La señora Dalloway, Virginia Woolf, Reseña.




Ay, Virginia, Virginia.
Ya todos saben lo mucho que me gusta la narrativa del siglo XX en general, la constituyen unas obras preciosas que, gracias a su originalidad y belleza, adoptaron un enfoque que rompía con lo establecido en la novela tradicional en los pasados siglos, es entendida como aquella literatura construída a nivel estructural y cronológico, y cuyo ritmo se basó puramente en hechos reales y acciones externas, que trajeron consigo un cambio para la literatura, pues se libró de ataduras formales, y se desarrolló un orden autónmo en el que se asimila un tiempo abierto e indefinido, donde prima la introsprección, los retrocesos, las imágenes fantasiosas, la nostalgia y las miradas al futuro.


Todas estas herramientas narrativas alcanzaron una calidad estética increíble apartir del uso de la metáfora, con la cual se recrearon nuevas realidades, de esta forma la novela logró transmitir todos los ideales y experiencias del hombre, siendo éste su único protagonista, en conjunto con el artífice de la interacción con el mundo objetivo y siendo éste el punto de partida para un profundo análisis socio-cultural, pero, además, un ser que personifica los continuos movimientos hacia su conciencia, desprendiendose del conocimiento de sí mismo y dandole paso al flujo de su existencia y pensamiento.

Una de mis corrientes literarias favoritas, nació a inicios del siglo XX y es conocida como el monólogo  interior, que centra su temática en el análisis del universo, la subjetividad y la consciencia individual, dejando de lado una estructura lineal o una trama commo tal es, sin duda, una narrativa sustancialmente psicológica, donde el individuo se examina como tal, habla consigo mismo y se cuestiona y reflexiona sobre una infinidad de temas, partiendo de sus situaciones cotidianas y llegando a límites desconocidos proyectándose siempre hacia el futuro, haciendo frente al mundo externo, explorando el inconsciente que siempre habla dentro de él, y expresando sus más profundos deseos y fantasías.


A través de este metodo, se han elaborado obras indispensables de la literatura universal como lo es La señora Dalloway (1925), de la británica Virginia Woolf, pionera del feminismo y una de las primeras  autoras en colocar a la mujer como sujeto y no como objeto, pues nada más comenzar, abre el libro con una frase enigmática (“La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores".)  que aclama que en una novela como ésta, la mujer toma un papel completamente diferente al que se cree y se proclara autónoma, y es que La señora Dalloway no es una novela que sólo se lee, sino que se palpa, se saborea y se siente profundamente, pues está construida a base de personajes que derraman en sus páginas sus vidas llenas de oscuridad y drama, a modo de catársis existencial, sacando de sí todos sus miedos y obsesiones, quedando asó al desnudo, sin temor a dar la sensación de haber perdido la cordura, porque están seguros de que así ha sido. Al igual que su autora, que realiza en dentro de sí la misma introspección que describe en sus personajes, cargada de una fuerte inclinación depresiva e inclusive vista como bipolar, donde Woolf deja patente su propio estado mental, escrito a través de un estilo narrativo impecable, capaz de describir a través de otros aquello que la atormenta.
Porque sin duda, es una novela revolucionaria escrita en 1925, que rompió con la estructura tradicional de la novela de la época, además, escrita por una mujer que utiliza una excusa como trama, y donde la verdadera historia recae en las mentes y reflexiones de los personajes, que nos trasladan a una plena conciencia de la vida, y que forman parte de ella en lo vivido o pensado, es una novela para leer muy lentamente, sin distracción,  para determinar nuestra concentración en la belleza de las frases subordinadas y determimadas, cargadas de la subjetividad propia de todo lo abstracto, llenos de introsprección, fantasías mezcladas en tiempos, flashbacks y sentimientos intensos sobre la vida y la muerte, formando así una lectura exquisita y compleja, de esas que agitan el alma.

La señora Dalloway nos relata un solo día en la vida de Clarissa Dalloway, una dama de la alta burgesía londinense, en el que se prepara para una fiesta en su mansión como un pretexto más en su vida convencional, llena de apariencias y vacía. El reencuentro inesperado con Peter Walsh, con quien tuvo una relación sentimental en el pasado, la lleva a analizar en lo que se ha convertido su vida y a remover sus sentimientos hacia el, ¿acaso acertó casandose con Richard, cómo habría sido su vida con Peter, es realmente tan feliz como quiere aparentar y sobretodo creer?
Por otro lado, tenemos a Septimus Smith, probablemente la parte más autobiográfica de la historia, pues es un joven de unos 30 años que sufre de estrés postraumático y depresión gracias a haber asistido a la guerra poco tiempo atrás, la misma Virginia admitió que es el personaje que más le costó escribir y que lo sacó de sus entrañas, y que le ayudó a entender sus depresiones y lo que le estaba pasando.

El argumento es lo de menos, es un manto que envuelve el verdadero análisis que Woolf realizó en obra con una carga psicológica tan grande como ésta, pues el sentido de la novela se construye desde las introspecciones y el dejar fluír a la conciencia de las multiples voces presentes en éste libro, en especial la de los personajes personales, Clarissa, Richard, Peter y Séptimus, que, a pesar de sobrellevar vidas aparentemente tranquilas, sienten un vacío existencial, una carencia emocional, un sueño no cumplido o algo por hacer y que buscan dar sentido a su existencia, recordando con nostalgia los momentos más felices del pasado, todo lo que fue y aquello que no ha podido suceder y teniendo siempre ésto como pensamiento recurrente en su existir y del que le es imposible escapar; es en definitiva, una novela que hace notar que la vida es una construcción hecha de instantes fugaces y valiosos, y que son estos los que le otorgan su escencia.

En definitiva, ésta es la escencia de La señora Dalloway, sin embargo la novela no está abordada del todo, hay muchos rasgos psicológicos que se quedan por fuera y que pretendo abordar en una entrada en la que hable solo de la carga psicológica y femenina que hay dentro de ésta novela, porque si lo hago aquí no termino nunca y ya la reseña es lo suficientemente larga como para seguir agregandole temas de análisis bastante complejos y hasta cierto punto repetitivos, e inclusive para algunos tediosos.
Así que sí, en un resumen bastante dintetizado, esto es La señora Dalloway de Virgina Woolf, uno de mis libros favoritos que seguiré abordandoo en las siguientes entradas.

 

3 comentarios:

  1. No he leído nada de la autora, pero desde hace tiempo que quiero hacerlo, y este libro lo has pintado tan bien que no cabe duda de que le daré una oportunidad, porque estoy segura de que puedo disfrutarlo mucho *-* Espero tu otra entrada sobre la novela, aunque a lo mejor me espero a leerlo para así comprar un poco...
    ¡Besos!

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  2. Excelente reseña, me ha gustado mucho como la has desarrollado. Seguro que será una de mis lecturas de este año.

    Abrazos.

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  3. Saludos Mariana. Justo acabo de leer esta obra y es maravilloso cómo la reseñas. Sin lugar a dudas, Virginia Woolf es un referente de la novela. Y especialmente en esta obra, maneja con gran maestría y sinceridad sus propios demonios y nos permite acercarnos a ellos y conocerlos más a fondo. Muchas gracias por tu reseña.

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