te quiero aún más.

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