Demonios familiares, Ana María Matute. - Mariana lee

jueves, 17 de agosto de 2017

Demonios familiares, Ana María Matute.


Inacabada pero no incompleta.

Premio Nadal, premio de la Crítica, Premio Nacional de Literatura (España), Premio Planeta, premio Nacional de las Letras, Premio Cervantas y miembro oficial de la Real Academia Española, Ana María Matute fue una mujer entregada a la literatura y el lenguaje, a la que sobrevino la muerte mientras escribía Demonios Familiares, una novela que habla de la Guerra Civil española.

Se va desplegando una historia  llena de simbolismos (que ya saben que me encantan) en conjunto con la serie de  conflictos que atañen a las ideas y sentimientos, así como a los impulsos inconscientes y la figuración de ciertos personajes que se forman nítidos y contundentes.

Así comienza esta novela, donde Eva, que quiere ser monja, es obligada a abandonar el convento donde había estudiado desde los siete años, para irse a casa de su padre, el Coronel, que le produce un gran sentimiento de desazón y una gran ansia de venganza, aunque no tenga muy clara la causa. Avanza hasta 1936, donde Ana María Matute deja de lado el tema de la guerra, porque ya lo trató en Luciérnagas, Primera memoria y Los hijos muertos, y se introduce en el terreno de los sentimientos que anudan y enredan las relaciones entre quienes viven bajo un mismo techo, esos demonios familiares unidos por lazos de sangre, llenos de tensión en un silencio sostenido que encubre a un hecho que, sin esperarlo, sale a la luz y lo trastorna todo, con un conflicto enmarcado dentro de una prosa metafórica mediante la que se expresa, haciéndolo repercutir en una conciencia que habla mediante impresiones, sensaciones y recuerdos.

Se divide en dos partes, la primera donde se nos presenta el mundo de Eva, reducido al marco familiar y el círculo social del Coronel, con una crónica detallado, planteado y resuelto dentro de un gran asombro, lleno de sumisión y obediencia, donde quedan determinado sus pasos hacia el futuro, abriendo puertas para cruzarlas con firmeza. A veces parece una adolescente rebelde, cuyo camino viene dado por el rechazo de los mandatos y prohibiciones que marcaron su infancia, pero comprendemos que sus pasos vienen al ritmo de una historia familiar, llena de espectros, donde “todas las paredes están hechas de silencio, hasta de aliento contenido”, y el tiempo parece no transcurrir. Ya en la segunda parte, cuando el secreto revienta, el ojo narrativo se mueve, donde aparecen Yago y Berni, a la par del conflicto ético de Eva y su amiga Jovia.

A través de una escritura que parece un sortilegio, Ana María Matute se aventura en la vida de Eva, que no necesita ir más allá y no se limita a la muerte para decir todo lo que ha dicho; ella, que se ha desarrollado sin amor, sin ternura, sin un ápice de afecto, como una niña en precariedad afectiva que busca la manera de salir de ahí. Y es que la falta de cariño de Eva no es solamente por lo que viene dado por su padre, ni tampoco por la muerte de la madre, aunque bien son circunstancias concurrentes,  sin embargo, Matute se mete más en el tema de los silencios, pues la vida de las niñas en los años 30’ en España estaban marcadas por la educación llena de severa observación de la frontera que marcaban los mayores, quienes la expulsaban de su mundo, lleno de medias palabras, secretos inaccesibles y heridas no sanadas, que ella sufre sin entender casi nada.

Demonios familiares deja constancia de un secreto familiar fundamental que le es descubierto a Eva y que la une a Yago, que se convierte en un elemento de mucho interés. Además, lo hace dentro del 1936 y narra de una manera distinta la Guerra Civil Español, uniendo dos títulos anteriores y narrando las consecuencias del alzamiento militar de Franco y los primeros recuerdos que guarda Eva, que intuye todo lo que rodea a su padre, aunque nada esta explicito del todo, hasta que comience el desencadenamiento de los hechos,  donde Eva comienza a sentirse segura, que lleva a Matute a dejar una lección de profunda humanidad, pues en el afecto fraternal recae la única manera de sobrevivir a los infortunios, ya que el amor que Eva comienza a sentir por el paracaidista que esconden en el desván tiene un trasfondo muy inocente, haciéndolo primario, elemental y hermoso, dando un trabajo cohesionado, minucioso que les invito a ver como un final abierto y no inconcluso.

Y si, en definitiva, el destino de esta novela será distinto para cada lector, porque en eso reside la magia de la literatura, pues ese final no escruto nos da la tarea de hacerlo nosotros. Porque a veces, como ella lo dice en sus páginas, cuando un deseo se cumple, todo un mundo muere, y este ha sido su último regalo: el paraíso inconcluso que construye en final (o no) de esta nove…..

3 comentarios:

  1. Hola, leí este libro que nos traes hace tiempo, pero tengo aún lo recuerdo. Esa elegante escritura de esta gran autora, pocas páginas pero suficientes para conocer bien a los personajes y meternos suavemente en la historia. Me gustó mucho.

    Saludos.

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  2. Hola!
    No lo conocía y no descarto darle una oportunidad.
    Gracias por la reseña.
    Un saludo :)

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  3. No me llama mucho la atención pero la reseñan está genial! besos

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