La noche, Elie Wiesel. - Mariana lee

martes, 14 de noviembre de 2017

La noche, Elie Wiesel.


Me encanta la segunda guerra mundial.

Son muchos los libros que se han escritos referentes a esta novela. A lo largo de la historia de la literatura, la II Guerra mundial ha sido un tema recurrente desde sus inicios hasta nuestra cotidianidad. Los testimonios de supervivientes a los campos de concentración me llaman especialmente la atención, pues el saber que son historias reales me produce un escalofrío satisfactorio, a la par que me impacta. Lo cierto es que en La noche, Wiesel, judía,  nos narra su experiencia dentro del momento histórico tan conocido.

Es una historia corta que se lee en una tarde. A los 14 años, Hungría, su país, cayó bajo el mando de los animales. Fueron recluidos en un gueto hasta ser trasladados a un campo de concentración (Bikernau y Auschwitz), que la autora relata partiendo de su experiencia y los horrores que sufrió, viendo morir a parte de su familia y amigos, viviendo con el miedo de ser la “seleccionada” para morir, trabajando por encima de sus posibilidades para librarse y poder sobrevivir, a través de un estilo directo y analítico, con un cierto tono de frialdad con el que Wiesel relata su propia vida, dejándote los pelos punta, dándole una perspectiva emocional a lo que ya conocíamos.

“En el fondo de sí mismo, el testigo sabía, y todavía lo sabe a veces, que su testimonio no será recibido. Sólo los que han conocido Auschwitz saben lo que era. Los otros no lo sabrán nunca”, alega la ganadora al Nobel de la Paz, que asume el papel de testigo y no de escritora como tal, tenía miedo de que hubiese demasiadas cosas superfluas. Sólo contaba la esencia. Rechazaba la abundancia. Contar demasiado me aterrorizaba más que contar poca cosa. Vaciar el fondo de la memoria no es más que dejar que se desborde”, dice con respecto al tema, describiendo un tipo de horror inconcebible para el ser humano, desde la perspectiva vivida.

“Sí, lo había visto, lo había visto con mis propios ojos, unas criaturas vivas entre las llamas”, a modo de negación, a lo que agrega: Me pellizqué la cara. ¿Seguía vivo? ¿Estaba despierto? No me lo podía creer. ¿Cómo era posible que quemasen hombres y ninños y que el mundo callase? No, todo aquello no podía ser verdad. Era una pesadilla. Pronto me despertaría sobresaltado, con el corazón latiéndome a toda prisa, y volvería a encontrar mi cuarto de niño, mis libros...”, ofreciendo un retrato del alma humana.

En definitiva, La noche es un libro corto pero tenso, que abre una trilogía que no sé si continuaré, pero que sin duda ofrece un estremecedor e inolvidable testimonio.

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