Aquello que estaba deseando ocurrir, Leonardo Padura. - Mariana lee

miércoles, 12 de julio de 2017

Aquello que estaba deseando ocurrir, Leonardo Padura.


 

No sé ni por dónde empezar.

Éste libro fue el primero que leí de Padura, luego le siguió El hombre que amaba a los perros, que estuvo entre mis favoritos del 2016 y que espero reseñar pronto, porque necesito aclarar mi mente.

En esta ocasión, Padura trae una colección de relatos breves, cosa que me encanta, escritos a lo largo de varias décadas, que van desde pocas páginas hasta extensos cuentos, pero todos conforman un interesante resumen de la producción del autor como cuentista, comenzando en el ’87 y terminando en el 2009.

En todos ellos, Padura se muestra muy sensible, tanto en la temática, como en la prosa y la atmósfera que los envuelve. Hay un montón de personajes arquetípicos (que ya saben que me encantan), como el joven enamorado de la mujer madura, los cubanos llegando a Miami, los que regresan tras la guerra, el amor en encuentros pasajeros y el recuero nostálgico del pasado, ambientados en diferentes lugares, que van entre La Habana, a Madrid, Italia o Angola, pero sin importar donde estén, el corazón de los personajes siempre permanecerá en la Habana.

Y es que la palabra “nostalgia” encaja perfecto para definir el libro. En realidad, la reseña podría resumirse en ello, en la “nostalgia por lo vivido y por lo dejado de vivir; nostalgia por lo que no ha sido: nostalgia por lo que nunca será”.

Hay países y condiciones, estigmas, querencias, clases sociales y melancolías que son parte de uno mismo y que todo intento de huir de ellas es inútil.Es imposible escapar de tu barrio, del sitio de dónde vienes, escapar del cariño y la crueldad de tu niñez, en este caso, el desamparo de Yahvé ante el exterminio, la derrota, la soberbia, la quimera. Los creyentes explican su fe, los alemanes el nazismo y, como en éste caso, los cubanos la revolución. El entuciasmo, la decepción, la justicia igualitaria, la justicia igualitaria, Javier Sotomayor, la hambruna, Gloria Estefan en Miami, una y otra vez, y se cuestiona si realmente basta con marcharse para librarse de un lugar. Y evidentemente no. Y si hubiera alguna posibilidad, el resto del mundo está ahí para evitarlo, enjuiciarlos, pedirles que se rebelen y resistan, afearles que se harten y protesten por la escasez de alimentos, y burlarnos de su querencia por los padres revolucionarios. Y esto es precisamente lo que ocurre con el cubano Leonardo Padura, en sus libros hay una inmensa cantidad de cubanismo, lleno de ron, habana, con un sugerente título… Aquello que estaba deseando ocurrir ¿y qué será?

Llenos de escenas cotidianas y  vidas comunes, con personajes atrapados por un destino que puede más que ellos y del que es inevitable olvidarse, tratando de no naufragar más allá de lo imprescindible y debatiéndose entre el desamparo y la soledad, aceptando todas las derrotas y la imposibilidad de que las cosas cambien, los cuentos de Aquello que estaba deseando ocurrir no pueden ser mejores, nos hablan de Angola y la tristeza, de Veneccia y de esa noche en que alguen como Anselmo, vuelve a amar aunque sabe que nunca ha sabido, a fin de cuentas, historias en las que se evidencia que hay algunos que creen haber atrapado el pasado… pero que en realidad no lo han conseguido.

Y no cabe duda de que los personajes, más allá de la trama, son el punto más fuerte de ésta novela, y mi favorito por mucho, son verosímiles, complejos, que van más allá del papel y que más allá de sus contradicciones, son sumamente frágiles. Ya prevés el final, pero la prosa de Padura hace que lo acompañes hasta el final, siempre con el pellizquito de la melancolía final, evidenciado en relatos como “El Cazador”, “Adelaida y el Poeta”; “Los límites del amor”, “El destino: Milano-Venezia” y “Nochebuena con nieve”, mis favoritos entre esta inmensa diversidad de buenos textos, llenos de sustancia moral y vital que recorre sus venas.

Desde el título, Padura adelanta lo que viene, pues para armar cualquiera de sus relatos, él solo necesita que algo esté deseando ocurrir, para que luego no ocurra, o el tiempo se encargue de quebrar la promesa que ese deseo lleva implícita. Y esto no es un spoiler, o espero, pero desde su título se veía venir. Los personajes de Padura están obligados a afrontar sus propias devastaciones, que son siempre de naturaleza menor, o vuelven la mirada hacia atrás para sentirse helados durante unos instantes, mientras piensan en las ramificaciones que pudo haber tomado su vida antes de tomar una decisión, o se sienten parte de un bolero, que resuena con una particular carga de verdad en sus  corazones, que muchas de las veces, me han funcionado como un espejo perfecto.

Las balsas, la huida, las limitaciones económicas, la calidez humana vinculada a la memoria y el amor, la ideología como credo y la posibilidad de comer a diario como un privilegio, llevan a Padura, a hablar con sutileza, de lo duro que es ser cubano, transportándonos a la crudeza de su existencia.  Y dentro del volumen hay 13 relatos bien contados, que dejan la curiosidad por la relación que han mantenido los cubanos entre el pasado y su realidad.

Son relatos que resumen millones de vidas que han salido corriendo de la isla, con mucha especificidad histórica. Con esas menciones a la Haba, tierra de todos y de nadie, con sus boleros, sus búsquedas, su calor, su humedad, que casi se respira dentro del libro, con una ambientación que hace de su ciudad natal, como era de esperarse, una belleza.  Te envuelve, te absorbe y te cuenta la historia de su gente, de amistad, de amor, de sexo, de sueños, del futuro, del pasado, sin salida, con promesas sin cumplir, pero de la que no puedes evitar volver, así sea con el pensamiento, "Ya nada peor podía ocurrirle y de pronto descubrió que aquel extraño diálogo, en la más absoluta desnudez, la hacía sentirse desinhibida, libre del miedo con el que siempre había vivido. Miedo a todo: incluso a morir. "Lo terrible es que esto me pase cuando estoy muerta", pensó."

En definitiva, un libro precioso, que abraza, que me ha encantado y que deben leer. Hoy en día son muchos los que parten de Venezuela y éste es uno de esos libros que reconfortan el alma del exiliado, y del que se queda viendo como huyen sus compañeros de la revolución. Un escritor que en sus relatos, cuenta toda una vida, cargada de nostalgia y con una prosa divina. Una novela que me ha encantado y que recomiendo muchísimo, a pesar de las tantas lágrimas.

"Apenas somos un recipiente que contiene vida, pero esa vida se ha secado porque no conservamos la razón del riesgo: nos conformamos, y así vamos sobreviviendo. Siempre pensé que sobrevivir es cosa de animales: comer, dormir, procrear. Vivir era otra cosa, más creativa y, justamente, viva. Pero no hay vitalidad ni creatividad en lo que hacemos y somos."



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